The Devil And Father Amorth:  El Verdadero Cazador De Demonios

El miedo es la emoción humana primordial. Fue sin duda el motor para la evolución: el miedo a lo desconocido nos llevó a crear mecanismos de defensa que resultaron en progreso tecnológico. Por miedo a la oscuridad se utilizó inicialmente el fuego. Por miedo a la muerte nació la medicina. Por miedo a la soledad surgieron las sociedades.

Pero ha sido, paradójicamente, también el miedo el origen de los mitos y, viéndolo estrictamente, de las religiones. Explicar los hechos desafortunados y las malas acciones a través de entidades superiores, dioses malignos, demonios, etcétera, es una práctica tan antigua como la humanidad misma y en estos tiempos tecnificados y ciertamente cínicos no parece perder vigencia.  Sean las “malas vibras”, las “energías negativas” o el Diablo, aquél ser multiforme y ubicuo, el temor a un ente o poder maligno acechando está presente en la mente colectiva.

No es de extrañar que El Exorcista (William Friedkin, con guion de William Peter Blatty, 1973), sea piedra angular del género de terror. Objeto de estudio y reinterpretación, destaca por abordar el horror sobrenatural desde la raíz. El enemigo no es un espíritu chocarrero menor, un humano muerto buscando vengarse o un ser más allá del espacio, sino el origen del mal en sí mismo, el Demonio.

La cinta está basada a su vez en la novela homónima de Blatty. Esta narración del exorcismo de la dulce Reagan McNeil (Linda Blair) marcó no solo al género de terror o al cine en su conjunto, sino a los propios involucrados en la saga.  Su director, un no creyente, no pudo desprenderse del todo de esta historia y ello derivó en el documental The Devil And Father Amorth (2017), que muestra un exorcismo real llevado a cabo por el mencionado sacerdote, el más connotado demonólogo del Vaticano.

Ante la reciente incorporación de este documental a Netflix y el próximo estreno de La Monja, nuevo episodio de la gustada saga El Conjuro, no podíamos perdernos la oportunidad de observar en acción a un verdadero exorcista antes de conocer la historia del demonio que décadas más tarde enfrentaría el matrimonio Warren.

¿De qué va?

Siendo un director de método, William Friedkin no solamente se abocó a dirigir un filme basado en la novela de William Peter Blatty sino que también se sumergió en una profunda investigación sobre exorcismos. Sus indagatorias lo pusieron en contacto con Gabriele Amorth (1925-2016), sacerdote italiano y máximo exorcista del Vaticano, quien llevó a cabo, se dice, 160,000 exorcismos a lo largo de su ministerio.

Tras largas negociaciones, Friedkin logró que el padre Amorth le permitiese filmar un exorcismo real.  En este caso, el rito es suministrado a una arquitecto italiana incapacitada para ejercer su profesión ante síntomas neuropsiquiátricos atribuidos a una posesión demoniaca, debidamente estudiados previamente por médicos y habiéndose descartado una enfermedad física real.

La grabación del rito del exorcismo alterna con entrevistas que el propio Friedkin realizó a médicos expertos en neurociencias, quienes dan su punto de vista ante el material mostrado por el director.  Igualmente se presentan entrevistas con el muy mediático Obispo de Los Ángeles Robert Barron (1959) y con el escritor Jeffrey Burton Russell (1934), autor de numerosas obras sobre religión y demonología.

 

Una mirada al interior del exorcismo

El Exorcista, El Conjuro y demás cintas al respecto de posesiones demoniacas son, ante todo, productos dirigidos al entretenimiento y en consecuencia el rito del exorcismo es presentado de forma exagerada, espectacular, con miras a impactar y divertir.

Por lo tanto, quienes imaginan que el poseído es capaz de trepar paredes cual araña, que su cabeza gire 180 grados y haga levitar objetos mientras es increpado por sacerdotes de aspecto más macabro que el de la propia víctima se sorprenderán al ver que rito es mucho menos íntimo y solemne de lo que el cine nos ha hecho creer.

Igualmente, resultará extraño enterarse de que el poseído no está confinado a una inmunda habitación en alguna casa embrujada o en el sótano secreto de un siniestro templo, sino que manifiesta sus “síntomas” de forma intermitente y lleva una vida relativamente normal entre episodios.  Además, el exorcismo funciona como un tratamiento médico o una terapia psicológica: se requieren numerosos ritos para “curar” a la víctima.

Pero eso no obsta para que el material presentado no sea inquietante. Si bien la joven italiana no levita, vomita sopa de chícharo ni adquiere fuerza sobrehumana, su conducta durante el ritual causa genuino temor y resulta en muchos aspectos inexplicable, toda vez que obviamente no hay efectos especiales en el lugar. Friedkin solo llevaba una cámara de mano.

 

El Padre Amorth

Resulta también una sorpresa la conducta del querido cura, recientemente fallecido.  Habiendo sido famoso en el mundo secular por sus polémicas declaraciones acerca de la naturaleza “satánica” de una actividad tan popular y saludable como el yoga o de la gustada saga literaria y cinematográfica Harry Potter, cuesta trabajo creer al principio que el padre Amorth no era un Tomás de Torquemada reencarnado o una imitación del terrible Claude Frollo de El Jorobado de Notre Dame, sino un viejecito dicharachero que no tiene empacho en sacar la lengua al supuesto demonio que enfrenta, que ríe durante los recesos del ritual y que alguna vez declaró estar ansioso por llegar al Más Allá para sorrajar un bastonazo al Diablo.  Sin lugar a dudas una grata sorpresa para los creyentes y entusiastas del tema.

Pero no exento de espectáculo

Aunque se trata de un documental, no podría prescindir de elementos de entretenimiento.  La música en ciertos momentos resulta sobrecogedora, la edición de eventos fuera del rito presenciado nos remite a un buen filme de terror y la narrativa de los involucrados sirve para recordarnos que el documental es obra de un director experto y no una serie de History Channel sobre subastas.

Lamentablemente la parte que pudo ser más escalofriante del documental solamente es narrada, pues Friedkin no llevaba consigo su cámara.  Aunque resulta genuinamente estremecedora, se cae en la nunca confiable salida de “mi palabra contra la de otros”, lo que resta credibilidad a los hechos presentados. No obstante, el propio director afirma haber temido por su vida en ese instante, una declaración que no es poca cosa.

¿Hay que verlo?

Un documento bien hecho, que ofrece un justo balance entre los hechos objetivos que busca presentar y el entretenimiento.  Para todo entusiasta del género de terror sobrenatural ha de ser lectura (o bueno, vista) obligada para comprender y analizar las cintas que aborden el tema de posesiones demoniacas.

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Acerca del autor

Dr. Dark    

Médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es.


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