The Mandalorian and Grogu: El minion verde y orejón
Star Wars, tal y como su concepto de “la fuerza”, es luz y oscuridad, manejando una disparidad en ocasiones tan alarmante como absurda y que se ha incrementado desde la compra de Disney y la irrupción de las series hasta niveles ridículamente inimaginables. Por ejemplo, hablando de sus ahora 15 películas, y apartando la trilogía original, solo Rogue One ha podido ser una cinta de indiscutible calidad en su género; en el ramo de la series y quitando la mayoría del mezquino relleno animado, de sus 7 “live action”, solo Andor ha podido equiparar la calidad (e incluso mejorar) de la trilogía original, dejando a The Mandalorian and Grogu como un producto que resume perfectamente lo atropellada que es su narrativa a nivel franquicia, siendo las dos primeras temporadas solo salvadas por potentes inicios y finales, para después caer en el acostumbrado bodrio, padeciendo todas las anomalías a nivel narrativo y que siguen haciendo mierda toda lógica interna en este castigado mundo fantástico

Desgraciadamente, The Mandalorian and Grogu viene a confirmar dicho estatus, y tras la buena racha que resultó ser la combinación entre Andor y la sorpresiva y muy disfrutable Skeleton Crew, Dave Filoni, Darth Kennedy y su ahora padawan del terror, Darth Jon Favreau, hacen de este innecesario y alargado capítulo otra aventura tan pasiva como vacía, un truco de mercadeo para mantener en la tendencia de ventas de mercancía y juguetes a su principal activo, el Grogu, dejando de lado toto atisbo de ambición por pertenecer de una forma más digna a una saga de por sí ya indigna.
The Mandalorian and Grogu no es una película, pues de hecho se brinca todos los protocolos de estructura de nuevos personajes e introducción de sus conflictos para ir directamente a la acción de la misión en turno. Esto por ende es un capitulo de una serie, uno demasiado largo en su afán por engañar a la audiencia en llamarse “película”, y que el pendejo del fan condescendiente justifica al ser testigo no solo del mismo argumento de siempre, sino de los mismos personajes que Filoni se ha cansado de reciclar una y otra vez sin mostrar un desarrollo o crecimiento relevante en ninguno de ellos más el hecho de sobrevivir a las situaciones más estúpidas e imposibles.

Si bien la pericia de Jon Favreau como director hacen que un par de escenas de acción justifiquen el gran presupuesto otorgado a través de un subsidio del estado de California, incluso estas llevan a un hartazgo visual – narrativo al ser inundadas siempre de “deus ex machina” que volverían loco a cualquier estudiante de primer grado de cine, salidas fáciles en donde el director aniquila todo sentido de amenaza y/o tensión en su afán por otorgar más “power ups” y remedios sacados del culo a cada problema en el que se mete Mando y mascota.
La disparidad incluso se manifiesta de la manera más obvia posible, cuando en un relato de tono “gansteril”, donde la mafia y los bajos fondos de la galaxia son el antagonista, director y guionistas se conformen con mostrar el conflicto en el tono más infantil posible, aniquilando todo sentido de intriga y, por ende, cualquier sensación de peligro en tornos al destino de nuestros héroes. Varios ejemplos son claros, desde los ya tradicionales soldados imperiales que no le dan a un pinche tronco a un centímetro de distancia, hasta monstruos de fuerza brutal que solo lanzan golpes de adorno, pasando por veneno no tan venenoso, personajes “divinos” que aparecen y desaparecen en el debido momento, y por supuesto varios villanos más inútiles que cualquier malo de los Avengers vencido en tres minutos.

Así pues, todo sentido de razón y lógica interna pasan a segundo plano en The Mandalorian and Grogu, pues quien necesita de ellas cuando tenemos a Grogu, que ahora lleva el protagónico y mucho más tiempo en pantalla para incrementar su fuerza en ventas de chucherías, desde las de Miniso hasta los muñecos sin licencia en el tianguis de tu casa. Por tal razón, no solo supera a Pedro Pascal en tiempo (no es queja), sino que sus salvamentos son más encantadores que nunca para asegurar que, cuando despidan al chileno, el muñeco se pueda quedar como el frontman de este show por otra temporada o “películas” más.
Y hablando del rubro actoral, quizá lo más desesperante de The Mandalorian and Grogu sea darse cuenta de que estamos ante cualquier capítulo mezquino de Rebels o Clone Wars, pues quitando la patética intervención de Sigourney Weaver y un par de otros “humanos” con no más de 10 minutos en pantalla, toda la trama transcurre en trajes, efectos, animatrónicos o CGI, estando más cerca de ser una caricatura que un verdadero live action.

The Mandalorian and Grogu es un producto patético, de buenos efectos e incluso una agradable variación de banda sonora, pero que no ofrece absolutamente nada bueno o nuevo a la saga, más que “fan service”, situaciones pendejas, y a Grogu como “comedy relief” ¿Es como supuesta película peor que las secuelas de Disney? No, nada puede ser peor que eso, sin embargo, si es el mayor desperdicio de dinero, metraje y elementos de la saga hasta ahora.
Al final de cuentas, Star Wars es la cruz de muchos de nosotros, en un mundo donde el “nuevo fan” no puede distinguir ni separar el concepto del gusto de la calidad, ni siquiera alcanzándole el intelecto para reconocer a Star Wars y a todos sus productos como productos del género fantástico, persistiendo en la ignorancia y estupidez en “asegurar” que están ante cintas de ciencia ficción ¿Qué se puede esperar de este nuevo séquito de borregos que seguirán tragando cualquier mierda con un minion verde y que ni siquiera tuvieron la decencia de ver Andor? Grogu quizá tuvo su buen momento e introducción con dos temporadas que, a pesar de su mediocridad, supieron dar buenas introducciones y cierres a sus arcos, pero que, tras la inclusión forzada en la tercera temporada, en la de Boba Fett y ahora en esta basura del más bajo nivel fílmico y de entretenimiento, ya cuenta con la misma gracia que una bola amarilla de Illumination.