Brimstone: El día, la tarde y la noche del cazador

Parece que el western ha encontrado la forma de infiltrarse dentro de las mejores películas de este comienzo de año. Ya lo veíamos en Logan o incluso visitando a reciente la ganadora de Sundance, el que sería referenciado por Kurosawa como el “padre de todos los géneros”, muestra una evolución que lo ha hecho subsistir, ya sea adherido como un simbionte en algún otro rubro, o bien, adaptándose a las tendencias sociales actuales y estéticas donde el espectador busca más credibilidad narrativa , o por incomodo que parezca, mas brutalidad visual que supere los estándares “moralinos” o  las estructuras cuadradas alrededor de los personajes buenos y malos, descritos así solo por gracia de Dios y del viejo oeste.

Competidora en el pasado Festival de Venecia, podríamos definir a Brimstone como un western feminista, uno crudo, fiel a su esencia de “salvaje” y seductoramente diferente. Uno que de manera oscura define la devastación del llamado “sueño americano” dentro de las comunidades europeas inmigrantes que conformaron (y conforman) el territorio estadounidense.

La cinta holandesa (Parece algo normal que los buenos western se hagan fuera del territorio gringo) de Martin Koolhoven ofrece un compendio – propuesta distinta que de un primer vistazo parece una referencia y homenaje directo hacia cierto clásico: A finales del Siglo XIX, una joven madre muda con un oscuro y misterioso pasado, es acechada por un siniestro predicador

Contada en retrospectiva y dividida en cuatro capítulos, la odisea posiciona a nuestra heroína como el centro del misterio. Su trasfondo se irá desarrollando mientras el holandés nos ofrece un viaje hacia su pasado, dos episodios que alimentarán la hoguera de confusión, odio y retribución hacia su contemplativo y violento clímax ajeno a cualquier moral. Aunque fue criticada en sus proyecciones en Venecia debido a su duración y morbo (Opiniones que su servidor sigue sin comprender y/o justificar), los 149 minutos son hábilmente solventados por una impresión de tensión perversa y estimulante, misma que se extiende durante sus 4 capítulos y que sumergen al espectador en una especie de trance “pecador” al querer seguir apreciando la tortura física y psicológica de una historia que finalmente se revela como perturbadora y alejada de todo valor cristiano, siendo en un segundo plano una fuerte crítica hacía el extremismo del culto religioso.

Si bien es cierto que durante pasajes encontramos situaciones que se notan sobradas o fuera de contexto, Koolhoven tiene buena intensión al querer buscar acomodo a todos esos elementos, sin embargo, algunos encajan… otros no tanto (personajes, muertes o momentos innecesarios)

La actuación de Dakota Fanning es fundamental. El proceso y variadas conversiones tanto físicas como psicológicas sufridas por su personaje son perfectamente retratadas por lo que parece ahora una madura actriz (La mayor de las hermanas Fanning tiene 23 años). El guion ayuda a darle trasfondo y complejidad en un papel que va desde madre hasta prostituta en 3 de los 4 capítulos (Un episodio reservado para su proyección infantil con la también excelente Emilia Jones). Por otra parte, los conocidos por Game Of Thrones, Carice Van Houten y Kit Harrington regalan buenos y pequeños desempeños, sin embargo, mientras que la primera aparece en un rol vital para el desarrollo de la heroína, el segundo sufre las fragilidades del libreto en un papel, si bien fundamentado en ciertos aspectos, muy forzado sobre todo en el momento clave de dicho rol.

Por su parte el antagónico recae en Guy Pearce, actor de altibajos que ya conoce el género y que aquí da vida a un predicador tan oscuro y obsesionado, como preciso, tétrico y mortal. Aquí también el guion exagera en recursos que hace a su presencia omnipresente, casi inmortal, factor que para algunos podría ser justificada desde la naturaleza siniestra – espiritual del rol, mientras que para otros pudiera resultar exagerada dada la contrariedad con los niveles de cruenta realidad que alcanza la historia. Para bien o para mal, las referencias a un clásico como The Night of the Hunter son obvias, sin caer en la similitud de argumentos

Honores aparte para la musicalización del holandés Junkie XL, que alcanza otro excelente trabajo (Mad Max: Fury Road fue el otro) dando a este western otro elemento extra para hacerlo mas peculiar. Así mismo para la fotografía de Rogier Stoffers, el cual con su lente no solo es capaz de captar la naturaleza panorámica y salvaje del rubro, sino que también en esta ocasión lo provee de lobreguez jugando con variados elementos como la nieve, el viento y el fuego.

En conclusión, Brimstone da de qué hablar sobre el western. Si bien la decisión en su conclusión por parte del guion y dirección del holandés deja un mal sabor de boca en la mayoría de la audiencia, el concepto rector del film en la palabra retribución queda incrustada durante todo el brutal y sombrío metraje. Una de esas películas que, al parecer de su servidor, como adicto y amante del este género, podría incluso a ser revalorada en un futuro con mejores rendimientos ¿Un clásico escondido? Quizá ¿Algo peculiar, arriesgado que hay que verse? Definitivamente

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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