Aquaman – Los siete mares se han unido

“¡Que ya empiece la maldita película!” quería gritar desde mi butaca a la interminable ola de comerciales sosos navideños de alguna tienda departamental y al reel de tráilers (que generalmente disfruto) que fueron proyectados previos a la función del estreno nocturno de una película que esperé por lo que me parecieron eones: Aquaman. Hace un año, escribía un tanto decepcionado…más bien bastante decepcionado de la carnicería que se le había hecho a la anticipada Justice League. De las únicas cosas que pude rescatar del “marvelizado” corte que tuvimos la desgracia de ver en pantallas, fueron las pocas secuencias en las que se pudo apreciar en acción al renuente y solitario Atlante. Esos fugaces vistazos a lo que podría llegar a ser su film en solitario, fueron suficientes para emocionar aún más al acérrimo fan que Aquaman tiene en mí y ansiar, como niño gordo ansía una rebanada de pastel, ver el resultado final que el ya experto director James Wan (Saw, The Conjuring) habría de entregar. Los tráilers no habían decepcionado. Ni siquiera aquel con una duración de cinco minutos quemó todas las sorpresas que viviría Arthur Curry (Jason Momoa) en su camino a convertirse en el verdadero rey de la Atlántida. Todo el spam que la cadena de cine decidió ensartarnos por fin terminó y había llegado la hora de sumergirse en aquel mundo fantástico que sólo existía en el papel. Inconscientemente, aguanté la respiración antes del chapuzón y el viaje comenzó…

Tras los eventos de Justice League y de haber hecho su parte para salvar el mundo, Arthur Curry continúa con su solitaria vida sin rumbo aparente, ayudando a quien se encuentre en peligro en medio del océano. Aún siendo ese paria que siente no pertenecer a ningún lado, debido a que su madre es realeza Atlante y su padre un simple humano, será contactado por Mera (Amber Heard) para regresar a la Atlántida y reclamar el trono que por derecho es suyo, antes de que su medio hermano Orm (Patrick Wilson, el muso de Wan) aproveche el poder que ser rey le da y se vengue (con justa razón) de las porquerías que los humanos hemos hecho al mar desde siempre. Pero no será sólo ir a repartir madrazos a su carnal y ya, Arthur y Mera habrán de emprender una búsqueda del tesoro para hallar el poderoso Tridente del rey Atlan, que le dará legítimo poder sobre el mar y sus criaturas.

La trama está basada principalmente en el arco “Throne of Atlantis” que se publicó entre el 2012 y 2013, y que posteriormente fue adaptado para el filme animado del mismo nombre en el año 2015. Sin cerrarse únicamente a esta narrativa, Wan se sumergió en las profundidades de los 77 años de historia de Aquaman para traer elementos, lugares y personajes que lograran integrar una eficiente y actual versión del mundo del Atlante. Por ejemplo, los fans reconocerán la rápida aparición de un musical y alegre pulpo así como el diseño original del casco de Black Manta. Llama la atención el increíble parecido que la caracterización de Patrick Wilson como el príncipe Orm (que en los cómics tiene el cabello negro), guarda con el look más clásico de Aquaman. El enfrentamiento entre ambos estilos pareciera ser la manera del director de decir “el futuro es ahora, viejo” a todos los que inicialmente se quejaron del cast del polinesio por sobre un güero desabrido más. Y ya entrando en el tema, hablemos del desempeño del dueño de los suspiros cachondos de la señora de la butaca de atrás, Jason Momoa.

Anteriormente, reconocí el gran acierto de Zack Snyder al haber roto el estereotipo del personaje y castear al esposo de Khaleesi como el rey de los océanos. Gracias a provenir de una cultura estrechamente unida a los océanos en la vida real y en su mitología, Momoa encarna a la perfección la ambivalente forma de ser de Aquaman. De hecho, los tatuajes del actor lo confirman. Las filas de triángulos negros de sus brazos, representan a su ?aumakua o dios de su familia. En la mitología hawaiiana, es un ancestro que regresó al mundo terrenal en una forma diferente con el fin de proteger a sus descendientes. En el caso particular de Momoa, su ?aumakua volvió como un tiburón. De esta manera, cuando entra al agua los tatuajes triangulares que representan los comillos del escualo, le dan a entender a dichos animales que él es uno más de ellos. ¿Qué es más Aquamanesco que eso? Pocas veces se ve a un actor disfrutar tanto de su papel como al carismático Jason, el rol le queda a la perfección porque es él mismo y lo explota como debe ser.Volvemos a ver a Amber Heard como la aguerrida princesa Mera. Justice League nos dio un leve atisbo a sus poderes y papel. Aquí ya está en su elemento y tendrá que hacer gala de sus habilidades hidroquinéticas para salvarle el pellejo a Arthur más de una vez. La química entre ambos actores es palpable, pueden discutir como pareja casada o divertirse juntos sin que se sienta forzado. Nicole Kidman como Atlanna, madre de Arthur, tampoco es el cliché de la dama en peligro. Sorprende verla pateando traseros de la forma en que lo hace y pues, es Nicole, siempre cumple. En el papel de villanos tenemos a Patrick Wilson como Orm, que no viene a ser un maquiavélico antagonista obsesionado con el héroe. Para él, Arthur es sólo un estorbo a aspiraciones más grandes y subestimarlo será su error. En cambio, el Black Manta de Yahya Abdul-Mateen II si es ese villano empecinado a buscar la perdición del héroe. Batman tiene al Joker y Aquaman a Black Manta. Esta entrega sirvió únicamente como una satisfactoria pero breve presentación de este personaje, que se perfila a ser el terrible villano que es para la secuela. Completan el cast Willem Dafoe como Vulko (el Obi-Wan/Sr. Miyagi de Arthur), Dolph Lundgren como el rey Nereus y Temuera Morrison como Thomas Curry, padre de Moana…perdón de Aquaman.James Wan hace algo muy particular con el tratamiento de la película que la hace bastante dinámica. Inesperadamente, logra integrar varios géneros cinematográficos en esta cinta de superhéroes. Las espectaculares batallas y visiones de los reinos submarinos son algo sacados de un sci-fi digno de Star Wars. Los flashbacks al pasado de Atlantis son de una épica fantástica como El Señor de los Anillos. De hecho si ponen atención hasta verán al testarudo enano Gimli haciéndola de pedo en algún lado. De repente, la trama comienza a tener dejos de comedia romántica ochentera antes de dar paso a convertirse en un cine de aventuras, que llega a remitir a la clásica “Romancing the Stone”. La nostalgia de Wan se hace más presente con otros flashbacks a la infancia de Arthur en la que es entrenado por Vulko en las técnicas de combate Atlante, en una clara y mencionada referencia a Karate Kid. Obviamente, el director no puede apartarse de su amado género de terror y lo demuestra con la presencia de diversas criaturas que le darán pesadillas hasta al Atlante más rudo, venidas del terror cósmico creado por H.P. Lovecraft. Superhéroes, sci-fi, épica fantástica, comedia romántica, artes marciales, aventuras y terror. Siete géneros que se unen como los siete mares para formar un todo.

Los efectos visuales desarrollados son algo que vale mucho la pena de la cinta. “Aquaman” nos lleva a un contexto pocas o nulas veces abordado en el cine live action, el fondo del mar y los seres que lo habitan. El equipo de efectos especiales construyó arneses que le diesen a los actores la posibilidad de simular el nado mientras hacía sus escenas y las voces submarinas suenan con la distorsión que el agua provocaría. El diseño de producción creó llamativos y épicos vestuarios, acordes a una perdida pero avanzada civilización. La música corrió a cargo del veterano Rupert Gregson-Williams que también se hizo cargo del score de Wonder Woman. En esta ocasión la música no sólo es de orquesta, sino que se da la libertad de meter otros estilos que van en función de cada escena. Desgraciadamente, no hay un tema tan pinches épico como el de Wonder Woman, pero cumple con su cometido.

La rivalidad entre hermanos por el poder, no es algo que creó Marvel como algunos fanboys dieron a entender después de ver el primer tráiler de “Aquaman”. Es una historia tan vieja como el tiempo mismo. Teniendo algunos toques shakesperianos que recuerdan más que nada al conflicto entre Edgar y Edmund del “Rey Lear”, la historia cuenta el ascenso de nuestro renuente héroe al lugar que debe de ocupar en el mundo. Alejándose del estilo oscuro de las primeras películas del DCEU, “Aquaman” no comete tampoco el error de “Justice League” de caer en el ya gastado estilo Marvel, soltando chistes a cada rato y sin un sello particular del director (todas esas películas parecen hechas por el mismo cabrón). Wan le imprime su sello, convirtiéndola en una de las mejores películas de superhéroes de los últimos años. Si eres fan de DC, la disfrutarás mucho. Si en tu vida has agarrado un cómic, también te entretendrás y quizá acabes siendo fan del personaje. Si eres fan from hell de Marvel, la vas a odiar porque así son las cosas. Sea como sea, te sugiero verla en IMAX para que tengas una gran experiencia, vale mucho la pena así. Desde la primer escena de Momoa, se rompió por completo la noción del personaje soso e inútil que el Atlante estuvo acarreando por más de 70 años. Hoy llega más badass que nunca. Después de verlo, te dará más miedo toparte con Aquaman que con Batman.

 

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


1 comentario

  • La verdad estoy completamente de acuerdo con la critica, leí en esta página otra crítica que parece hecha por alguien que no esta de acuerdo con la armonía de los géneros que mencionas. Así como el acierto del casting para el personaje. Si haces una película sobre el rey del mar, trae a alguien que creció en el mar.

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