Roger Waters The Wall: Poética exposición musical, pobre exposición narrativa

Se podría decir que mucha de mi educación y evolución cultural se debe gracias al conocimiento adquirido de parte del concepto y arte creado por Roger Waters y el legado de Pink Floyd. Dicha evolución partiría desde muy joven con los acordes de su pieza más comercial The Wall pasando rápidamente a la apreciación fílmica de la obra dirigida por Alan Parker, la cual al igual que a muchos, causó un impacto visual y auditivo en mi a muy temprana edad el cual fue incrementando intima, compleja, emocional y psicológicamente conforme el paso del tiempo.

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Adicto al domino desde mi juventud, vendrían noches en el departamento del Dr. Alex Waters ambientadas y envueltas de los aromas y sensaciones auditivas de álbumes como Atom Heart Mother, The Dark Side of the Moon y/o Animals, incluso haciendo a “Dogs” una especie de himno para practicar nuestro deporte mental preferido. Mi crecimiento musical se expandiría en dichas noches con la psicodelia de las primeros tonos provistos por el genio loco Syd Barrett y finalmente, confirmando, reverenciando y aceptando a Roger Waters como el amo y señor creativo y piedra angular de este movimiento de culto audio – visual y revolucionario llamado Pink Floyd, siendo este el genio detrás de la magia, el hacedor de dicho impacto y el verdadero heredero de la gloria musical con sus álbumes póstumos a la desintegración de la agrupación

Afortunadamente he tenido la dicha de ver a Roger Waters en vivo un par de ocasiones. Llamarlo un simple “concierto” o un “show” sería una ofensa, así que solo me puedo referir a esos dos momentos como experiencias indescriptibles que te someten y obligan a que todos sus sentidos se comulguen con la proyección artística visual y auditiva que Waters brinda en cada una de sus presentaciones. La primera vez fue en el estadio 3 de Marzo en Zapopan, Jalisco, México en la presentación completa de The Dark Side of the Moon junto a piezas de Animals, Amused to Death, The Wall y la exposición completa de las sinfonías Shine on you Crazy Diamond y Perfect Sense; la segunda, la puesta en escena de The Wall en la capital de México. Creo que sobra decir que lo experimentado por su servidor en esta última fue sin exagerar, uno de los momentos de mayor regocijo en mi hasta ahora joven vida; presenciar aquello se torna en ciertos momentos inimaginable e inalcanzable para la simple ojo y percepción humana tanto conceptual como emocionalmente hablando, una obra audio visual que quizá podemos referirla como la máxima joya artística en cuanto a presentaciones musicales se refiere en la historia, una sinfonía, una obra, una narrativa en donde convergen todas las emociones y en donde el éxtasis de su apreciación artística puede alcanzar la alegría, la melancolía, la lágrima, la tensión, el recuerdo y la esperanza durante aproximadamente las dos horas de su duración.

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El tiempo no pasa con The Wall, solo es un momento en el que Waters nos regala el significado de “arte” en su máxima expresión y en donde ahora, en un semi documental, vuelve a darle al mundo la oportunidad de ver su historia y el origen del que tal vez sea el álbum musical con más trasfondo y contexto personal y artístico de la historia ¡Gracias Waters!

Analicemos entonces en términos de lenguaje cinematográfico ¿Qué es Roger Waters: The Wall? ¿Es lo que todos esperábamos? ¿Funciona como una pieza cinematográfica? ¿Cuál habrá sido el objetivo de Waters con esta distribución internacional? Hablemos…

 

No es un concierto, es “El Concierto”.

Así es, Roger Waters: The Wall es en sí la grabación en la más alta definición del concierto y gira “The Wall” que Roger Waters llevó a cabo durante y hace algunos años. Esto puede representar algunos problemas para aquellos que esperábamos alguna especie de “Making Off”, alguna especie de historia o contexto narrativo sobre su producción y los posibles conflictos, experiencias y/o resoluciones sobre esta puesta en escena y gira que en su momento se rumoró que el mismo Martin Scorsese dirigiría. El problema referido es simple, y es que para los que ya presenciamos en vivo esta experiencia esto se siente más a una decepción independientemente de revivir gratamente todos y cada uno de aquellos momentos y todos sus detalles captados por las cámaras de Sean Evans y la misma supervisión de Roger Waters.

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Sin embargo para aquellos que no han tenido la dicha de hacerlo, esta parte se torna mágica, poética, apoteósica, casi equiparable a su experiencia presencial, repito… casi. El manejo de la fotografía y la captación minuciosa de cada segundo del concierto incluyen la expresión casi actoral del acto y del mismo Waters y sus músicos; así mismo, las pocas pero sustanciales arrebatos emocionales expuestos en pantalla por parte de su audiencia se convierten en ejemplos únicos del éxtasis creado por dicho glorioso espectáculo

Aquí no hay ningún arrepentimiento, sin embargo…

 

No es documental, tampoco una ficción, sino…

El cariño por la obra de Waters en ocasiones me ciega (Debo aceptarlo), pero no lo suficiente para haberme cuestionado en varios momentos de esta experiencia “Fílmica”, -“¿Qué mierda es esto?”-.

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Roger Waters: The Wall es en sí una especie de justificación o explicación sobre qué es y que significa The Wall. Waters recorre así desde la tumba de su padre y abuelo en Francia hasta el monumento que conmemora la muerte del primero en Anzio, Italia. Podríamos decir que estamos ante una especie de expiación por parte del artista el cual es acompañado por familia, amigos cercanos y hasta fantasmas (¿Fantasmas?) Dichas escenas se intercalan conforme va avanzando el concierto The Wall, sin embargo, como si fuera una voz off redundante, parece que Waters explica sobre lo ya explicado, habla y conversa sobre lo ya conversado, en conclusión, parece en muchos momentos intentar narrar una historia que ya está más que narrada en la progresión de su acto.

Para los que no conocen un carajo de Roger Waters, The Wall o Pink Floyd esto podría ser un poquito revelador, la historia de cómo el artista construyó su pared a partir de los traumas infantiles causados por la ausencia de la figura paterna y su posterior muerte en la guerra, así como también por la sobreprotección de una madre y la consecuente rebeldía, escape y excesos juveniles ¡Bien en teoría! ¿Pero en ejecución? Desgraciadamente el director de cine Roger Waters se muestra un poco torpe al menos en su contexto narrativo; la redundancia se ve aderezada con un relato que no se decide si ser un acompañamiento documental de un viaje de expiación o una ficción de lo mismo, incluso tornándose en una exposición muchas veces sobreactuada y forzada.

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Por otra parte hay algo que destacar en esta sección, y es que la dirección de Evans y Waters denotan una excelencia visual que no sorprende gracias al currículo y experiencia del segundo, pero que si resalta gratamente debido a una exposición simétrica obsesiva en cada plano y encuadre, estos en su mayoría, de panorámicos y generales a medios y primeros planos para lograr la delimitación adecuada del personaje principal y el entorno y conflicto que está viviendo: la aceptación. En ciertos momentos (Sobre todo al final del relato), es imposible no pensar en Stanley Kubrick y en la relación amor – odio que tuvieron en su momentos estos dos grandes maestros.

 

¿Hay que verla?

Por supuesto, no solo verla sino también coleccionarla. Roger Waters: The Wall a pesar de su empobrecida exposición documental – narrativa, se convierte en una pieza única gracias a la captación de la obra musical. Tener en tu videoteca tanto esta como The Wall de Alan Parker y Roger Waters se convierte en algo indispensable si eres un fanático de toda la cultura Pink Floyd.

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Por último cabe  destacar dos momentos: el primero, el prólogo provisto por nada más y nada menos que Liam Neeson y su relato personal acerca de cómo conoció y que significa para él The Wall; el segundo, la escena post créditos donde a parecer es la verdadera exposición documental, en donde Roger Wates y Nick Mason conversan en la mesa de un restaurante mientras contestan preguntas random de algunos de sus seguidores. Solo esperemos que este último momento venga extendido en la versión en video

¡Larga vida a The Wall!

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


2 comentarios

  • Yo no pude alcanzar a ver la cinta… se acabaron los boletos rapidisimo aqui en Guadalajara, pero si constato que a veces el egocentrismo de Waters puede poner en riesgo la mejor obra que hizo (de hecho, The Final Cut, tecnicamente el ultimo album que tuvo a la formacion clasica de Pink Floyd, es el album que mas odio de ellos por ese mismo egocentrismo) y creo que la pelicula no debe decepcionarme, aunque seguro voy a querer brincarme los tracks donde Waters hace su busqueda interna… y si, yo tambien vi los dos conciertos que Waters trajo aqui… y sigo esperando a que vuelva Gilmour algun dia a estas tierras..

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    • Un choque de egos lo que al final destruyo la agrpación mas grande ne la historia, concuerdo con The Final Cut así como también el disco que siguio sin Waters, los dos de muy baja calidad

      Ojala y Gilmour venga a desquitar la otra parte de Pink Floyd estimado
      No no decepciona, pero tampoco es para tanto el documental, es en si el concierto de The Wall pero con algunas ficciones muy mal actuadas de Waters

      Saludos estimado

      Responder

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