El juego de la fortuna: Brad Pitt el mejor actor prolífico de Hollywood

 

 

Algo pasa con Brad Pitt que ya nadie habla de lo absolutamente guapo que esta (verdad señor Fett). Es un ejemplo de cómo llevar una carrera en la meca del cine, haciendo trabajos siempre a la altura de su nivel actoral. Al contrario de gente como Leonardo DiCaprio que tiene un excelente agente y que le consigue trabajar con los mejores directores, pero que su gama actoral es muy básica; Pitt logra que cada trabajo sea bueno independientemente del género cinematográfico. En Moneyball (2011) o malamente traducida El juego de la fortuna (sic), Pitt nos enseña cómo llevar una película con su sola presencia y sin exagerar en el histrionismo.

Billy Beane (Pitt) es un gerente general del equipo de Oakland hace 10 años, y narra las aventuras de Beane en tratar de que su equipo, con un presupuesto paupérrimo en comparación con los equipos millonarios de las grandes ligas, logre competir y ganar una serie mundial. Al mismo tiempo, observamos como Beane, por medio de un buen uso del flashback, llego a ser beisbolista de grandes ligas para después retirarse por no triunfar como pelotero en las ligas mayores.

Gran parte del buen ritmo de la película se lo debemos a Bennett Miller quien con solo 3 películas en su haber, incluida esta, logra que el film se desplace cómodamente sin grandes aspavientos, ni recursos baratos a la hora de crear drama.

A pesar de su poca experiencia a la hora de dirigir, ya había sido nominado como mejor director por su contribución en el film Capote (2005). Aquí ya había trabajado con actores de la talla de Philip Seymour Hoffman quien repite en esta película logrando que Miller se sienta cómodo trabajando con grandes actores como Pitt y Hoffman.

La película nunca decae, debido al buen uso del flashback, y que gracias a la dirección notable, buena fotografia y edición, este recurso no cansa ni hace que nos distraigamos en la narración del presente. Pero como ya lo había mencionado anteriormente, la película descansa en los hombros de un actor consagrado de la talla de Pitt, quien haciendo un trabajo dramático sin grandes cambios emocionales, logra que nos centremos en la forma de ver el mundo de su personaje.

Otro punto a favor de la película, es que nos muestra la situación “familiar” de Beane, quien a pesar de mostrar el clásico cliché Spielbergiano (niña güerita que tiene padres divorciados) el director nunca se mete en la trampa chapucera de dotar al film de un mensaje moralista o paternal. Logrando que el vínculo entre Pitt y Kerris Dorsey (que seguramente la veremos mucho en futuros films) sea preciso para el relato.

Para no olvidar, la actuación de un joven geek recién egresado de Yale, un Jonah Jill sobrio que dota al ritmo de la película esa pausa cómica, logrando que el espectador se ría en los momentos precisos. 

Para los que gustan de las películas que nos muestran una relación directa con los deportes desde las entrañas, esta película es excelente y que gracias a su final, uno sale de la sala pensando en dilemas morales y sobre todo reflexionando acerca del famoso “soy el mejor”. Excelente película.

Sobre el Autor

Soy lo que escribo. Ya realicé la Prueba Voight-Kampff, y pasé. Cursé un diplomado en historia y análisis de cine. Cinéfilo de corazón, guionista, crítico políticamente incorrecto. Amante del buen rock. And all this science I don't understand It's just my job five days a week. Visitame: http://thetimeisgone.blogspot.com/

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