Mundial Cinescopia: Grupo G
En apariencia este es un grupo más calmado, pero detrás de la fachada hay una batalla a punto de despegarse con 4 candidatas fuertes, curiosamente 3 de ellas ancladas a la corriente feminista. Por un lado, Bélgica les da descanso a los hermanos Dardenne y se deja comandar por su otra directora importante: Chantal Akerman, por el otro, Nueva Zelanda manda a la figura de Jane Campion a competencia. Mientras tanto, Irán continúa con su cinematografía trasgresora con una de sus películas más recientes, y Egipto sobresale con la única diferente del caso: una comedia donde la figura paternal es el enfoque principal.
Recuerden que tienen 3 días para votar por su película favorita del grupo. Las dos películas con mayor cantidad de votos pasan a la ronda de dieciseisavos de final, mientras que el tercer lugar deberá esperar los resultados de otros grupos para saber si continúa en juego.
BÉLGICA – Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (Akerman, 1975)
POR URIEL SALVADOR
Más allá de la controversia causada por ser nombrada “la mejor película de la historia” (algo exagerado y que sólo la hará más divisiva de lo que ya es), retrata las consecuencias del silencio y el aislamiento por períodos prolongados. Chantal Akerman limita el diálogo y usa tomas largas para plasmar por 3 horas el entumecimiento mental causado por la cotidianidad, logrando que uno sienta lo mismo que estas personas encerradas en un círculo vicioso donde la muerte es quizás el único camino de escape. Una experiencia más común de lo que podría pensarse porque esa vida de autómata es el mundo entero para muchos, aclara que si le dices a alguien lo que sientes, es probable que lo entienda.
EGIPTO – Kit Kat (Daoud Abdel Sayed, 1991)
POR URIEL SALVADOR
La historia de un hombre ciego que se rehúsa a aceptar su discapacidad tiene más capas de las que aparenta. Gran parte de por qué funciona es por la memorable actuación de Mahmoud Abdel Aziz como un hombre amable y bonachón que, aunque está atravesando por una crisis emocional, siempre busca la manera de sentirse vivo en compañía de su familia y amigos. Daould Abdel Sayed hace una representación realista de la vida en un barrio de clase baja de El Cairo a inicios del siglo XX, donde choca el conformismo local con la ilusión de salir del país a buscar una vida mejor. Con un tono y atmósfera más similares a una telenovela turca, obtiene un balance entre filosofía estética y humor físico.
IRÁN – The Seed of The Sacred Fig (Mohammad Rasoulof, 2024) – Iran
Por el Cine Actuario
La inteligencia de su director es la base de esta cinta dado las limitaciones de producción por el contexto socio-político. La historia se traslada al núcleo familiar interpolando las problemáticas sociales que vive este país (especialmente las referentes al machismo imperante), de ahí construye un retrato crudo de como la manipulación y la paranoia en un sistema totalitario pueden terminar de destruir los vínculos afectivos de un individuo, incluso los más cercanos. Su fotografía tiene un balance en iluminación al igual que su tono navegando entre el drama y el thriller. Una excelente demostración del cine iraní, pero sobre todo del séptimo arte como medio de manifestación.
NUEVA ZELANDA – The Piano (Campion, 1993)
POR EL FETT
Hay algo en El Piano de Jane Campion que la convierte en una película incomparable, y eso es el contraste que logra a partir de lo exquisitamente visual que es, a la par de la intensa violencia que narrativamente sugiere, forjando un cuadro románico erótico, trágico e inexplicable, nacido del chantaje y del abuso, y que poco a poco se va trastornando en placer, sumisión, obediencia y por supuesto… obsesión. El amor queda tan varado como el piano en una primera instancia, mera excusa para desarrollar un trío romántico con una sola y real víctima, la inocencia (metáfora también del amor), encarnada en una Anna Paquin tan adorable como inmersa en su papel, quizá regalando la mejor actuación que una niña haya logrado en la historia.