The Musical: La regla de los 22.3 años

“Muchas personas sobrevaloran el poder del amor, pero subestiman el poder del odio”. Esta frase, dicha por el protagonista, refleja la esencia de la película The Musical.

Doug es un profesor de teatro de secundaria que vive esperando ser aceptado en un programa de doctorado en Nueva York. Frustrado por el poco reconocimiento de su talento y marcado por una personalidad introvertida, su mundo se viene abajo cuando descubre que su novia comienza a salir con su némesis: el director de la escuela. A partir de ello, urdirá un plan para sabotear las posibilidades de ganar un concurso de calidad académica y arruinar la carrera del individuo que le ha quitado al amor de su vida. No conforme con eso, buscará transmitir ese odio a su clase. Al más puro estilo de La Ola, les inculcará la idea de que la sociedad y el sistema quieren verlos fracasar, generando en ellos resentimiento y convirtiéndolos en un potencial grupo de radicales.

La tesis The Musical es clara y, a través de un salón de clases, explora hasta qué punto puede llegar la raíz del resentimiento, siendo un reflejo de lo que hemos visto en muchas sociedades contemporáneas: individuos marginados que, a pesar de su talento y esfuerzo, observan cómo nunca reciben la recompensa esperada, generando así odio. Y aunque hasta cierto punto tienen razón en señalar que muchas dinámicas no son meritocráticas y sí profundamente desiguales, no deja de ser peligroso hasta dónde puede escalar ese rencor, especialmente cuando influye en otros grupos y se convierte en un caldo de cultivo.

Si bien la premisa suena densa, es gracias a la comedia que un tópico tan turbio se vuelve digerible. Adicionalmente, su guionista aprovecha este humor para burlarse de varios temas. De entrada, quizá la polémica más fuerte son los chistes alrededor del 9/11 y las teorías que apuntan a que fue un trabajo interno de Estados Unidos. Probablemente este tipo de satirización no caiga bien en gran parte del público, sin embargo, el hecho de llevarlo al absurdo, intentando convertirlo en un musical interpretado por niños como parte del plan de un profesor para hundir a su jefe, es precisamente lo que aleja a The Musical de cualquier mala intención. Al contrario, termina revelando la visión sociopolítica de su protagonista, anclándose un poco en lo que hizo Lanthimos en Bugonia, asociando al resentido con un hombre fácilmente presa del conspiracionismo.

Pero la comedia negra no se limita solo a eso. Como parte de este discurso, The Musical también lanza un dardo hacia algunos temas actuales, especialmente la inclusión por cuotas, a través de la subtrama de una niña de origen latino y su rivalidad con el profesor. Sin piedad, demuestra cómo, en ciertos contextos, esto puede llegar a ser incluso más importante para destacar que el propio talento.

Toda esta gama de golpes hacia la modernidad no funcionaría sin una excelente dirección, especialmente en el apartado actoral infantil. Trabajar con niños actores nunca será fácil y, sin embargo, Giselle Bonilla ha creado un conjunto de actuaciones orgánicas que, sin duda, en complemento con su actor principal, Will Brill, se llevan las palmas de The Musical.

Como si hubieran metido en una licuadora South Park, Fahrenheit 9/11, La Ola y La Sociedad de los Poetas Muertos, tenemos una película que, una vez más, muestra esta nueva corriente que funciona como antítesis de las clásicas historias de profesores, donde los educadores, más que ser una inspiración para sus alumnos, terminan convirtiéndose en una mala influencia. Giselle Bonilla nos muestra hasta dónde pueden llegar las consecuencias del resentimiento y cómo este puede transformarse en una bomba de tiempo en distintos sectores sociales que, cuando menos lo esperemos, terminará explotando.

Calificaciones

  • Dirección: 3.0
  • Guion: 3.0
  • Actuaciones: 1.7
  • Extras: 0.5

Calificación: 8.2

The Musical es una acertada farsa que, probablemente gracias a su absurdo, juega constantemente en la línea de lo permitido y que no está libre de llegar a molestar a ciertas personas que consideran demasiado incorrecto burlarse de una tragedia histórica.

Hay una ley en la comedia ficticia establecida por South Park en la cual se establece que exactamente 22.3 años deben transcurrir después de un evento trágico, para que la sociedad lo supere lo suficiente como para que sea considerado socialmente aceptable y “gracioso” hacer bromas al respecto ¿Habrá utilizado Giselle esta famosa regla de South Park, para cruzar la línea de lo debidamente incorrecto a lo políticamente correcto? Juzguen ustedes.

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Acerca del autor

El Cine Actuario   @maxpower_ar?s=09   facebook.com/dvclocblog

Actuario/Economista, Amante del Cine, Devoto de Dios, Intuitivo, Curioso, Rockero de corazón, Fanático de los Libros y del deporte de las tacleadas, quesero, colchonero, diablo rojo. "Las estadísticas son la forma en que las matemáticas cuentan las historias" "El arte es una ciencia y el trabajo del critico al igual que el del investigador es exponer sus axiomas y teoremas al mundo" "Estar de acuerdo, en no estar en desacuerdo es saludable"


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