El camino más largo, la ruta de un Bunbury transitorio

Hay algo en Enrique Bunbury que atrae a multitudes, no sólo a féminas ardientes que se arrojarían a él sin la menor contemplación para cumplir cualquiera de sus caprichos, sino a miles que encuentran en su delgada figura y temblorosa voz una especie de representación de lo que antaño se conocía como poeta maldito; un condenado a sufrir y hacer de ello una obra con tintes poéticos y resquicios de belleza que le permiten llenar por un lado, un vacío emocional (del que parece gozar a la vez que lo padece) y por otro, contrarrestar el absurdo valor de la fama.

Guste o no, el aragonés lleva años siendo una de las figuras más importantes en la escena del rock en español; primero en sus años mozos como la voz de Héroes del Silencio y posteriormente en solitario. Desafiando modas, mezclando géneros y apostando siempre por el rock and roll, Enrique hace oídos sordos a sus detractores, decide recorrer el camino más largo y nos lo muestra en este rockumental intimista con tintes de un diario que curiosamente parece gritar el retiro del artista de los escenarios en discordancia con la gira que está presentando en la actualidad.

descarga (1)

¿De qué va?

Lo primero que habría que cuestionarse es por qué en plena ejecución de la gira que se está llevando a cabo, llamada Mutaciones, se decidió que era una buena idea presentar este documental con material que proyecta sucesos de hace ya 5 años, cuando en 2010, Enrique y su banda (Los Santos Inocentes) luego de un éxito impresionante que los llevó a tocar en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, decidieron dar un giro completamente distinto y volver al origen, aventurándose a hacer una gira de 25 conciertos a lo largo y ancho de los Estados Unidos y presentándose en los lugares más inhóspitos donde su fama es “prácticamente” inexistente; donde los latinos son minoría y los gringos le quieren impedir plasmar su firma en las paredes de uno de los míticos House of Blues.

descarga (2)

En una primera instancia, este road video muestra la idea del cantante de retomar la esencia de sus inicios, cuando nadie lo conocía, viajando a ciudades como Nashville, Salt Lake o Dallas en un camión incómodo, comiendo lo que el menú carretero puede ofrecer y tocar en espacios pequeños para apenas unas 300 personas. Ahí donde a base de mentadas de madre, abucheos y otras tantas peripecias se formó y convenció a muchos de su talento. Hasta aquí parecería un ejercicio interesante para compartir con los fans, pero en esa ruta aparentemente llena de calamidades, algo terminó por no convencer.

¿Y qué pasó?

Y es que hubo algo con lo que al parecer, ni Bunbury ni su equipo contaron: los latinos en Estados Unidos SIEMPRE van a aparecer, por lo que en la mayoría de las presentaciones que captó Alexis Morante, los gritos, aplausos y el coro de sus canciones son inevitables. Y mire, sin afán de joder, yo me quedé con muchas ganas de ver al zaragozano perreándole ante un público netamente anglo y comprobar que efectivamente el crear empatía musical con los gringos no es cuestión de idiomas ni es imposible.

images

Luego todo se torna en una melcocha agridulce que nos abre la ventana indiscreta a los arrumacos de Enrique y su mujer, algunos berrinches e irritaciones del cantante; enfermedades, postales del vecino país, chispazos de discrepancias en el Bunbury Team, discriminación de los americanos a unos paisas que se quedan con las ganas de ver al ídolo y una que otra melodía extraída de sus presentaciones.

descarga (3)

Llegado un punto, el hartazgo y el cansancio se hacen presentes en el artista (y en unos cuantos espectadores del documental). La muerte de su felino fiel compañero y el anuncio del embarazo de su esposa, crean un poderoso detonante que explota en una idea que pone a temblar a los fans: ha llegado el momento de parar. Y así fue, el artista paró por órdenes místicas- divinas y el mundo siguió su curso hasta este 2016 en el que tras la grabación de su MTV Unplugged, retomó los escenarios y volvió a las andadas.

¿Y entonces?

Diríase que los 88 minutos de metraje bien podrían haber esperado su salida en un dvd o blu ray para verse desde la comodidad del hogar; no hay una fotografía destacable, una banda sonora especial o algo que justifique su aparición en las pantallas grandes de los cines. Entiéndame, sigo al español desde hace años, pero sencillamente no puedo encontrar el argumento que dé sustento a lo que vi anoche. Lo de ayer fue algo así como una experiencia groupie, un pretexto para ver a Bunbury un mes antes de su tour por nuestro país y poco más.

¿Hay que verlo?

Si es usted un fan de hueso colorado la pregunta le va a ofender, sin embargo, no podrá negar lo que en líneas anteriores le expuse. Si usted no es fan, digamos que esta hora y media bunburiana pasará sin pena ni gloria sin alterar en lo mínimo su existencia.

images (1)

Dejémoslo pues en que a sus casi 50 años, tras haber conseguido todo aquello por lo que un músico ha luchado por más de 30 años, Enrique puede darse el lujo de transitar con pausa y sin prisa el camino más largo, el mismo que le recuerda por lo que alguna vez pasó y por donde aquellos que pretender convertirse en las nuevas estrellas, caminan, caen y con suerte, se levantan para volver a apostar por el rock and roll.

 

 

Etiquetas:  

Acerca del autor

Cat Movie Lee    


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*

*