Moonlight: ¿Es o no es? Un Inflado pero interesante drama anti estereotipos

Decía el infante terrible Xavier Dolan en una declaración hace no mucho tiempo, que la raza, comenzando por los Festivales cinematográficos y Hollywood, debería dejar de clasificar o estereotipar a las películas “LGBT” como tal, aceptándolas como meros dramas o ficciones sin ese mote “distintivo” que pueda excluirlas de cierto sector de audiencia. Complementaba el canadiense que solo así se podría llegar a un grado mayor de aceptación y diversificación rompiendo la ignorancia sociocultural.

Pues bien, creo que la intensa e interesante  declaración del cineasta prodigio llegó coincidentemente a formalizarse y hacerse realidad en cierta forma de la mano del novato Barry Jenkins y apenas su segunda cinta Moonlight, la reciente ganadora del Globo de Oro y nominada a 8 premios Oscar, entre ellos mejor película, guion y actores de reparto.

Pero para jugar un poco con el doble sentido hay que decir que Moonlight es y no es: en efecto ES una cinta de descubrimiento sexual que se revela como una intensa historia de represión y consecuente amor homosexual, sin embargo de manera sutil el director Jenkins explora el ambiente sin trasgredir las razones (influyentes o no) en el camino de dicho descubrimiento: consumo y tráfico de drogas, problemas matriarcales, falta de figura paterna, bullying y más drogas, temas que Jenkins usa para justificar el pasaje de manera natural y con los cuales (al parecer) las dos vertientes de la audiencia que pudieron haberse sentido conflictuadas (comunidad gay y afroamericana) estuvieron de acuerdo en aceptar (¿Será una consciente aceptación de dicha realidad o un silencio por conseguir inclusión en los premios americanos? Uno ya nunca sabe de dónde masca la moral)

Una cinta complicada sin lugar a dudas no por su desarrollo o complejidad (De hecho es todo lo contrario, la habilidad narrativa de Jenkins hace de Moonlight un cuento pasadero y muy disfrutable), sino por ese discurso racial que solo sirve de desgarrador telón para la evolución de un personaje que se muestra al descubierto, cobijado por el lente y la ficción de la trama, pero tan indefenso que pareciera por momentos estar viéndose un documental.

Aciertos antes que errores, y es que Moonlight tiene algunos de los dos. El primera y más importante a destacar es la decisión dentro del planteamiento de su historia: un excelente guion (Váyanle poniendo Oscar)  con 3 actos con arcos narrativos distintos unidos solamente bajo un solo elemento: Chiron, nuestro negro gay. Si bien los 3 actos deben de tomar seguimiento en cuanto a algunos elementos del antecesor, Jenkins puede construir 3 capítulos diferentes sin necesidad de acudir al pasado; deja el recurso “flashback” o el reciclado argumental (Algo en lo que Boyhood abusó, una trama similar pero menos compleja) y se concentra solamente en el momento de la vida del Chiron en cuestión: infancia – adolescencia – madurez sin olvidar que, pese a los factores exteriores antes mencionados, el motif de la película sigue siendo el mismo: descubrimiento sexual.

Otro gran acierto en el drama de Jenkins es que Moonlight no presenta escenas que pudieran hacer sentir incomodos a cierto y/o intolerante sectores. Para el director el acto no es lo importante, sino como se llegará a este entre tantas barreras. Centrado en la naturalidad de las interpretaciones y diálogos en una fotografía y técnica visual que intima con los jugadores entre planos cerrados y secuencia (Ojo con el primero, es magnífico), el cineasta propone y revela que Moonlight es una cinta meramente emocional.

Para mencionar como otro valor (que nos llevará a uno de sus desaciertos), el casting de Chiron es soberbio. No solo fructífero en uno de los mejores carteles del 2016, sino que los rasgos físicos y emocionales parecen haber sido minuciosamente cuidados en los 3 actores responsables de cada capítulo: Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes, tercia de novatos que dejan ver sobrevalorados incluso a los dos nominados al Oscar: Mahershala Ali y Naomie Harris, el primero con un correcto desempeño en un papel de relevancia narrativa pero sin algo destacable o “galardonable”; la segunda siendo una calamidad sobreactuada, una de los cuestionamientos más grandes dentro de la selección de competencia para estos Premios Oscar que seguramente solo responde al tema de inclusión “negra” (Hasta la cantante Janelle Monaé lo hace mejor).

Si bien su título dentro de la narrativa se torna frágil y sin la fuerza necesaria para ser un mástil cinematográfico memorable del cine afroamericano (No debió haber ganado el Globo de Oro frente a la muy superior Manchester By the Sea), Moonlight es un correcto drama que encarna las declaratorias de Dolan: acerca a todos los sectores a una trama que bien pudo haber sido tildada de tabú, pero que con gran promoción y extra de sutileza, se convirtió en una interesante propuesta digna de ciertas nominaciones y premios

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


3 comentarios

  • Janelle Morae lo hizo mejor?.. me ire preparando que fue la que menos me dejo contento de la triada de Talentos Ocultos… (aunque debo confesar que Jim Parsons jamas dejara de ser Sheldon y debe lamentarlo en esa cinta)

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    • Si es lo mas debil en Hidden Figures junto con todos los que no mueven la cara (Dunst, Costner, Parsons) pero al menos en Moonlight me parece mesurada y beuna en su papel, en comparación de la sobreactuada de Harris

      Saludos estimado gracias por comentar

      Responder

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