The Devil Wears Prada 2: El último grito de la nostalgia

The Devil Wears Prada se convirtió en un clásico de la cultura pop casi que instantáneo desde que vio la luz en 2006. Sus carismáticos personajes, sus distintivos diálogos dignos de ser repetidos y su graciosa sátira hacia el mundo de la moda siguen siendo tema de conversación y referencia 20 años después. Aunque dicha cinta tuvo un cierre (tal cual tomado de la novela en la que está basada), Hollywood no podía perder la oportunidad de aprovecharse de todas aquellas almas que buscan que sus historias favoritas tengan una segunda parte.
Tal cual como en la vida real, The Devil Wears Prada 2 sucede 20 años después que su antecesora. En esta ocasión, Andy Sachs regresa a Runway después de quedarse sin trabajo y busca una revancha laboral mientras intenta ganar el respeto de Miranda Priestly, quien se enfrenta a un problema mediático que pone en riesgo su carrera.

En The Devil Wears Prada 2 las protagonistas son más maduras y conservan la esencia que recordamos, contando con una evolución en la que parecen ser “tal como las hubiéramos imaginado”. La cinta cuenta con un formato muy similar a la primera, aunque esta vez predomina mucho más el drama y la comedia parece mucho menos efectiva, pues los chistes buscan ser modernos pero pasan a ser sosos. Sin embargo, ya no se siente fresco ni novedoso como lo pudo ser en 2006, haciendo que la trama parezca alargada por momentos, incluyendo su conflicto principal.
Siendo honestos, es difícil imaginar una secuela que sucede 20 años después sin que se note forzada. Muy al estilo hollywoodense, muchas de las situaciones que vemos en The Devil Wears Prada 2 son demasiado inverosímiles y solo podrían suceder para que este filme pudiera desarrollarse, posicionando a sus personajes en narrativas que poco sentido tienen si se piensa por más de unos segundos.
No es que su primera parte, The Devil Wears Prada, sea la gran joya cinematográfica. Pero sí tiene su mérito como producto comercial al contarnos una historia con protagonista femenina donde no todo se trata sobre encontrar el amor ni tiene el típico final feliz de superación que todos esperábamos. La película trata más sobre el viaje y sobre el aprendizaje, saliendo un poco del molde de la mujer que no encaja pero que después descubre que su verdadera fuerza estaba dentro de ella misma.

Es claro que la nostalgia juega un papel importante, tanto, que las referencias están incluidas desde el minuto 1 de la película (literalmente), y es a ese público que tanto disfruta de su original a quien The Devil Wears Prada 2 va dirigida. Honestamente, no es la peor secuela imaginable, pero es difícil alejarnos del sentimiento de que no era necesaria. Los icónicos personajes que recordamos están ahí y tiene un cierre digno que puede convencer, pero, ¿realmente era imprescindible conocer ese desenlace? La respuesta parece clara al finalizar la película.
The Devil Wears Prada 2 se suma a la lista de productos nostálgicos que serán un éxito gracias a una audiencia que busca revivir el pasado a toda costa. Sin ser una mala película, difícilmente será recordada como la película del 2006 incluso convirtiéndose en una experiencia de solo una vez, incluso para los más fanáticos que fácilmente regresarán a la original antes de ver una secuela menos icónica y menos original.
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