Wonderstruck: cuando ni David Bowie puede salvar una película

Hay veces en que la experiencia cinematográfica te mueve de formas inesperadas, en las que sientes una conexión profunda con los personajes y con el viaje de autodescubrimiento personal por el que están atravesando. Filmes en los que la lágrima traicionera corre por tus mejillas durante los créditos, mientras buscas la manera de asimilar lo que acabas de experimentar. Este tipo de obras se quedan contigo por mucho tiempo, incluso años. Puedes verlas mil veces, teniendo siempre el mismo resultado. Son películas que nunca te dejarán. “Wonderstruck” no es una de esas. 

Como diría Nelson de los Simpson: ‘hay al menos dos mentiras en ese título’ y es que a “Wonderstruck: El Museo de las Maravillas” le falta mucho para llegar a ser medio maravillosa. Es una película que, si bien le es fiel al libro ilustrado original de Brian Selznick (escritor también de “La invención de Hugo Cabret”), tiene muchos, muchísimos defectos que la hacen pesada, tediosa y en ratos hartante. A mi juicio, todo esto recayó finalmente en la manera en que el director Todd Haynes (Carol, 2015) decidió narrar la historia.

Pero, ¿de qué rayos va Wonderstruck? Narrada en dos períodos de tiempo distintos, inicia en 1977 con Ben (Oakes Fegley) un niño que se encuentra de luto por la reciente pérdida de su madre (una brevísima Michelle Williams) y que siempre ha tenido la inquietud de saber quién es su padre. Debido a un muy extraño accidente, Ben queda sordo tras haber hallado en un antiguo libro, una pista capaz de guiarlo hacia el paradero de su papá. El destino le trajo esa calamidad con el fin de que dejara todo y subiera al primer autobús hacia Nueva York para iniciar la búsqueda de su origen y de si mismo.

De repente, la imagen se hace blanco y negro y retrocedemos 50 años hacia el pasado con Rose (Millicent Simmonds). Ella es una niña de 12 años cuya historia irá reflejando la de Ben toda la película. Rose también huye de la supuesta comodidad de su hogar, para ir a Nueva York a buscar a una actriz (Julianne Moore) de cine por razones que van más allá de una simple admiración. Rose es sordomuda, por ello la cinematografía del mundo que la rodea será como una gran película silente. Ambos niños no lo saben, pero están conectados a través del tiempo y el espacio en sus respectivos viajes. La historia nos irá dejando sutiles pistas al respecto, y en realidad no hay que ser Sherlock Holmes para descifrar el grandioso misterio en los primeros 20 minutos del filme.

Admito que me molestó la obviedad del misterio, pero entonces recordé que el material original está enfocado a niños, así que lo dejé pasar. La historia no es mala, simplemente está muy mal ejecutada. Haynes toma decisiones que no funcionan. Los cortes entre períodos de tiempo no son sutiles, y es principalmente lo abruptos que son lo que hace que la narración simplemente no cuaje y se sienta tambaleante. Los personajes, a pesar de que se ve que los actores si le echaron ganas en verdad, se hacen demasiados planos hasta el nivel de fastidiar. Es como ver 20 veces la misma escena en diferentes lugares, provocando una lentitud en el desarrollo de la narración.

En detalles técnicos, la ambientación y dirección de arte para las escenas que ocurren en los 70’s es casi impecable. De gran ayuda le es el color digital que oscila entre un filtro naranja y uno de tonos verdosos para realmente sentir esa atmósfera. Pero con los años 20’s, la historia es otra. Ya mencioné que Rose veía la vida como una gran película muda, por lo que Haynes buscó emular ese efecto en la cinematografía de sus secuencias…sin éxito. Películas como “El Artista” triunfaron en este aspecto, dándole al film ese look antiguo de cine clásico tan real que parecía grabado en ese entonces. Recrear el aspecto blanco y negro es un arduo proceso ya que para cada toma tienen que medirse valores de contraste, saturación, etc que hagan cada frame perfecto. En “Wonderstruck”, Hynes filmó todo, le puso el filtro blanco y negro por default de iMovie y cobró su cheque. Un trabajo tan flojo que parecía de novela del Canal 2, con un vestuario tan plano y chafa que parecía sacado de un aparador de Eje Central para la obra de alguna primaria.

Muchos bodrios tienen algo rescatable (hasta la infame Iron Man 2 tiene el soundtrack recopilatorio de AC/DC), pero hasta en eso falló “Wonderstruck”. Ya ni por haber pagado los derechos para usar el eterno himno de David Bowie titulado “Space Oddity” lo aprovecharon como Dios manda. La emplean de fondo en una secuencia en la que no pasa nada y todavía la cortan. Pero peor pecado aún es que en los créditos la covereó un coro infantil que no le atinaba a ninguna nota. Pobre David. 

Estimado lector, sé que el tráiler promete otra cosa. A mí me engañó vilmente. Si estaba entre sus planes ir a ver esta película, que estrena esta semana, y mi crítica no lo convenció de lo contrario (o alguien más lo arrastrará a verla), mi más amplia y sincera recomendación sería que pida el combo más grande de nachos y palomitas para que de esa manera tengo algo en que entretenerse. Yo mejor hubiera visto pintura secarse en una pared, al menos no habría sido tan cursi. 

Etiquetas:  

Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*