Editorial Cinescopia: ¿Hay necesidad de ser “Pirata”?

En los días pasados, en el ciberespacio surgió el siguiente tweet de un usuario llamado “Jaime Rosales”, quien de acuerdo con su biografía es encargado del Socia Media & P.R de Roadhouse Media, que es una Agencia de Servicios de Publicidad con especialidad en la promoción de películas.

Obviamente las reacciones de descontento no se hicieron esperar dentro de la comunidad cinéfila, principalmente haciendo notar la limitada visión que Jaime tenia acerca del tema, tomando argumentos como la distribución inequitativa de la oferta cinematográfica, la precariedad económica en la cual gran parte de la sociedad mexicana se encuentra y sobre todo el valor intrínseco de una obra arte que va más allá de lo económico.

Desconocemos las razones por la cual Jaime se le ocurrió publicar “eso” (una parte de mi deduce y espera que en su experiencia como mercadologo todo esto haya sido un truco publicitario para llamar la atención), que en un caso extremo raya en una completa ignorancia sobre el panorama cinematográfico.

Sea cual sea el caso, el “tweet” ha traído un tema a colación sumamente interesante dentro de nuestra comunidad acerca de la “piratería” (o “navegar en aguas internacionales” como lo referimos aquí), y como premisa principal tengo que decir que por lo menos en el contexto caótico en el que nos encontramos en Latinoamérica y México , esta es un mal necesario para el desarrollo artístico y profesional de muchos cineastas, críticos y directores, por lo que estoy completamente de acuerdo en lo que varios compañeros del gremio han expresado, especialmente por los siguientes puntos que muchos han tomado como argumentos válidos para defender la postura de la importancia de las “aguas internacionales”:

Estructura de mercado oligopólica

Para nadie es un secreto que la distribución en salas y plataformas obedece a los principios de la oferta y la demanda. Si bien es cierto que se la da preferencia a películas más comerciales, la forma en que las distribuidoras más fuertes han abarrotado espacios ya no se rige por una demanda del público, sino por un sobre saturación del producto, buscando quedarse con todo el “pedazo del pastel “ (tan solo vean las amenazas de Disney a las cadenas de cine por exhibir sus cintas).

Imagínense por un minuto que la propuesta artística se limitara a lo que ofrecen los cines comerciales, Netflix, Amazon y demás plataformas digitales. ¿Verdad que este escenario sería anclarse en un 90% a la visión americana comercial de hacer cine?

Ahora, supongamos por un momento que las propuestas alternativas a esta visión comercial las consumimos de manera legal ya sea por renta, cine o plataformas digitales ¿Cuántas de este universo tendríamos disponible? ¿50%? ¿40%? ¿Menos?

Y para añadirle más “fuego a la leña” ¿cuantas propuestas de festivales como Cannes o Venecia llegan a Latinoamérica? Ahora ya no solamente hablemos de cine de autor o de arte ¿cuántas propuestas comerciales de otros países como China, Corea del Sur, India llegan a nuestro país? (teniendo en cuenta que muchas de ellas son el top en cuanto a la taquilla mundial)

Si somos honestos, menos del 10% de todo este universo lo encontraremos alguna vez distribuido legalmente en nuestros territorios. Entendemos que muchas productoras hacen el esfuerzo por intentar traer algo de cine internacional o indie a nuestro país, pero la realidad es que la estructura es poca comparado con el universo que tiene en frente, el cual probablemente ni siquiera les alcance para traer el 40% de esto. Sabemos que a los de siempre (Disney, WB, Paramount) solo les interesa la parte monetaria, y aunque Netflix, Amazon y HBO han hecho un esfuerzo minúsculo, la realidad es que muchas de estas cintas las ponen de relleno en su catálogo para cubrir cierta cuota. MUBI hace lo que puede, pero tampoco no es suficiente.

Entonces, con este panorama donde la oferta cinematográfica se limita una única visión de consumo, un cineasta, crítico que necesita o quiera ampliar su perspectiva (ya que en la medida que se alimente de otras visiones culturales desarrollará más su profesión), e incluso un espectador que busque otros horizontes, tendrá por fuerza que echarse un clavado en aguas internacionales.

Y es que hay que decir las cosas como son: en términos económicos y culturales, la industria cinematográfica es un oligopólico a nada de volverse un duopolio, donde solo 4 empresas controlan tres cuartas partes del pastel. Bajo este modelo, el mercado seguirá dominado en su mayoría por una sola visión, e indirectamente estos oligopolios decidirán “las visiones alternativas” e incluso tratarán (y tratan) de “tropicalizar” a su cosmovisión estás perspectivas.

Perdónenme por la palabra, pero no chinguen. Si bien he disfrutado de algunas propuestas de estas factorías como consumidor, amante del cine y el arte, si la oferta que me proponen tiene una visión limitada y no me otorgan esa facilidad, estoy en mi derecho (incluso como consumidor) de no comprar lo que me ofrecen y buscar otras alternativas.

Economía latinoamericana precaria

Para nadie es un secreto que las economías latinoamericanas son volátiles, y que esto termina por afectar al bolsillo de los miembros de la sociedad. Consumir cine no es nada barato, la entrada en México puede variar desde unos 40 hasta unos 100 pesos (entrada normal, sin esas salas VIP). Consideren que el salario mínimo está aproximadamente en 200 pesos por día (y eso que no contamos el gasto en dulcería, que puede llegar desde 200 hasta 400 pesos), ahora considera que una película como “Decision To Leave” no está exhibida en todos los complejos y se limita a zonas específicas, por lo que añade un costo de traslado. Bueno ¿Esperar a que salga en un servicio de renta o de streaming? según datos del INEGI, en México solo el 70% de la población tiene acceso a internet, y de la cual solamente el 31% de dicha población internauta está suscrito a una plataforma digital (prácticamente solo el 21% de la población esta suscrita a mínimo una plataforma de streaming), a lo cual se atribuye esto un alto costo de las mismas.

Creer que navegar por aguas internacionales puede ser un acto de alevosía y ventaja contra “los que se dedican al cine”, y no porque las condiciones y el contexto social es caótico, es no ver más allá del privilegio que uno tiene de vivir en una zona céntrica, tener ingresos extra para entretenimiento, y por supuesto de tener un desconocimiento total del manejo cultural de esta industria (además de conformarse únicamente con la visión que dicta el mercado oligopólico).

Entendemos que algunos viven de esto, pero saben, parece que ustedes mismos no conocen a su target, la gente más clavada en el cine, si tiene los medios, va preferir mil veces la película en pantalla grande que en la sala de su casa (como ejemplo tienen los estrenos de Netflix con proyección anticipada en salas limitadas). Si su público objetivo la considera buena, su target la verá en pantalla grande, no importa que la hayan visto en aguas internacionales simplemente por la pura experiencia.

Y por supuesto está la típica excusa de “es que a la gente no le interesa”. Entendemos que hay cierto tipo de cine que por su estilo no es tan popular, pero les recuerdo que también en otras partes del mundo se hacen blockbusters, y que en muchas ocasiones son prácticamente los mismos argumentos que los americanos, ¿por qué no intentar traer este tipo de cintas como gancho para después proyectar otros productos “que se salgan del molde” del mismo país? (¿No creen que el fenómeno ‘RRR’ es una parámetro?)

Sabemos que en la industria de la distribución es caprichosa y complicada, que las leyes de la oferta y de la demanda la gobierna, y es por eso que, en lugar de ver las aguas internacionales como un enemigo, hay que verlo como un aliado que rompe con esta burbuja de heterogeneidad cultural. Una cinta con mucho ruido en estos terrenos puede después provocar que alguien la compre y la distribuya (vean el ejemplo de Pearl, que acaba de ser adquirida por Universal) y al final si la experiencia cinematográfica vale la pena, los cinéfilos van a repetirla ahora en pantalla grande ¿y por qué no? si genera aún más expectativa, atraer a la gente “no crítica o analista” que pueda costear un boleto a las salas de cine

En una época donde la inclusión cultural se ha vuelto un tema actual, siempre he pensado que la mejor forma de tener esta apertura es buscando las fuentes originales, y no esperar a que el mega corporativo venga y te adapte a su propia cosmovisión la idiosincrasia de un país. Esa es la razón del porqué estas corporaciones han monopolizado este mercado, para que la única oferta o visión que se vea es la suya ¡Cuando no es así! hay un mundo en el cine muy rico y vasto como para que nos vengan a decir que la única oferta que debe valer es la del ratón o el conejo, o la que ellos permitan que llegue a nuestros territorios.

Si, si es necesario navegar por estas aguas, lo haremos hasta encontrar el tesoro de la riqueza cultural. A navegar amigos de altamar.

Etiquetas:  

Acerca del autor

El Cine Actuario   @maxpower_ar?s=09   facebook.com/dvclocblog

Actuario/Economista, Amante del Cine, Devoto de Dios, Intuitivo, Curioso, Rockero de corazón, Fanático de los Libros y del deporte de las tacleadas, quesero, colchonero, diablo rojo. "Las estadísticas son la forma en que las matemáticas cuentan las historias" "El arte es una ciencia y el trabajo del critico al igual que el del investigador es exponer sus axiomas y teoremas al mundo" "Estar de acuerdo, en no estar en desacuerdo es saludable"


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*

*