Momentos Favoritos del Cine: The Bourne Supremacy
Dentro de su amalgama entre acción, drama y thriller, The Bourne Supremacy se ha convertido en una de las mejores y más maduras cintas de espionaje de la historia, mejorando de manera significativa la de por si ya buena primera adaptación a cargo de Doug Liman, y de donde Paul Greengrass no solo detonó su ya promisoria carrera, sino de donde también el siguiente James Bond tuvo que asentar sus nuevas bases llevando a su agente a la misma “imperfección” que la de Jason Bourne, un agente amnésico y desmoralizado, un asesino que, mientras en la primera parte busca su memoria, en esta suprema segunda misión busca su redención.

Los elementos que consagraron a esta cinta como hasta ahora la mejor de la saga (ya se habla de una nueva secuela) son varios. El primero es la centralización de su narrativa en el dolor interno del protagonista, y de donde Matt Damon aprovecha la nulidad del diálogo para entregar una de sus mejores actuaciones, repleta de dolor físico y emocional debido a que el pasado lo sigue persiguiendo. El primer activador será la venganza por la muerte de su amada en un primer acto que detona la inclemencia de todo su tono, sin embargo conforme avance la trama, nos veremos inmiscuidos en otro de los recuerdos más oscuros de Bourne, cambiando su motif hacía la redención, el cual lo llevará a un tanto explosivo como catártico clímax en Rusia.
La inclusión de Joan Allen y Karl Urban como aliada y villano son formidables, así como también la providencial dirección de Paul Greengrass, que encuentra en la cámara en mano la materialización de la suciedad e imperfección de su personaje, una inestabilidad pefectamente montada en una de las secuencias más tensas y emocionantes que el cine de acción y espionaje nos ha brindado y que encuadra perfectamente en el cliché de las persecuciones que esta saga se encargó de darnos durante todas sus entregas.
Por último agregar el ingrediente final en la joya de composición de Jonhn Powell, que entendió a la perfección la adrenalina constante a la que está sujeta tanto la narrativa como su personaje, regalándonos en la persecución de Rusia quizá su mejor pieza un poco antes de aquella esperada redención