Un Poeta: La Sociedad de los Poetas Muertos LATAM
Una de las mayores quejas de las películas de aula es esa manipulación emocional que termina por crear un producto que, si fuera un postre, terminaría mandándote al hospital por exceso de azúcar. Pero LATAM es otra cosa, y, entendido el contexto sociocultural donde estamos parados, en su ópera prima, Simón Mesa Soto deconstruye estas historias de alumno-maestro en Un Poeta, siendo más un café colombiano sin azúcar.

Un Poeta cuenta la historia de Oscar Restrepo, un sujeto obsesionado con la poesía de 50 años, atrapado en la rutina y el alcohol. La falta de éxito lo ha llevado a añadir a su personalidad el cliché del poeta sin suerte, cubriéndose en una autocompasión tan melancólica como desesperante. No es sino hasta que accede a dar clases en un instituto que conoce a Yurlady, una joven de escasos recursos con un don para la poesía, a la cual apoyará para que desarrolle su talento.
Dentro de los primeros indicios de deconstrucción del subgénero está el dotar al profesor de un aura imperfecta: no es un badass como Fletcher, ni un cómico como Dewey Finn, ni guapo como Julia Roberts, ni inspirador como John Keating, Oscar es feo como la chingada, torpe, alcohólico, un auténtico papanatas pusilánime. Todo esto es mostrado en un primer acto donde conocemos todo este lado infame bajo un montaje desenfrenado de un tipo que, a los 50 años, a pesar de tener todas las herramientas, su mayor enemigo es su mente y este complejo de poeta autodestructivo,

Oscar, a través de buscar que otro individuo desarrolle el talento del arte que ama, descubre un despertar de la paternidad al adoptar a Yurlady como su pupila; esto es el impulso final para que, después de tanto tiempo, busque arreglar las cosas con su hija, Daniela. ¿Es el amor al arte y el impulso de ayudar al desarrollo de un individuo un despertar hacia la crianza? ¿es la paternidad/maternidad uno de los caminos para llegar a un cambio íntegro? Es interesante lo que plantea el guionista de Un Poeta, mostrando que puede llegar a ser el arte y la docencia ese puente que despierte esos instintos naturales de educar a otro individuo y, por consecuencia, comenzar una transformación total.
Pero Un Poeta no se queda en el discurso simplista, sino que va un poco más allá: ¿verdaderamente el sueño de Yurlady es ser poeta o, como ocurre en varias relaciones paternales, Oscar está depositando sus expectativas? Este aspecto hace más semejante la relación de estos dos individuos a un vínculo familiar, pero también le añade cierta lógica a lo que verdaderamente busca alguien en el contexto de Yurlady, cuyo arte nace de la sencillez de la vida, lo cual hace un enorme contraste con los representantes del congreso de poesía, con los cuales Oscar sirve de puente con su alumna, quienes, en búsqueda de vanagloriarse y mostrar “la ayuda social que realizan a los más necesitados”. Al estilo American Fiction, el director hace una crítica a estas élites artísticas cuyos propios prejuicios y forma de mirar hacia abajo a otros terminan por desdeñar el arte que impulsan

Esta crítica también se interpola en el personaje de Oscar, pues es considerado un poeta mediocre no por su anclaje al cliché del poeta segundón, sino porque no ha buscado anexarse a las formas o estilos populares, extravagantes pero necesarios para la supervivencia económica de las instituciones culturales, una radiografía dura de cómo es vivir del arte en esta parte del mundo, donde no solamente se necesita apoyo y suerte, sino adaptarse a la cosmovisión, por momentos prejuiciosa y comercial.
Esta asociación es la que termina siendo el verdadero antagonista de Un Poeta, pues en el clímax termina causando los mayores problemas a nuestro protagonista, quien, apelando un poco al cliché, pero de una manera acertada, en su renacimiento romperá esos paradigmas con respecto a los poetas, descubriendo que la belleza del arte radica en las cosas más sencillas, y no en lo que un grupo de mamertos alejados de la esfera social dicte o crea que es lo mejor.

Me es, a veces, a nivel personal, difícil conectar con personajes con tendencias autodestructivas y depresivas, pero tengo que decir que gran parte por la que Un Poeta funciona es por esas dosis de claroscuros, que a diferencia de muchos otros perfiles con tendencias nihilistas que vuelven unas auténticas mierdas a sus personajes, “el Poeta Triste” posee características entrañables que, aunque te den ganas de darle unos chingadazos, te hacen difícil odiarlo.
Aunque Un Poeta tiene ciertos tintes de comedia, en el desarrollo de las situaciones encuentra un balance excelente; esto se debe a una excelente edición, en la distinción de cada acto, desde un vertiginoso primeo, un calmado segundo acto de redención y un clímax que deambula entre la comedia y la desesperación. Por cierto, este tercer acto contiene una crítica sobre la cultura de la cancelación y la manera en que las clases pueden aprovechar una situación extrema, sacando los lados más abrasivos. En actuaciones, Ubelmar Ríos es una revelación interesante.


Calificación
- Dirección: 3.2
- Guion: 3.1
- Actuaciones: 1.8
- Extras: 0.5
Calificación: 8.6
La ópera prima de Simon Mesa es un poema cinematográfico extraordinariamente estructurado que deconstruye los subgéneros de películas de educación al asociar la docencia con la paternidad, con un protagonista con un sinfín de defectos, pero al que se le impregna un toque de humanidad y que logra un efecto entrañable. No deja de lado la comedia, siendo una crítica dura a los círculos de élite del arte y que encierra mensajes sencillos pero trascendentales. De Colombia para el mundo, disfruten Un Poeta, un rico café que nos hace recordar que, para encontrar la magia de una buena película, se puede mirar al sur del continente.