The Last Dance: En la mente del Jesús Negro

Hablar de Michael Jordan no solo es referirse quizá al deportista más famoso y mediático de todos los tiempos, sino también al perfecto  símbolo sobre la competitividad a un nivel globalizado. De un talento considerado sobrehumano, Jordan a través también de la vinculación con las personas adecuadas, logró ser uno de los más grandes revolucionarios publicitarios del deporte, siendo su dual personalidad un constante foco de atención cultural que lo llevó de manera inmediata a convertirse en una leyenda viva e icono de la cultura pop.

Fenómeno por dónde se le vea, el éxito de su carrera también ha sido causa de polémicas, envidias y “versiones” sobre su cuestionable personalidad dentro y fuera de las canchas, y es precisamente dicho tópico el objetivo de la más reciente docu serie de Netflix y ESPN, The Last Dance, un título tramposo que se toma su nombre de la última temporada de los Chicago Bulls para esconder lo que en realidad es una desmenuzamiento psicológico y emocional sobre una de las figuras más complejas, talentosas y mediáticas de los últimos tiempos, imprescindible para la comprensión comercial, deportiva y social, y para establecer los nexos nostálgicos, tendencias e influencias del paso de la generación X a la Y.

Narrada en 10 capítulos astutamente divididos en 5 semanas y pares, su director, el experto en documentales deportivos Jason Hehir, logra con este ejercicio no solo su mejor obra (les recomiendo también su anterior trabajo sobre Andre The Giant), sino también un testimonio audiovisual de valor histórico que supera con creces al menos todo lo establecido fílmica y narrativamente en este 2020. Aunque su excelente ritmo y desarrollo a través de flashbacks desde el nacimiento de los jugadores emblemas hasta el último campeonato de los Bulls, es el arma y macguffin ideal para captar la atención y la nostalgia de la audiencia, es en realidad el estudio sobre el origen, comportamiento y psicología de MJ los que hace a este documental sumamente emocional y profundo, lo cual ensalza por supuesto también su valor investigativo.

Conociendo las bases de cualquier gran film o serie, Hehir comienza en sus primeros cuatro capítulos por presentar y estructurar a sus 4 principales piezas, por supuesto su gran protagonista Jordan, y a las personalidades secundarias que lo complementarán mientras agregan bagaje y trasfondo no solo al “anti héroe”, sino también a sus propias historias (Pippen, Rodman y Jackson) ¿Dije anti héroe? Si, y es que lo loable de este ejercicio es que MJ se revela como su verdadero ser, un humano que hará todo ¡Todo! por ganar, y eso incluye un comportamiento mental y emocional que va de la templanza más pura a las acciones más cuestionables y peculiares, creando así un personaje digno de cualquier obra de ficción o pieza fílmica, tan complejo y rico como la realidad lo pueda permitir en un sube y baja de éxitos y fracasos, estos últimos más dentro del ámbito humano que del deportivo.

Para los capítulos 5 y 6, Hehir decae en su frescura e innovación, en dos episodios que fungen más como puente narrativo y en dónde con más normalidad que talento comienza la trayectoria  y racha ganadora del que muy pronto vendría a convertirse en el mejor equipo deportivo de todos los tiempos, habiendo también ya establecido a algunos villanos en el contexto, cosa que a los también históricos Pistones de Detroit no les ha de haber gustado para nada ¿O si chicos malos?

Pero lo mejor estaría venir, un par de verdaderos portentos narrativos, siendo el séptimo y octavo la comunión y clímax de esta introspección, convirtiendo al relato en una especie de thriller deportivo, corporativo y de la media, en dónde Hehir y la narración de Jordan en su abandono y regreso a la NBA se transmutaran también en una catarsis alrededor de la pérdida de la figura paterna, imprimiendo además de un halo de suspenso, un desarrollo dramático y sobresaliente en esta caída y camino del héroe que terminará en una de las imágenes más emotivas de la serie, cuando Jordan al ganar su cuarto campeonato se encuentre en el piso llorando y aferrado a un balón.

Destacar que es en estos capítulos cuando los testimonios se vuelven más enriquecedores, sobre todo los venidos de Phil Jackson, el croata Tony Kukoc, y por supuesto los de Scottie Pippen y el también fuera de serie y muy menospreciado Steve Kerr, principalmente este último, que se mantendrá como principal secundario hasta el final de la serie. Un dato relevante y que a pesar de la polémica regala credibilidad al relato y narración de Hehir – Jordan, es la inclusión tanto de socios como detractores entre aquellos que aceptaron aparecer, a sabiendas que la post producción (la edición) puede hacer magia, pero que en este caso se convierte en un arma de doble filo para el mismo Jordan, el cual se revela sin nada que temer, como el humano que en realidad siempre fue. Mención aparte también para la participación de Dennis Rodman, que tal y como en la vida real funge como el comedy relief del relato.

Para los finales capítulos y con su pico dramático y de suspenso ya logrados, Hehir se concentra en retomar su macguffin, el mencionado último baile, y aunque con mucha solvencia, mismo ritmo y entretenimiento estos dos episodios transcurren agilmente, también es cierto que el peso dramático se diluye al no poder encontrar ya otro punto de inflexión o incluso figuras antagónicas (Jerry Krauze pierde protagonismo y los magníficos Pacers de Indiana y el Jazz de Utah son mucho más simpático que aquellos Pistones)

La conclusión así pues transcurre en piloto automático, bajando los decibeles pero al mismo tiempo confirmado que The Last Dance es y será uno de los mejores testimonios audio visuales, investigativos y deportivos de la historia, con un bagaje fílmico sobresaliente y la revelación de un personaje, un Jesús Negro (como el mismo Jordan se nombró ante Reggie Miller), que no era Dios, sino un simple humano provisto de un conflicto y una mente tan inmensa como atractiva para este mediático mundo en todas sus extensiones socio culturales, deportivas y comerciales.

Michael Jordan con The Last Dance se confirma como uno de los personajes más interesantes, enriquecedores e influyentes sobre dos generaciones, un verdadero mito viviente que ha resucitado y ha dejado su testamento con este excelso documental.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


2 comentarios

  • RiCLARKdo BlanKENT mayo 25, 2020 @ 2:29 pm

    Asi como hicieron un post acerca del término “Mary Sue”, ¿han considerado hacer posts acerca de algunos otros términos usados en cine (ejemplos: la cuarta pared, Macguffin, Deus Ex Machina) donde se explique su origen, uso y referencias más famosas?

    Gracias!! Saludos!!

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