Editorial Cinescopia: ¿En qué lugar está México a nivel mundial en Cine?
En la coyuntura del Día del Cine Mexicano y la reciente conclusión de uno de los eventos que más disfrutamos ver como buenos FIFAS que somos, ha surgido una pregunta que muchos familiares, amigos y gente que sabe que me dedico a hablar de cine me ha hecho: a nivel del séptimo arte, ¿en qué nivel se encuentra México? ¿Está igual que en el fútbol? Es una respuesta compleja, pero para contestarla se requiere un análisis histórico y actual.

Como todos sabemos, una de las eras en las que más brilló el séptimo arte mexicano fue la Época de Oro, de 1936 a 1956, donde existieron grandes exponentes en la actuación como Pedro Infante, Jorge Negrete y María Félix, así como directores de la talla de Emilio “El Indio” Fernández y Roberto Gavaldón. Se le reconoce porque fue la época en la que se generó un “star system” que llenaba las salas, así como los primeros reconocimientos a nivel internacional, donde María Candelaria ganó el Grand Prix en Cannes y Gabriel Figueroa ganó un Globo de Oro por la fotografía de La perla.
Sin embargo, el auge de la televisión durante los años 50, así como la recuperación de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, comenzaron a representar una competencia fuerte que daba la impresión de que desplazaría el éxito del cine mexicano.

No fue así, pues entre finales de los años 50 y buena parte de los 70 comenzó un periodo de renovación del cine mexicano, donde encontró nuevos géneros y subgéneros que explorar, como el cine de luchadores, el terror, el cine fantástico, así como el surrealismo de la mano de cineastas como Jodorowsky y Luis Buñuel. También surgieron directores como Arturo Ripstein y Felipe Cazals. Un distintivo de este periodo de renovación fue que comenzaron a tocarse temas considerados demasiado tabúes, elemento que lo marcaría con respecto a la Época de Oro.
La disolución del Banco Nacional Cinematográfico en 1977, que había servido de apoyo a varias producciones, sumada a la crisis de la industria privada, dio paso al nacimiento del cine de ficheras que, sin tapujos, era un cine comercial, pero demasiado barato en calidad. Desde finales de los años 80, durante los 90 y hasta principios de los 2000 surgieron o se consolidaron voces como Jorge Fons, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, que recuperaron un poco el barco.

De toda esta historia se han cosechado:
- 9 nominaciones al Óscar a Mejor Película Extranjera, desde Macario (1960) hasta la victoria de Roma (2018), una nominación a la terna principal de Mejor Película, así como la distinción del primer director ganador de un Óscar por una película no hablada en lengua inglesa.
- Tres directores mexicanos han obtenido el premio a Mejor Dirección en Cannes: Alejandro González Iñárritu por Babel (2006), Carlos Reygadas por Post Tenebras Lux (2012) y Amat Escalante por Heli (2013). Además, en conjunto como país, se tienen reconocimientos como el Grand Prix (María Candelaria), el Premio Un Certain Regard (Después de Lucía), el Premio del Jurado de Un Certain Regard (Las hijas de Abril) y una Mención Especial de la Caméra d’Or (Japón).
- En Venecia se ha conseguido el máximo galardón, el León de Oro (Roma), así como premios en Guion (Y tu mamá también), León de Plata (La región salvaje) y la categoría Orizzonti (En el camino).
- En Berlín también se han cosechado reconocimientos importantes: Canoa, de Felipe Cazals, obtuvo el Oso de Plata–Premio Especial del Jurado en 1976; Museo, de Alonso Ruizpalacios, ganó el Oso de Plata a Mejor Guion en 2018; y Yibrán Asuad recibió el Oso de Plata a Contribución Artística por el montaje de Una película de policías en 2021.

Con todos estos logros, el cine mexicano, ya sea por calidad o incluso por talento, pareciera que a nivel del séptimo arte está más cerca de las potencias. Sin embargo, falta un ligero detalle: el nivel de convocatoria.
Hay datos lapidarios y fuertes. De acuerdo con el Anuario Estadístico del Cine Mexicano, de las 429 películas estrenadas en México, solo 93 fueron mexicanas. De los 186 millones de boletos vendidos, solo 9.1 millones correspondieron a películas nacionales. En el caso del streaming, de esas 93 películas, solo 38 llegaron a alguna plataforma digital.
Entre los problemas de acceso, el Anuario señala que, de la población que no asistió al cine, un 30.3% afirmó que no se enteró de las funciones o que no hubo proyecciones en su localidad.

El año pasado, el cine mexicano cosechó 173 premios internacionales y mantiene una presencia recurrente en los tres grandes festivales: Berlín, Venecia y Cannes. El problema no es la falta de talento, de ideas o de calidad; el problema es que no se ha materializado en una conversación con el público y se ha quedado en la esfera de aquellos que tienen el privilegio de vivir cerca de una zona urbanizada y centralizada o de asistir a los festivales.
Siempre se ha culpado al cine de Derbez o a la comedia barata de Videocine, pero incluso estas películas no alcanzan ni a hacerle cosquillas a los estrenos masivos. Las dos películas mexicanas más taquilleras fueron Mesa de regalos y Mirreyes vs. Godínez: Las Vegas, que juntas sumaron 3 millones de boletos vendidos, cantidad que ni en chiste representa la mitad de lo que recaudó Lilo & Stitch, con 17 millones de boletos.

Entonces, ¿cuál es la conclusión?
Fuera de los atisbos comerciales de Higareda y Derbez, el cine mexicano tiene una enorme calidad y, en muchas ocasiones, sabe contar historias con potencial para ser comerciales. Tiene mucho músculo a nivel internacional y ha sido generador de una enorme cantidad de talento. El problema está en la falta de difusión y distribución, porque, aunque nos pongamos de mamones y pretenciosos, con aires de intelectualidad por no pensar como el público promedio, la cruda realidad es que, sin conversación ni distribución, una obra pierde impacto cultural cuando solo se habla de ella dentro de un círculo.
Y también otro trabajo pendiente es comenzar a quitarnos los complejos que existen alrededor de nuestro cine: desde la idea de que únicamente se cuentan historias violentas o de comedia tonta hasta aquella romantización extrema o comparación injusta con las épocas de Oro y de la Nueva Ola.

Sí, son parte de nuestra historia; fueron quizás algunas de nuestras mejores eras cinematográficas y han marcado nuestro legado cultural, pero, por su contexto social e histórico, serán únicas e irrepetibles. Esas épocas están lejos de repetirse.
Y, contestando la pregunta: ¿dónde queda nuestro cine?
En términos de fútbol, es como una selección tipo Países Bajos o Marruecos: le falta un pasito para poder ser campeona del mundo, con la diferencia de que aquí falta hinchada para apoyarla.

Fuentes
- IMCINE. Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2025. Instituto Mexicano de Cinematografía, 2026. — Fuente principal para estrenos, boletos vendidos, asistencia al cine mexicano, streaming y premios internacionales.
- Academy of Motion Picture Arts and Sciences. Academy Awards Database y The 91st Academy Awards. — Nominaciones mexicanas y premios de Roma.
- Festival de Cannes. Archives & Awards. — María Candelaria, Después de Lucía, Japón, Post Tenebras Lux y Heli.
- La Biennale di Venezia. Venice International Film Festival – Official Awards. — León de Oro de Roma y archivo de reconocimientos del festival.
- Berlinale. Awards Archive. — Canoa (1976), Museo (2018) y Una película de policías (2021).
- Golden Globes. The Pearl – Awards Database. — Globo de Oro de Gabriel Figueroa por la fotografía de La perla (1949).