David Lean ¿Épica leyenda o cineasta de momentos?

Cuando hablamos de cine épico y bélico, quizá sea este director británico el referente más famoso de dicho dúo genérico, un portentoso artista que no escatima en producción y espectacularidad en cada una de sus obras y que gracias a su esfuerzo, ha regalado al menos dos joyas imprescindibles a ese extenso y selectivo collar de perlas llamado séptimo arte.

Nacido en 1908 y finado en el 91, Lean era un preciosista visual, preocupado por captar toda la belleza y la tragedia humana con su lente, de atrapar el romance y los conflictos emocionales y relacionales a detalle y de proyectar el fenomenal ambiente que engalanaban todos sus films; un maestro de la cámara, la agilidad impresa en sus montajes denotan el primer trabajo cinematográfico al que se dedicó y en el que también destacó ¡Y pensar que iba a ser contador!

Sin embargo, uno de los consentidos históricos de La Academia (constante nominado y ganador de dos premios), también a través de sus 16 títulos ha pecado de repetición argumental y visual, más aún cuando su trabajo se cimenta en la mayoría de los casos en la pura dirección, reflejando una cierta debilidad en su carrera, la cual recae en que sus mejores obras no fueron desarrolladas en el libreto por él.

Ni modo mi David, ojalá y no se me retuerza en su tumba cuando este cazarrecompensas cometa el sacrilegio de pasar su obra por la siempre cierta e inmisericorde “Regla del Cazarrecompensas” a petición del estimado @rigosslo

5. Excelsa

4. Buena

3. Mediocre

2. Absurda

1. Cochinada

0. Sin comentarios

Las primeras tres películas de Lean son el perfecto ejemplo de su maestría, no debido a su trascendencia, recibimiento o calidad (De hecho dos de ellas son ejercicios mediocres para la época), sino simplemente gracias a la manufactura visual y estructura narrativa de estas, donde el realizador imprime no solo su peculiar estilo y ritmo, sino también su versatilidad y dominio de los géneros y sus lenguajes cinematográficos siempre con la base dramática como cimiento argumental. Así, ya con  más de 10 años de experiencia como editor, a sus ya 34 años (un poco viejo para empezar su carrera como cineasta para la época), estrena co-dirigiendo In Which We Serve, un drama bélico de magnífica estructura en el cual mediante flashbacks, un grupo de supervivientes narran los hechos en los que estuvieron inmiscuidos durante la guerra; un relevante ejercicio fílmico que aún se puede conseguir en paquetes especiales de oferta del director.

Coherente con su época (en donde directores de su talla producían y dirigían constantemente), Lean estrenaría This Happy Breed y Blithe Spirit, dos comedias, una negra y otra de tono fantástico, que solo servirían de experiencia e incursión en uno de los géneros en los que repetiría con mejores resultados, pero en el que no logró consagrarse ¡Y con mucha razón! Pues el realizador dio cuenta que la mediocridad de estos films no lo llevarían a nada bueno.

Con su técnica y estilo ya refinados, poco tiempo bastaría para que Lean despegara. En 1945 el drama romántico de Brief Encounter le regalaría sus primeras nominaciones directas al premio de la Academia y el galardón en el Festival de Cannes; el director imprimiría una impresionante tensión y ritmo a esta historia sobre infidelidad convirtiéndola en uno de los mejores y más olvidados ejercicios de su carrera. También aquí el británico haría el primer hincapié en su sensacional dirección de actores, al lograr transmitir (también gracias a las buenas interpretaciones) la desesperanza, la pasión y el desamor de excelente manera.

Acostumbrado a la excelencia y acogido por los estándares del cine americano, Lean comenzaría una relación con la obra de Charles Dickens, la cual procreó dos cintas: Great Expectations (1946) y Oliver Twist (1948). La primera gozaría nuevamente del reconocimiento de Oscar y del público al otorgarle varias nominaciones, gracias quizá a la mejor adaptación de la novela de Dickens que a lo largo de la historia se ha visto mallugada incluso por un aún inexperto Alfonso Cuarón. La inminente comparación es que Lean sencillamente vuelve a convertir en espectacular todo sus proyectos a través de su lente y su visión artística no ajena al entretenimiento, a pesar de que la mayoría de sus relatos se desarrollan dentro de un marco dramático con complejas estructuras en sus personajes.

Sin embargo, la edad oscura llegaría para el visionario. Comenzando con la mencionada segunda adaptación de Dickens “Oliver Twist” (la cual aunque logró hacerse del BAFTA quedó como un ejercicio de total intrascendencia frente a otras mejores adaptaciones), Lean proseguiría a repetir el argumento de Brief Encounter con mucho menor resultado en The Passionate Friends (1949), otra adaptación sobre la infidelidad que marcaría una tendencia inexplicable sobre relatar historias donde el motif y/o giro de la trama serían las relaciones infructuosas y la búsqueda del protagónico por vincularse con otra persona. Así, y a pesar de la impecable manufactura, poder visual y ambientación que poseía, Madeleine de 1950 sería el primer gran descalabro en su filmografía, centrando el trasfondo de la trama en dicho síndrome y que marcaría una baja obvia de calidad autoral y narrativa

La debilidad de Lean se había se había revelado. Al estar sus primeras 4 obras basadas en relatos de Noel Coward y sus siguientes dos en Dickens, pareciera que el británico se encontraba abandonado, al no tener bases estables en donde posicionar su única y fastuosa visión y resguardarse en historias totalmente olvidables y ajenas a esa maestría percibida desde sus primeros trabajos.

El fondo llegaría dos años después con The Sound Barrier, drama bélico el cual consagraría la producción de todos sus films (el sonido es revolucionario), pero que también definiría la repulsión del autor por los guiones originales. Esto no desmerita su obra, pues las cualidades del británico ya eran más que conocidas  ¿Qué historia era merecedora de su adaptación? ¿De su mano directriz? ¿De su espléndida transformación al séptimo arte?

Antes de convertirse en leyenda, ensayaría con dos adaptaciones de puestas en escena; la primera sobre el crecimiento y revolución femenina durante la época victoriana, la cual se haría acreedora al BAFTA, le regalaría a Charles Laughton tal vez su mejor actuación y rescataría a Lean del bache artístico en el que se encontraba. Al parecer había encontrado en el teatro su salvamento, una creativa comedia poco conocida y en la cual desplegaría todas sus virtudes. Su siguiente film sería escogido por el maestro como su despedida del guion (tardaría 30 años en volver  a retomar el rol), sería una correcta cinta romántica apoyada en la figura de Katherine Hepburn, pieza fundamental para que Lean pudiera solventar una narrativa nada espectacular y convertirla en un agradable ejercicio que incluso le otorgó otra nominación al Oscar como director, en gran parte gracias también a la nominada y gran actuación de Hepburn en un papel más que dominado por la experimentada actriz.

Llegaría la era en el que el cine de Lean se convirtiera oficialmente en legendario, ese cine del que Stanley Kubrick, Steven Spielberg, Sam Peckinpah, Sidney Pollack y decenas de otros aclamados cineastas refieren como de gran influencia en su trabajo, ese cine que significa el porqué David Lean debe ser considerado como una de las piedras angulares del séptimo arte, ese cine que consagraría todas sus virtudes y lenguaje cinematográfico soportado en grandes producciones. David Lean conjugaría la espectacularidad con el arte con soberbios resultados.

The Bridge on the River Kwai, en una época en que el Oscar gozaba aún de credibilidad, sería solo un escalón más para la trascendencia de un film completo, que en todos sus rubros técnicos y artísticos vio la excelencia gracias a la mano directriz de Lean, que con un tremendo ritmo y grandes actuaciones alcanzó en este su primer as la gloria cinematográfica que se plasmaría en la historia de un ejército británico esclavizado y forzado a construir a un puente, excusa perfecta para transmitir un relato de obsesión y perfección, dos conceptos que Lean supo comulgar en su drama bélico (género que lo vio nacer) y su lenguaje artístico, y que Sir Alec Guinnes supo transmitir para lograr la empatía necesaria y la recordación perdurable del film .

Sin embargo, su segundo as sería su punto máximo como cineasta, una oda y homenaje al celuloide y sin duda uno de las mejores joyas fílmicas jamás realizadas; Lawrence of Arabia es un ejemplo de maestría audio visual, desde su banda sonora hasta la perfecta adhesión de Peter O´Toole al material biográfico, el paseo que brinda Lean a través de su lente y sus ya característicos planos panorámicos son ensalzados por un cuento de metamorfosis humana frente a un conflicto bélico irregular y complejo, donde los poderes sociales, culturales y políticos se adueñan de una figura y de los seres que la rodean, los cuales serán incapaces de hacerles frente aún cuando sus personas se engrandecen, llevándolos al final a un falso confort y la destrucción de sus corazones e ideales. Una cinta magistralmente estructurada y llevada con cariño por Lean y su grupo de actores que brindan uno de los repartos más exquisitos que ha visto el cine: O´Toole, Anthony Queen, Alec Guiness, Jack Hawkins y Omar Shariff, este ultimo brindando una de las actuaciones de reparto más grandes de la historia, desgarradora y madura, siendo el vehículo de entendimiento de un protagónico hasta cierto punto inentendible.

Ya lo decía Spielberg, David Lean les jodió a todos la oportunidad de hacer una película sobre el desierto, pues nunca abra algo igual o más grande que Lawrence of Arabia.

Su tercia de ases se complementaria tres años después con Dr. Zhivago, invaluable drama que si bien no contó con la genialidad de sus dos predecesoras, si concluye una era de 6 años de excelencia cinematográfica, una cinta madura que denota a un realizador que conoce el estatus en el que se encuentra y que se da la libertad creativa y visual para embellecer la era bolchevique a lado nuevamente del ahora buen protagónico de Shariff y la soberbia belleza y talento de Julie Christie.

Con dos justos y hasta esa fecha bien reconocidos premios de la Academia, Lean podía llevar a cabo cualquier proyecto que y como quisiera. El maestro decidió descansar después de más de 30 años de actividad ininterrumpida dentro de la dirección, guion, edición y/o producción; por primera vez en su carrera dejaría pasar 5 años para su siguiente proyecto, con el cual pondría la cereza a su gran y sabroso pastel fílmico. Así, Ryan’s Daughter nuevamente sería acreedora a nominaciones y galardones académicos para él y su reparto en un ambiente argumental donde se sentía cómodo: el de la infidelidad, solo que esta vez el guionista de Lawrence of Arabia y Dr. Zhivago, Robert Bolt, justificó la repetición con una historia bien estructurada y ágilmente narrada.

Para desgracia de los espectadores y gracia propia, Lean se exiliaría durante 14 años; el británico sabía que había hecho bien y un largo descanso y alejamiento de la industria parecía justa y necesaria. Regresaría en la década de las 80’s con la que sería su última obra, una cinta con más pena que gloria que alcanzó un status injusto debido también al cariño y sorpresa de su regreso y a su próximo fallecimiento. A Pasage to India fue un ejercicio mediocre que solo se dedicó a recordarnos la pericia directiva en sus actores y en esos maravillosos panoramas de un Lean que había ya visto pasar sus mejores épocas y, que 4 años después, pasaría a unirse a la otra vida, una vida en la cual David Lean es sinónimos de grandeza cinematográfica, de belleza artística y de espectacularidad visual.

El Maestro influyente del mismo Kubrick o Spielberg  había fallecido en 1991, mientras preparaba la pre-producción de la cinta Nostromo, adaptación de la homónima y ficticia novela política. Un cineasta callado, ajeno a los escándalos, perfeccionista y soberbio, ejemplo de los estándares mas altos del arte audio visual y digno de ser considerado como uno de los mejores que ha regalado el cine a sus amantes y espectadores. David Lean no solo jodió a todo el mundo la oportunidad de hablar sobre y emocionar con el desierto, sino también con la infidelidad, el romance, la guerra, la obsesión, la esclavitud, el amor y la revolución idealista, temas recurrentes y hermosamente plasmados por un lente único, intimo y romántico.

Con 3.6 en la regla de cazarrecompensas, Lean y sus 16 films quizá pequen en la repetición y en una peculiar etapa de mediocridad, sin embargo, sus tropiezos son justificables cuando recordamos sencillamente a un Alec Guiness detonando con su muerte un puente o a un Omar Shariff llorando por la pérdida de la moral e ideología de su amado y admirado amigo; ese era Lean, un director capaz de transmitir la más pura aventura y la mas íntima de las emociones con los mismos, realistas y mágicos resultados

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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