Undertone: La mano peluda, pero para los GenZ.
Si usted no es 90’s kid y en cambio nació en o después del 2000, lo más probable es que no conozca un programa de radio que ahora forma parte de la cultura pop mexicana que se llama ‘La mano peluda’, el cual se trasmite aún en la estación de radio grupera ‘La Z’ y en el que se relatan cuentos y leyendas paranormales directos de los radioescuchas. Pues ni más ni menos es el tema central de ‘Undertone: Frecuencia maldita’.

En Undertone, a raíz del podcast ficticio ‘The undertone podcast’ se desarrolla la historia de esta película después de llegarles a los presentadores un misterioso email con mensajes encriptados y 10, sí 10, audios que desatarán, como no puede ser de otra forma, una maldición que azotará a nuestra protagonista.
Undertone: Frecuencia maldita empieza con ínfulas de grandeza, queriendo ser una versión cool y ASMR de Hereditary o Talk to me. Se viste de podcast, de modernidad y minimalismo para ser un cebo perfecto para la GenZ que cree que el terror de los 80s es ‘de básicas’ y que todo debe estar envuelto en estética Tiktokera. Como a todo producto pretencioso, las cosas no le salen tan bien, al menos no en la primera mitad del filme, donde la necesidad de reinventar el género hace que empiece a dar vueltas en círculos y que no pase nada. Lo irónico es que cuando la película deja de intentar ser ‘arte elevado’ y empieza a aventarnos muebles, sombras y gritos distorsionados, es cuando por fin nos tiene en la palma de su mano.

Undertone triunfó con la crítica y el público en Sundance 2026, donde se estrenó en la sección ‘Midnight’. Y es que, a pesar de pretender tomarse mucho en serio en su inicio, logra meternos en su ambiente oscuro y de terror ‘católico’. En el Q&A del Sundance Film Festival en CDMX su director Ian Tuason, indicó que la película surgió bajo la idea de hacer un filme que le asustara a él mismo, que creció con una fuerte creencia católica.
Y es que justo ese diseño de producción con tanta iconografía religiosa juega, junto con la casa donde ocurre todo, un papel fundamental en el desarrollo de la película. Undertone: Frecuencia maldita es muy teatral, con una unilocación que el director sabe aprovechar muy bien. Dato curioso, la casa es el domicilio real del director, esto le suma una valía interesante que redondea el proyecto. Eventualmente la casa termina volviéndose un personaje dentro de la película.

Otro apartado que resalta para bien es el diseño sonoro. Al tener tantos recursos de sonido jugando un papel importante en la trama, la construcción y edición necesitaba ser meticulosamente asertiva, y lo es. El director mencionó que todos los audios y grabaciones que escuchamos, aunque no fueran visuales a cuadro, se grabaron como si fueran a serlo, lo que les confirió mayor naturalidad.
Así, Undertone: Frecuencia maldita empieza como si fuera a reinventar el género… y termina recordándonos por qué existen los clichés.

A pesar de su arranque torpe, el canadiense Ian Tuason nos da una ópera prima sólida, que cuando se deja de pretensiones y se entrega a los manuales del género (sin que eso sea negativo) nos hace aterrarnos ante un relato bien construido y con el que podemos conectar.
Como mencionó el director, ‘es una película para asustar católicos’. Aunque sea ‘La mano peluda’ para GenZ, Undertone: Frecuencia maldita termina entendiendo algo que muchos filmes de terror recientes olvidan: los clichés existen porque, cuando están bien ejecutados, funcionan muy bien.