Momentos Favoritos del Cine: Rosemary’s Baby

El quinto largometraje de Roman Polanski podría acaparar el calificativo de “diabólico”, y es que a diferencia de otras joyas del terror, Rosemary’s Baby guarda una peculiaridad narrativa pocas veces replicada en el celuloide, y ese es el triunfo de mal sobre el bien, un mal no fantasioso, imposible o increíble, sino como en todas las de su estirpe, uno real, palpable, cercano, “El mal” en toda su expresión.

Cuatro elementos principales resaltan dentro de esta magnífica adaptación; primero el confinamiento, y es que Polanski astutamente decide hacer de aquel edificio un protagonista siniestro, desarrollando un encierro habilidoso en cuestión narrativa gracias al movimiento de sus fichas que entran y salen del departamento de Rosemary; entre los distintos personajes, objetos clave, ruidos y la misma trágica heroína, aquellas viejas paredes parecen atraer toda la situación con un sentido y ritmo envidiables, obra del gran libreto y del posicionamiento de la luz como reflejo de la inocencia resquebrajada de nuestra pobre madre frente a aquel complot.

En segundo viene una soberbia y muy joven Mia Farrow, actriz que antes de brillar bajo la tutela de Woody Allen, entregaría bajo la orden de Polanski un desgarrador desempeño que tiene como una constante la ingenuidad. Polanski se sirve de ello, y gracias al entendimiento sobresaliente hacía con su actriz, alimenta dicha inocencia con la sombra de la duda ¿En realidad todo esto está pasando o solo se encuentra en la mente de Rosemary? A pesar de que el mal es obvio y latente por varias pistas acumuladas, Farrow se convierte literalmente en aquella madre, alimentando la angustia y el suspenso y mostrándose precisamente como una víctima espontanea, como si ella misma no supiera hacia que oscuro destino se aproxima.

En tercer lugar se encuentra el recurso del suspenso como predominante, cambiando el susto, el gore u otras trampas del género por un intenso impacto psicológico y emocional, que como buen orquestador, Roman sabe posicionar en los momentos claves hasta llegar a ese último factor del gran final.

Y llegamos a nuestro momento favorito de hoy, la fastuosa conclusión. Polanski no escatima y dota a esta secuencia de 10 minutos de toda la desfachatez maquiavélica posible. Estremecedor de principio a fin, no solo el legendario grito de Farrow hacia aquella revelada secta pone la piel helada, sino también su consecuente expresión y aceptación hacía esa criatura mal concebida; las alabanzas al mal, la oscuridad, aquel moisés negro que se cierne como altar, todo se siente escabrosamente tan cercano tan acogedor, tan normal… y Rosemary lo sabe, lo siente, lo ama, lo acepta -“¿No es su madre acaso?”-, le cuestiona el líder y formulador de todo aquel siniestro plan. Lo es, y la canción de cuna cierra con diabólica delicadeza aquel extrañamente ¿esperanzador? relato maternal ¿Confundido? No te preocupes, no eres un satánico, ni un apóstol del mal, eres solamente un amante del buen cine.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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