Mundial Cinescopia: Grupo K

En fútbol éste es un grupo interesante abierto a las posibilidades, pero en cine podríamos estar ante el peor grupo de este mundial. En gran parte por el desconocimiento general de 3 países cuya cinematografía pasa desapercibida para la mayoría, dejando todo despejado y en bandeja de plata para que Colombia y su mayor revelación de los últimos tiempos se quede con el liderato. De modo que Portugal (influenciada por el neorrealismo italiano), la República Democrática del Congo (con una anomalía para el continente) y Uzbekistán (con su legado del cine soviético) deberán luchar en una encarnizada batalla a muerte con el segundo lugar del grupo.

Recuerden que tienen 3 días para votar por su película favorita del grupo. Las dos películas con mayor cantidad de votos pasan a la ronda de dieciseisavos de final, mientras que el tercer lugar deberá esperar los resultados de otros grupos para saber si continúa en juego.

 

PORTUGAL – Aniki-Bóbó (Manoel de Oliveira, 1942)

Por el Cine Actuario

Inspirada por el realismo poético francés, el triángulo amoroso de tres niños de un barrio portugués es utilizado como excusa para que Manoel de Oliveira plasme una especie de neorrealismo en mezcla con un coming of age muy inocente. A pesar de ser predecible y con leves de huecos, la combinación plasma lugares tan familiares como una historia sobre el abandono de las infancias y de los desfavorecidos, temas que aún son vigentes en el mundo actual. Casi podría considerarse con mediometraje con sus 70 minutos de duración, pero lo que si es oficial es que esta considerada una de las mejores películas portuguesas de todos los tiempos

 

R.D. Congo – La Vie est Belle (Mwezé Ngangura y Benoît Lamy, 1987)

POR URIEL SALVADOR

Una completa anomalía dentro del cine africano, pues a diferencia de muchas películas del continente, el dúo de Mwezé Ngangura y Benoît Lamy celebra la cultura congoleña, la música y la tradición de los habitantes de Kinshasa. Lo mejor es que no lo hace mediante el estilo neorrealista tan conocido que abunda en el continente, sino con una alegría desbordada que festeja la vida, pero sin olvidar el conflicto relacionado al amor y los sueños, dándole a la historia un toque muy parecido a un musical (no en el sentido tradicional). Tiene sus clichés y conveniencias argumentales, pero se las ingenia con mucha variedad humor físico, ironía y un interesante reflejo de cómo era la vida en esa época.

 

UZBEKISTAN – Hot Bread (Umid Khamdamov, 2018)

POR URIEL SALVADOR

Zulfiya es una joven malcriada que se muda de un internado a vivir con su abuela en un pueblo rural, y mientras la presiona a ser más tradicional, ella quiere ser más moderna. Este choque de perspectivas no innova ni propone nada nuevo, pero el escenario inusual que muestra Umid Khamdamov le añade interés, centrándose sobre todo en la vida escolar y las relaciones familiares, y por más entendible que sea la falta de libertad y control, la transición entre resignación y aceptación es sutil. Una vez que se establece el vínculo maternal, la adolescente puede reintegrarse a la vida con optimismo y aceptación.

 

COLOMBIA – Un Poeta (Simón Mesa Soto, 2025) 

Por el Cine Actuario

La ópera prima de Simon Mesa Soto es un poema cinematográfico extraordinariamente estructurado que deconstruye los subgéneros de películas de educación al asociar la docencia con la paternidad, con un protagonista con un sinfín de defectos, pero al que se le impregna un toque de humanidad y que logra un efecto entrañable. No deja de lado la comedia, siendo una crítica dura a los círculos de élite del arte y que encierra mensajes sencillos pero trascendentales. De Colombia para el mundo, disfruten Un Poeta, un rico café que nos hace recordar que, para encontrar la magia de una buena película, se puede mirar al sur del continente.

 

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