The End of Oak Street: Dos brontosaurios haciendo el delicioso
Después de años de ausencia y del cobijo de otro alumno de la escuela spielbergiana (James Gunn), el director David Robert Mitchell, lejos de aquella obra que lo catapultó a la fama (Under the Silver Lake), crea lo que a todas luces es un homenaje a Jurassic Park que, sin parecer una calca, pone de su propia millennial cosecha, y el resultado es The End of Oak Street

The End of Oak Street gira alrededor de una familia de clase media ubicada en los años 80, cuyo suburbio de repente se ve invadido por dinosaurios. Sin ninguna salida y con el final de su calle acordonado por selva y pastizales, buscarán sobrevivir.
The End of Oak Street presenta tres historias: la central, que carga con el peso dramático y que gira alrededor de la crisis matrimonial de los padres de esta familia, marcada por una inestabilidad laboral del padre, un deseo suprimido y recurrente de la madre por abandonar a su familia. Si el guion estuviera únicamente enfocado en desarrollar este conflicto y observar cómo repercute en la dinámica y el comportamiento de sus hijos, tendríamos una película mucho más redonda, pero por desgracia, las otras dos historias son un estorbo: una que gira alrededor del hermano menor, sus conflictos escolares y su romance adolescente, y la otra la de la hermana mayor, que únicamente se limita a la curiosidad científica y su orientación. El problema radica en que estas historias no aportan nada y por consecuencia, tenemos dos personajes planos que debilitan y contrastan con la situación familiar.

Mitchell, poniendo una especie de parche y, a su vez, admitiendo el fracaso de la escritura de los hijos, eleva su segundo acto enfocándose en el arco matrimonial y en la acción. Si bien en la fotografía tenemos claras pinceladas de homenaje a Jurassic Park, The End of Oak Street marca su distintivo con una técnica de dioptría dividida, lo que permite tener un sujeto enfocado y otro atrás. Adicionalmente, algunas tomas de circuito cerrado generan una sensación de espacio limitado, por lo que el caos surge más de la claustrofobia que de lo impredecible.
La puesta en escena también busca marcar un distanciamiento del family friendly de la franquicia de Jurassic Park. Si bien no llega a los niveles de un survival gore, sí es ligeramente más cruda, mostrando implícitamente escenas de cadáveres siendo devorados por dinosaurios, incluso animales domésticos. En su humor tampoco teme soltar un poco el gamberrismo, mostrando una escena de dos brontosaurios copulando. Incluso la narrativa, bajo este espíritu, presenta un giro interesante que sorprende y eleva su último acto, dando una sensación más impredecible de este universo.

Queda claro que sus cualidades técnicas y de estilismo son una referencia clara a Spielberg y con ello también se heredan la magia y los vicios. Si bien la melancolía con música de John Williams (perdón, Giacchino) no termina por afectar y tampoco desencaja con un tono ligeramente menos familiar, los deus ex Spielberg, las conveniencias argumentales y, por supuesto, un poco de idiotez de los personajes terminan siendo otra losa con la que levemente carga la cinta y de la que termina saliéndose con la suya por no tomarse demasiado en serio. Por momentos, estos temas, aunados a unos efectos demasiado CGI, le dan la sensación de película serie B.
En actuaciones, Ewan McGregor tiene una participación más que decente y encuentra una extraña química con Anne Hathaway, a quien parece que este tipo de papeles le van muy bien.

Calificación
- Guion: 2.4
- Dirección: 3.2
- Actuación: 1.6
- Extras: 0.5
Calificación: 7.7
Si bien The End of Oak Street está lejos de ser la joya de las películas de survival o de dinosaurios, cumple con ser un entretenimiento veraniego al estilo Spielberg: un parque de diversiones donde verás persecuciones fósiles, drama de pareja, agujeros negros, espacios cerrados, estilo visual retro de los 80 y, por supuesto, la cereza en el pastel: brontosaurios haciendo el siempre sucio.
Welcome to Jurassic Park, digo, Jurassic Suburb.