The Mandalorian Chapter Three: John Wick intergaláctico

Tengo mucho miedo. Los primeros tres episodios de este spin-off western de la saga de Star Wars han sido excelentes en todos los aspectos: narración, dirección, música, actuaciones y dirección de arte. ¿Qué me da miedo? Que de repente a la mitad o al final de la temporada, toda esta perfección se caiga y Disney vuelva a ser Disney y termine hallando una nueva manera de joderse todas las galaxias que componen el universo de George Lucas. Todos sabemos que el ratoncito ya lo anda haciendo en el cine. Seamos honestos, más de la mitad de la taquilla que recaude “The Rise of Skywalker” vendrá del bolsillo de los que la queremos ver por puro morbo, por valor curricular y/o para cagarnos en ella.

El único acierto fílmico que este revival trajo fue la excelente “Rogue One”, generando un precedente de que se pueden contar con libertad historias originales de este universo a través de nuevos e independientes personajes y que cada una puede tener su propia atmósfera sin tener que adecuarse al canon narrativo establecido por la principal. La otra historia de éxito es sin duda “The Mandalorian” que en su tercera semana se ha consolidado ya como una chingonería, y no solo por el adorable Baby Yoda. 

Lo que yo creí sucedería en los últimos episodios, pasó en el tercero: Mando fue a entregar puntualmente la cachetona mercancía al malvado Werner Herzog, el cual le pagó generosamente con el prometido acero Beskar. Obviamente en el kokoro del cazarrecompensas ya se había movido algo por la criaturita que lo hacía dudar en entregarla, pero su ética profesional le ganó y se fue con el botín. Mando deja las placas en su Templo, donde con ellas le forjan una armadura con la que varios cosplayers seguro se han de haber mojado.

Es en ese momento donde podemos ver un poco más del misticismo de la secta Mandaloriana y sus costumbres. A pesar de haber traído el acero forjado por el pinche Imperio y las diferencias que esto provocó con otros miembros, al final todos se unen a través del mantra “This is the way”. Esta frase los hace recordar quiénes son, les recuerda todo lo que tienen en común y que la manera de preservar su vida y creencias es manteniéndose unidos.

Es durante la forja de la nueva armadura, que el Mandaloriano tiene su “momento Martha” de stress post traumático y vienen a su mente los flashes de su infancia y de como vio morir a sus padres al intentar salvarlos. Ya se había dado a entender que él mismo es un huérfano y fue acogido en la secta. Este momento de reflexión le tocó el corazón, revelándole su verdadera esencia. Ni pedo, a salvar al bebé de las malvadas manos del alemán ese. Honestamente, ¡dolió y preocupó cuando se encuentra la carriola tirada en la basura!

El rescate se lleva a cabo exitosamente con intensas escenas de acción y culmina en la versión sci-fi de la secuencia inicial de “John Wick: Parabellum”. Mando es prácticamente excommunicado del gremio y a cada cazarrecompensas le suena un aparatejo para comunicarle la misión de asesinar al Mandaloriano por haber roto las reglas­. Canalizando a su Keanu interno, nuestro antihéroe le parte su madre a todos y hasta es auxiliado por sus hermanos del templo. Resulta sublime toda esta secuencia la verdad.

¿Qué sigue para The Mandalorian? Parece ser que este western ahora será una historia de fugitivos y la cosa se sigue poniendo bien buena. Sólo rezar para que Disney no lo arruine todo al final. I have spoken.

 

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


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