The Invisible Man: Cuando el fondo y la forma se llevan bien

Parece que mi generación se ha ido acostumbrando -aunque más que costumbre, es evidente resignación- a ver como clásicos del cine son readaptados para las nuevas audiencias, derivando en fiascos cinematográficos destinados al olvido. Por eso, cuando se hablaba de una nueva versión de The Invisible Man, adaptada anteriormente por James Whale en 1933, más de uno levantó la ceja.

Por fortuna, los astros parecen haberse alineado esta ocasión y todo lo que podía salir bien, salió bien. El encargado del proyecto fue un viejo (des)conocido: Leigh Whannell, guionista de Saw y la saga Insidious, amigo cercano y asiduo colaborador de James Wan, quien sorprendiera a propios y extraños con su filme de Sci-Fi Upgrade, de 2018.

Uno de los grandes aciertos de esta nueva adaptación de Whannell, quien también funge como guionista y productor de la cinta, es basar su historia en una problemática actual, pero más que nada, real: La relaciones abusivas. Y es que es bien sabido que el cine de terror más interesante es el que se nutre de miedos y experiencias reales con las que son fáciles de empatizar.

Cecilia, interpretada por una tremenda Elisabeth Moss, ha decidido abandonar la relación que tiene con su novio maltratador, sin embargo, su huida desemboca en el suicidio de Adrian, su pareja en cuestión, interpretado por Oliver Jackson-Cohen. A partir de ahí, Elisabeth trata de empezar a reconstruir su vida y reconectar con sus viejas amistades, motivaciones que se ven truncadas cuando empieza a sospechar que Adrian en realidad no ha muerto y se ha propuesto arruinarle la vida a como dé lugar, cosa que hace que todos a su alrededor empiecen a poner en tela de juicio su salud mental.

Bajo esa premisa, el director construye un relato dramático lleno de suspenso, manteniendo a sus protagonistas en un constante juego del gato y el ratón, donde lo interesante no solo proviene del valor de su trasfondo, sino también de su habilidad técnica, donde Whannell hace uso de algunos estilizados trucos de cámara -que parecen estarse convirtiendo en su marca de la casa- y un uso excelente de los espacios, donde el fondo y la forma se complementan de una manera tan complaciente que se agradece ver en un blockbuster de terror actual.

Al final, The Invisible Man no es solo otra revenge movie con una protagonista femenina o una protesta feminista en tiempos del MeToo, es el retrato del maltrato y el terror que viven muchas otras mujeres en sus relaciones, y que sin necesidad de un hombre que nadie puede ver, sus declaraciones y acusaciones también son cuestionadas y casi siempre pasadas por alto.

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Acerca del autor

Teddye Zapata   @IlusoDeluso   desencuadre.home.blog

Nací en una isla donde hay muy poco que hacer, así que el cine se convirtió en mi refugio y escribir es mi desahogo. También soy bajista, pero ahorita no ejerzo.


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