Las Buenas Hierbas, Olvidar Que Se Está

El año que cierra ha sido terrible emocionalmente para mí, y con terrible me refiero a la magnitud de la carga emotiva, los acontecimientos positivos acontecidos han sido muy buenos y los malos han sido desmesuradamente malos. Todo evento deja siempre una huella para reflexionar, y las reflexiones generalmente son factores de cambio profundo si se les analiza a detalle. Además de los cambios radicales que trajo este año para mí hubo una serie de despedidas (literalmente) mortales que no sólo debí asumir, sino asimilar. Desde octubre hasta mediados de diciembre debí despedir a 7 personas que, de una forma u otra, tenían relevancia en mi vida, algunas muertes ya eran esperadas, otras fueron totalmente sorpresivas, pero todas dolorosas.

Fue esta serie de eventos que me hizo recordar una película mexicana que aborda no sólo el tema de la muerte, sino la agonía de un ser querido, su efecto en las personas que les rodean y el enfrentamiento de un hecho tan natural como doloroso. Las Buenas Hierbas es una pausada y solemne cinta que narra la historia de “Lala” (Ofelia Medina), una mujer mayor que es diagnosticada con Alzheimer en estado avanzado. Acostumbrada a llevar una vida totalmente independiente esta noticia supone para Lala un golpe bajo, una enfermedad no planeada y la humillación de ver sus últimos días dependiendo de su única hija a quien no desea crear problemas. Pero Lala es de una pieza, su fortaleza espiritual da el ánimo necesario para ser ella misma, fuente de dolor, apoyo que irradia optimismo y la fortaleza necesaria para que Dalia, su hija (Úrsula Pruneda) no se derrumbe y acepte las nuevas reglas del juego.

Sin embargo el papel de Dalia no se limita a cuidar y procurar apoyo a su madre es además, sin siquiera saberlo, servir de puente entre la vida que inicia personificada en su pequeña hija y la vida que se apaga, su madre. La directora María Novaro se aleja del drama simplón y ofrece una cinta llena delicada divida e intercalada con páginas de un recetario de medicina tradicional de herbolaria mexicana que provee de un ambiente íntimo y un cierto aire rústico y pacificador paliativo a la difícil situación que enfrentan las protagonistas.

Pareciera que no es casualidad que los personajes de la historia sean mujeres, todas de carácter fuerte y abiertamente sensibles a la realidad que viven siendo los pocos varones que intervienen en la historia un acento necesario que evita toda substracción de la vida cotidiana.

Otro contrapeso son los otros entrañables personajes que representan la cotidianidad de estas damas de acero mexicanas todos tocados por la muerte de Lala, pero que de alguna manera están presentes durante toda la trama para recordar a Dalia que más allá de la muerte de un ser querido existe el compromiso personal de continuar viviendo.

Las Buenas Hierbas pues, se construye sobre una realidad que todo ser humano debe vivir tarde o temprano en cumplimiento del orden natural de la vida, decir a adiós a las personas que amamos y observar un deber igualmente sagrado: dar consuelo y alivio a estas personas asegurándoles que en la medida de lo posible, han hecho de nosotros mismos, los que nos quedamos, una obra digna de continuar viviendo y proyectarse hacia el futuro fortaleciendo los valores que con amor y dedicación nos han heredado a través de una cinta sobria, personal y que invita a reflexionar y aceptar, que desmenuza el alma y nos lleva de la mano a una sanación espiritual que es necesario alcanzar.

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1 comentario

  • Excelente reseña primo! No cabe duda que algo que seguro tenemos en esta vida es la muerte y todos la tendremos, unos antes, otros después pero es algo de lo cual no podremos saltarnos. Recibe un abrazo!

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