The Other Side of the Wind: El Ocaso del Director

Era obvio que detrás de la titánica y heroica tarea de los productores Philip Jan Rymsza y Frank Marshall, y el editor Bob Murawski en montar y regalar al mundo la última e inconclusa obra del gran Orson Welles, se destaparía una marabunta narrativa por momentos caótica y confusa, pero también hermosa y trascendental.  Esta pre y post producción comulgados bajo un mismo concepto no muestra en su total integridad la maestría de Welles, pero si expone con cierta singularidad (y hasta oscuridad) un testimonio póstumo digno de análisis y remembranza.

Estrenada el pasado 2 de noviembre en Netflix, The Other Side of the Wind  supone la restauración a blanco y negro y color en 8, 16 y 35 mm de la última producción de Welles rodada entre 1969 y 1976, con 1.083 rollos de negativo y las notas directrices del propio Orson para intentar llegar a un final visionario. Si esto parece ya de por sí complicado, el argumento es mucho más complejo de lo que parece, siendo la narración de la muerte de un legendario pero ficticio director (aunque Welles descaradamente parodió la película y el posterior fracaso de Antonioni  con Zabriskie Point), el cual en su última noche de vida y tras un largo exilio, decide no solo proyectar su cinta, The Other Side of the Wind, a sus amigos, detractores, involucrados y críticos, sino grabar a manera de documental esta experiencia con su autorización y la de su musa artística.

Pero la última gran burla hacia el sistema fílmico de Welles no termina ahí, pues al parecer los heroicos productores comprendieron en su totalidad el sentido satírico de la obra al desarrollarla como un “falso” documental, exponiendo incluso elementos que recuerdan al “found footage” y como cereza a este legado, haciendo una triple inmersión en la industria fílmica, proyectando el estreno de The Other Side of the Wind sobre un documental a través de una película “homónima” de dispares 120 minutos.

El principal valor de este film es que a pesar de que lo complicado que se escucha, su visionado se vuelve sencillo… claro, si uno logra sobrevivir a un largo arranque de 60 minutos. Pero es lógico, que ante el resumen de 1083 rollos con más de 100 horas de grabación, los errores de esta primera parte se obvien de una manera extraña y quizá nunca antes vista en la historia, donde los retazos complican poder seguir el hilo de una cinta con varios personajes y situaciones claves y donde el episodio paródico del título en cuestión toma el protagonismo con una restauración en imagen y sonido verdaderamente envolventes (la banda sonora agregada durante el montaje es suprema gracias a la canción de Fruit & Icebergs del grupo de rock psicodélico Blue Cheer). Esta primera parte que alcanza niveles surreales puede que resulte extenuante para el espectador promedio o alejado de dicha corriente o del conocimiento de Welles, sin embargo para el acostumbrado a su obra y dicho tono fílmico resulta tan extravagante como interesante.

La confusa espera rinde frutos casi de manera exacta con el comienzo de su segunda hora, tiempo en el cual la figura protagónica real se exhibe de manera avasallante, una presencia y sombra artística que funciona como metáfora y crítica al modus vivendi de los directores consagrados en el ocaso de sus carreras y en donde Welles proyecta a sus compañeros y a él mismo a través de otro de sus colegas, el legendario actor y director John Huston. En esta parte se convive y respira el verdadero tono de Welles, convirtiendo a este experimento en una muy cercana visión de su tono y estilo y en donde Huston regala otro gran y siniestro papel, sugiriendo no solo los pecados egocentristas y artísticos, sino también sociales y sexuales de la industria no de manera sutil y correcta como los tiempos actuales desgraciadamente lo han demandado.

Orson se respira, los variados personajes se estructuran y el montaje agrega el trasfondo necesario para cada uno de ellos, resaltando los de Peter Bogdanovich, Lilli Palmer, Susan Strasberg y Norman Foster (los tres últimos también ya fallecidos), este último robando cámara y de manera astuta equiparando el fastuoso nivel de un Huston tétricamente engolosinado y cómodo en su papel.

¿Qué hubiera pasado si Orson hubiera terminado esta obra? No tengo duda que hubiéramos estado ante una joya maestra, siendo este intento por preservar su legado y expandir su conocimiento, un experimento solvente y digno para remembrar en el estudio y análisis fílmico para la posteridad, siendo no solo una de los mejores ejercicios del año en curso, sino tal vez uno de los tesoros mejor guardados en el sobrevalorado mundo fílmico de Netflix, plataforma que en esta ocasión merece puntos por arriesgarse con su distribución

The Other Side of the Wind no solo es la gran última broma de Welles sobre Hollywood, sino también un testimonio sobre el ocaso de la figura “directiva” en tiempos donde el séptimo arte se encontraba en una de sus cumbres, un largo escalón donde la caída era tal vez mortal y de donde Welles y Huston fueron maestros, testigos y testimonios.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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