La Boda de Mi Mejor Amigo, 20 años después un mal chiste mexicano

En 1997, el director P.J Hogan, creador de algunas otras comedias sin pena ni gloria, dio a conocer la genial, My Best Friend Wedding. Una historia por demás hilarante en donde Julia (Julia Roberts) se entera que su mejor amigo de toda la vida, Michael (Dermot Mulroney) ha conocido a alguien, y que no solo está enamorado de ella, Kimmy (Cameron Diaz) sino que se casan esa misma semana. Así comienza una de las mejores comedias románticas de los 90s que sin duda, marcó un antes y un después en ese género, pues su final, es completamente opuesto a lo que todos imaginamos en un principio. Ya sabe, y si no, se lo espoileo, Julia deja a Michael y se consuela bailando con su amigo gay, George (Rupert Everett), demostrando así, que el verdadero sentido del amor, siempre nos debe dejar con la mayor de las satisfacciones y que la amistad, es algo que vale oro.

Más de 20 años después, se empezaron los rumores y luego se confirmó, en México se iba a hacer el remake y los mariachis callaron. El responsable de este desmadre inconmensurable es el director Celso García, quien anteriormente nos había dejado con un buen sabor de boca con La delgada línea amarilla (2015). Para esta ocasión reunió a Ana Serradilla (como Julia-Julia Roberts), Carlos Ferro (como Manu- Michael), Natasha Dupeyron (como Pam-Kim) y al español, Miguel Ángel Silvestre (como Jorge-George).

¿Y luego? Pues sabe qué, pasa que esta cinta es como un chiste que uno ya se sabe, que aunque el otro le ponga de su cosecha y le dé vueltas, ya no funciona, no hace reír y si se trata de una comedia romántica que no hace reír, pues tenemos un problema.

Le juro que fui en la actitud más neutral, dispuesta a escuchar, a observar… pero fue inútil. No hay química entre la Serradilla y Ferro, que se supone que deberían de transpirar deseo y amor… sus escenas juntos se sienten forzadas, incómodas… Ana Serradilla hay veces que parece que está leyendo los diálogos y eso, creo, es imperdonable.

Carlos Ferro por su parte tampoco termina de convencer (independientemente de que tenga unos brazos y una espalda de lanchero acapulqueño), se nota tibio, hasta un tanto taciturno… ¿la Dupeyron de niña fresa? ¿no acaba de hacer una telenovela en el mismo papel? ¿dónde está la sorpresa, el esfuerzo actoral?… sobre todo, discúlpeme, pero cómo se puede casar una así, con esas greñas, con un vestido espantoso, si ella es una niña bien, de Guadalajara (sí señor), con un papi involucrado con las Chivas… ¿cómo? Dígame.

Miguel Ángel Silvestre es de lo poco que se puede rescatar, su actuación logra su propósito y se convierte en el sueño de toda mujer, un amigo gay que está para comérselo, que te escucha, te ayuda y siempre te hará reír hasta en el peor momento de tu vida.

En resumen, a La boda de mi mejor amigo mexicana, le hace falta sabor, emoción… hasta diálogos de la cinta original que se omitieron por razones que no entiendo.

Eso sí, si hay algo qué agradecer es lo bonita que pusieron a la perla tapatía, con un Chapala precioso, Ajijic llenito de agua, atardeceres dignos de una pintura, un Tlaquepaque chulo y una zona del Expiatorio bien romántica… muy bonita promoción turística.

Entiéndame, lo grave no es cambiar I say a Little pray for you por un Amante bandido, ni un The way you look tonight por un Mi cielo en tu mirada, lo que verdaderamente da al traste con la película es que no se sea capaz de darnos absolutamente nada nuevo con qué quedarnos, más que con un horrible sentimiento de culpa que regaña a la nostalgia y le dice: Mejor hubiera visto la original en mi casa.

 

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Cat Movie Lee    


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