La Estrada es cortos: Christian… más poderoso que Iztapalapa

Aparentemente ningún país se escapa del “bullying” escolar que no sólo aumenta en número, sino en potencia y medios escrupulosamente seleccionados para tener mayor impacto en el niño o adulto abusado, porque hay que decirlo, también entre adultos existe el abuso.

Increíbles los avances científicos, tecnológicos, políticos y sociales que ha logrado alcanzar la humanidad, tales avances me llevan a pensar que ni  otro “alunizaje” y ni qué pensar de un ejercicio como el que realizara un genial Orson Wells el 30 Octubre de 1938 con la transmisión de una supuesta invasión alienígena a través de la transmisión radiofónica de La Guerra de los Mundos tendría un impacto significativo en esta humanidad adormecida y dispersa entre gadgets y sobreinformación actualizada segundo a segundo (ojo, no estoy en contra de la tecnología, acá mi argumento) que ha cargado la balanza hacia lo que nos rodea y nos ha obligado a dejar de lado momentos de introspección, las ventajas de la estandarización.

A esta empatía hacia nuestro entorno, nuestro ambiente, se ha sumado una crisis moral, ética y religiosa. Ésta última preocupante en países con raíces profundamente católicas porque, desde mi perspectiva, a una suma de choques brutales que han sufrido pueblos como el mexicano a saber: el choque cultural de la conquista y forzado mestizaje; una forzada separación inglesia-estado que deja al campo mexicano a merced de su propia incapacidad de hacer producir una tierra que trabaja, pero no conoce; y finalmente el actual y creciente desapego de por lo menos dos generaciones que reacias a continuar una tradición religiosa en la que ya no confían de pronto deben enfrentar una crisis, como ya dije, moral y quizá hasta de identidad: la tecnología con dispositivos llenos de ventanas, ventanas que muestran nuestro propio rezago económico y cultural.

Pero en este universo también existen los otros, los que se apegan a los aparentemente ya devaluados y obsoletos valores familiares que ultraderechistas luchan por defender como la única salvación de la sociedad, moderados que luchan por mantener tradiciones mientras intentan conciliarlas con la abrumadora ola tecnológica que amenaza con ahogarnos, y los más radicales abandonan para entregarse a un festín hedonista. Puntos de vista y opiniones aparentemente difíciles de conciliar, en donde la intolerancia se hace presente en el día a día y a todos obliga a ser esos otros a los ojos de quienes tienen una posición distinta.

Es de admirar la aportación que hace el director británico Stuart Hazeldine (Exam, 2009) sobre temas de crisis religiosa, abuso, intolerancia y educación en este breve pero impactante y reflexivo corto que toma referencias de la historia más popular de la Biblia cristiana para construir una historia que nos involucra a todos. Christian es un adolescente que se prepara para su primer día en la secundaria, acicalado y -por lo que deja entrever el filme- criado en un entorno sólido y protector deberá enfrentar esa otra realidad, la de los otros niños, los independientes, liberados, incrédulos, Christian confía en sus valores, pero desgraciadamente para él, no pertenece a una mayoría.

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