The Odyssey: El Caballo de Troya de Nolan

En los últimos años, Nolan ha mostrado una particular obsesión por el discurso antibélico y por retratar la faceta más abrasiva de la guerra. Su primer acercamiento, Dunkirk, terminó pareciendo una imitación poco lograda del cine de Malick; después llegó la grandilocuencia excesiva, pero efectiva, de Oppenheimer. Ahora, la reinterpretación de La Odisea es su aproximación más acertada al caos y a las consecuencias de un mundo asediado por la guerra.

En La Odisea, Nolan hace una reinterpretación del poema, mostrando a Odiseo como un antihéroe que tuvo la habilidad de terminar de manera pronta la Guerra de Troya, pero que desató terribles consecuencias. Existe un paralelismo con Oppenheimer, donde el caballo de Troya es la bomba atómica de Odiseo, aunque con un ligero distintivo: mientras que allá retrata el heroísmo a través de la inteligencia del científico, aquí hace hincapié en la derrota y en las consecuencias de la victoria, utilizando a los dioses como elemento base al caballo quebrantar las leyes de hospitalidad de Zeus. Esto se ve reflejado en la presentación del saqueo de Troya, que no es visto de manera idílica o heroica, sino oscura, vil y sin honor, trayendo consecuencias y culpa al protagonista.

Las deidades son asociadas a estas emociones (quedando claro en el papel de Atenea) y la manera en que su protagonista buscará evitarlas es a través del desafío hacia los dioses, tomando el control de su propio destino. Su viaje es un camino de expiación y la demostración de que, aunque no lo ve (ni lo vemos), hay un poder superior que sobrepasa su entendimiento.

Su travesía pasa por varias estaciones: desde un diálogo con el Inframundo; la batalla contra un futuro —en una excelente referencia a que la Edad de Hierro aplastará a la de Bronce; hasta el encuentro con una bruja que le revela la verdadera identidad de los soldados y que los vestigios y la brutalidad de la guerra pueden extenderse entre masacres, saqueos, disturbios y violaciones, mostrando la verdadera naturaleza de aquellos que utilizan la violencia bélica como pretexto para saquear. Cada parada es filmada de una manera diferente, desde lo que puede ser cercano a una película de terror hasta una cinta de naufragio.

Toda esta narrativa tiene un mensaje claro: la importancia de la religión como elemento de cohesión social. No es nada descabellada la tesis planteada, pues, en la Antigüedad, la política y la religión formaban un mismo lazo, por lo que las leyes religiosas se convertían en civiles, manteniendo el orden social. Por supuesto, en el caso de La Odisea, al ser leyes derivadas de las deidades, hay una relación con la falta de respeto hacia los dioses.

En esta relación, Nolan desarrolla una de las discursivas mejor estructuradas de su filmografía, con su clásico estilo saturado, sobre explicado y lleno de fuegos artificiales, que le queda como anillo al dedo por la cantidad de personajes que comparten escenario. Nada mejor que añadirle cámaras IMAX y sonido envolvente. Técnicamente, una vez más, Nolan está a la altura.

A pesar de esto, una vez más, estos vicios terminan por pasar factura en la narrativa, dotándola de unos cuantos huecos, principalmente en la subtrama política de Penélope, que es sostenida por las semillas del mensaje del arco de Odiseo (las leyes de los dioses y la maldad humana), pero que, dentro del subgénero del thriller político, palidece. Probablemente se deba a que Nolan, por enésima vez, demuestra que, (salvo una excepción; Circe), le cuesta escribir mujeres, siendo la esposa del protagonista la base para el conflicto social provocado por la falta del gobernante.

En general, todas las actuaciones son excelentes y no hay nadie que desentone, demostrando que no hay papel pequeño. Destacan Elliot Page, Matt Damon, quien probablemente buscará su Óscar a Mejor Actuación, Samantha Morton, Robert Pattinson, John Leguizamo y Charlize Theron. Algunos de ellos probablemente suenen durante la temporada de premios.

  • Dirección: 3.3
  • Guion: 2.9
  • Actuaciones: 1.8
  • Extras: 0.5

Calificación: 8.5

Nolan, con todo y sus ya marcados estilos, ha vuelto a conseguir un retrato mucho más sólido que su antecesora alrededor de las vicisitudes de la guerra y las deidades. ¿Será este un nuevo renacer? Lo cierto es que ha demostrado cierta pluri funcionalidad en los géneros que ha filmado y que, cuando no se propone demostrarnos de manera pretenciosa que es más inteligente que los demás, puede tener una discursiva entretenida.

Lo odien o lo amen, Nolan es quizás, como Odiseo, uno de los últimos soldados cinematográficos tradicionales de su especie, amante de combinar la tecnología y lo clásico, con narrativas llenas de valores habituales, muy al estilo de las epopeyas de los años cincuenta a los setenta. Pero, sobre todo, es quizás uno de los últimos que, con solo mostrar su nombre en pantalla debajo del título de la película, es capaz de atraer al público de a pie a pagar por un boleto para entrar a una sala.

En una época de lucha por la supervivencia del cine en su forma tradicional, tanto en lo artístico como en lo monetario, Nolan es la última estrategia: el caballo de Troya para preservar el cine en su concepción más equilibrada entre arte, entretenimiento y negocio.

Sin ser su fan, respeto total a quien, con estos proyectos, llena salas y aporta su grano de arena para lograr que el cine se vea en el cine.

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Acerca del autor

El Cine Actuario   @maxpower_ar?s=09   facebook.com/dvclocblog

Actuario/Economista, Amante del Cine, Devoto de Dios, Intuitivo, Curioso, Rockero de corazón, Fanático de los Libros y del deporte de las tacleadas, quesero, colchonero, diablo rojo. "Las estadísticas son la forma en que las matemáticas cuentan las historias" "El arte es una ciencia y el trabajo del critico al igual que el del investigador es exponer sus axiomas y teoremas al mundo" "Estar de acuerdo, en no estar en desacuerdo es saludable"


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