Perro Callejero: Verdades que muerden

Hace unas semanas querido lector, escuché en un programa de radio a una conocida locutora entrevistar a Gael García Bernal a propósito del estreno de su película Chicuarotes descrita por él mismo como una fábula “anfibia”, una cinta muy “orgánica”; la verdad yo no sé ustedes, pero ese tipo de explicaciones rebuscadas  que ya le conocemos al actor y director no son más que parte de su pose esnob, al grado de que al ser cuestionado acerca de a qué se refería con “anfibia” respondió “ni yo sé, pero como que te deja en suspenso”.

Lo interesante es ver lo influyente que puede llegar a ser un actor, una vez que alcanza grados de fama que, quizá otros mejores o peores no lograrán ni en sueños. García Bernal presenta una película en el Festival de Cannes y ésta automáticamente se convierte en una obra de arte para algunos medios mexicanos, quienes subiéndose al tren del esnobismo, retoman el discurso del otrora charolastra y hablan de Chicuarotes como si se tratara de algo fuera de lo común, como si en la cinematografía nacional no hubiera un sinfín de títulos sobre personajes marginados. Lo peor es que además nos avientan un chorazo salpicado de cuánta verborrea pseudo-filosófica se les ocurra al grado de que terminan poniendo a la película al nivel de Los olvidados de Luis Buñuel. Hablo de esos críticos, no de Gael.

Dicho lo anterior – que también fue un chorazo- he caído en la cuenta de que quienes han  abordado Chicuarotes en internet la comparan con Amores Perros de Alejandro González iñarritu, justo el episodio protagonizado por Gael García Bernal, con De la Calle de Gerardo Tort, con Ciudades Oscuras de Fernando Sariñana y otras más, no obstante, nadie y los invito a checarlo, parece recordar la película Perro callejero de Gilberto Gazcón.

Perro callejero carga con el estigma de ser una producción ochentera destinada a exhibirse en las desaparecidas salas de cine para la clase baja (conocida también como “el populacho”). Como sabemos, lo popular en estos casos es un sinónimo de mal gusto y calidad chafa, fama ganada casi a pulso gracias sobre todo al cine de ficheras. Tan sólo la mención del protagonista de Perro Callejero ya provoca escozor en los prejuiciosos ¿Valentín Trujillo? ¿El que sale en puras películas para nacos? ¿El Rambo mexicano? y para colmo acompañado de las encueratrices Lyn May y Ana Luisa Peluffo ¡Paso sin ver! Sin embargo, la elección de ese elenco propicia que el asunto se torne más verosímil que cualquiera de las producciones antes mencionadas.

 Perro Callejero con guion de Gilberto Gazcón y Ramón Obón basado en un estudio sociológico realizado a fines de los años setenta, tiene como contexto la Ciudad de México, pero no la parte turística que presume Videocine, no aparecen las calles bonitas de la Condesa donde puedes salir a echar novio por las noches con Martita Higareda, sino la ciudad donde millones de personas transitan a diario, ora chambeándole duro, ora robando al prójimo. El México violento donde se puede matar como si nada a un hombre enfrente de su hijo pequeñito, quien a partir de ese momento tendrá que ingeniárselas para sobrevivir en las calles, imitando el modus vivendi de otros individuos socialmente marginados. El niño sin nombre después de ser maltratado pronto aprenderá que en esa pinche vida, madrugas o te madrugan, no hay más.

Llevado a un tutelar de menores tras ser capturado en un robo, el niño ignora quiénes son sus padres y cuándo nació, solo sabe que es analfabeta y lo apodan Perro. Enviado a una casa hogar para varones donde se supone será rehabilitado se topa con otra ley de ese microcosmos carcelario “al que no se alinea se lo lleva el carajo”. Alinearse más allá de guardar un buen comportamiento, significa permitir ser humillado por los mayores y de igual forma soportar las vejaciones de la autoridad, factores que influyen en su desarrollo y reafirman su condición de inadaptado social.

Ya en libertad, Perro es golpeado y recogido por una mujer practicante del oficio más antiguo del mundo quien lo inicia en las artes amatorias. No conforme con recibir los favores de la piadosa doña (Ana Luisa Peluffo), también se beneficia de la Chiquis (Blanca Guerra) muchachona de la colonia que no le hace el feo a cambio de que consiga droga. Perro apenas comienza a disfrutar una leve felicidad cuando en plena orgi-fiesta en cuartucho de quinta, acompañado de la profesionista de la soledad y otros compinches es apresado y llevado a la correccional por consumo de sustancias ilegales.

Perro desciende otra vez a los infiernos de un sistema de justicia que no reforma al individuo pero lo coloca en situaciones de riesgo tales como el abuso sexual, mismo que desencadena más violencia cuando el ofendido opone resistencia y ataca con todo el resentimiento a sus agresores.

En medio de los infortunios aparece el padre Maromas (Eric Del Castillo), sacerdote de amplio criterio inspirado en la figura del padre Chinchachoma, religioso barcelonés miembro de los padres Escolapios quien tuvo a su cuidado a muchos niños provenientes de reformatorios a los que con sus propios métodos intentó encaminar por la senda del bien. La relación fraterna entre el padre Maromas y Perro se caracteriza por una serie de diálogos que alternan entre el comentario ético-religioso del primero y la respuesta trágico-cómica del segundo (“Dios nos ama”/ “Pues a ti chance y sí, porque tienes influencias”).

En el mundo de Perro las prostitutas están por doquier, son almas buenas a decir del padre Maromas. Efectivamente, las únicas relaciones amorosas en su desdichada existencia son las que mantiene con las damas del talón, quienes generosas no solo le ofrecen sus servicios de a gratis sino que además le dan dinero a cambio de ser “su hombre” como cita la curvilínea Lyn May, quien debo decir está que ni mandada a hacer para el papel. Otro hecho evidente es la preferencia que tiene Perro por las mujeres mayores en las que busca refugio consecuencia de la ausencia materna.

En Perro callejero si bien se retrata a un personaje de comportamientos delictivos, no se percibe en éste maldad, Perro no es un violador, no es un asesino, inclusive vive momentos de duda antes de cometer un robo; recurre a la violencia cuando ya es inevitable y es fiel a sus convicciones por cuestionables que éstas sean. Digamos que Perro no es un individuo malévolo sino maleado como consecuencia de las propias circunstancias sociales, económicas y familiares, y los ambientes hostiles enfrentados en su corta vida, me atrevo a decir que por momentos provoca sentimientos de pena y/o simpatía.

Por el otro lado, tenemos al padre Maromas quien insiste en ayudar a la oveja descarriada poniendo en riesgo su propia integridad, lo que me hace preguntarme qué tanto debe meter uno las manos al fuego por alguien que parece destinado a la perdición. Sí en verdad el padre Chinchachoma era como lo plasman aquí, merece ser canonizado nada más por tener tanto aguante.

Perro callejero no es una película redonda, la dirección tampoco es sobresaliente pero ofrece una cuota de realismo que por poco traspasa la línea que divide el cine de ficción y el documental, es decir, es una cinta verosímil porque ubica la acción en locaciones reales, muestra extras que no son otra cosa que gente común realizando su rutina diaria, los diálogos son creíbles por la fluidez y naturalidad con que se expresan los personajes recurriendo en ocasiones al albur como parte del lenguaje cotidiano (“Traje tortas de huevo con chorizo, agarren su refresco”). Con decirles queridos lectores que tanto el fallecido Valentín Trujillo como Eric Del Castillo, ofrecen la que sin duda, fue la mejor interpretación de sus irregulares carreras siendo nominados al premio Ariel como Mejor actor y Mejor coactuación masculina respectivamente.

Ahora que si para verla necesitan que me ponga en plan hipster esnob, permítanme ponerme los anteojos de pasta y decirles que merece un visionado superlativo por ser una tragedia homérica con una retórica y una narrativa de alcances rubicundos.

Ni yo sé lo que significa eso, pero ya los dejé en suspenso.

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Acerca del autor

Flaco Cachubi     blogcinefantastico.blogspot.mx/

Amante del séptimo arte desde que tiene memoria o lo que es lo mismo desde que vio Superman. Sus géneros favoritos son el horror, la fantasía y la ciencia ficción. Ferviente admirador de Hitchcock y asiduo lector de Stephen King. El cine de luchadores, su máximo placer culposo. Se describe a sí mismo como un ser viviente que cultiva su mente, para ser un cadáver muy culto.


7 comentarios

  • Habrá que revisitar esta joya de tragedia homérica con una retórica y una narrativa de alcances rubicundos ?

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  • ¿Qué es rubicundo?
    Me gustó mucho tu reseña.

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  • Alberto González A. julio 21, 2019 @ 11:58 am

    Muy buen artículo.
    Te invito a leer el libro ” La porción Olvidada de la niñez Mexicana” escrita por Alejandro García Durán (Padre Chinchachoma). Ya con la mención tan acertada que has realizado del Buen Chinchachoma, la canonización pasa a segundo plano. Gracias.

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  • En esa epoca hubo varias peliculas que de pronto se le atraviesan a uno en la programacion de los canales de peliculas mexicanas que pueden ser gratas sorpresas en medio de la mediocre lista de cintas que habia en ese entonces, yo recuerdo una donde unas pandillas se enfrentan epicamente en la calle, unos terminan muertos, otros gravemente heridos, otros detenidos por la policia, el villano baleado por Valentin Trujillo (como el padre de una hija violada en una escuela de ballet) y los protagonistas muriendo por una explosion de gas en las alcantarillas (y no precisamente en Guadalajara), nomas nunca ubique el titulo… todas eran tan parecidas.

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