Líbano (2009) Una sofocante visión sobre la guerra

En el libro “Superficiales, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?” Nicholas Carr analiza la forma en que ciertas herramientas creadas por el hombre para facilitar tareas, también redimensionan el conceptos abstractos. Así la creación del mapa, el reloj y más recientemente la Internet, nos permite medir y por lo tanto controlar conceptos tan abstractos como el tiempo, los compacta de manera que sean fácilmente medibles, comprensibles y, desde luego manipulables, ¿cómo planear la estrategia militar más adecuada sin un mapa que describa a escala y ponga ante nuestros ojos el vasto territorio que se pretende dominar?… Impensable.

Este redimensionamiento quizá ha alcanzado su máxima expresión con la Internet, que literalmente ha logrado poner a nuestro alcance el mundo, no existe noticia, fotografía, o incluso chisme que no esté disponible en cuestión de segundos, ya no mencionar la importancia de las redes sociales.

No obstante la vorágine de información en que estamos inmersos y que nos permite formarnos un criterio sobre el origen y consecuencias de lo que sucede a nuestro alrededor, nos ha convertido en testigos lejanos de estos mismos hechos, así pudimos atestiguar el inicio de la segunda Guerra del Golfo (Irak, Marzo 2000 – Agosto 2003) a través de las impactantes imágenes que todos los noticiarios presumían transmitir en vivo, y el lanzamiento de misiles teledirigidos, guerra en la que ni los televidentes, las televisoras y aún tan solo un puñado de militares participaban activamente, nadie, excepto las víctimas directas de estos ataques.

Samuel Maoz entrega una cinta, sobre guerra sí, pero más sobre quienes la padecen, ya los invasores, ya los invadidos, en una guerra todos pierden.

Líbano no está basada en mi experiencia, es exactamente mi experiencia personal…” S.M.

Durante el primer día de la ocupación israelí a Líbano, Schmulik (Yoav Donat), Assi (Itay Tiran), Hertzel (Oshri Cohen) y Yigal (Michael Moshonov), tripulantes del tanque “Rino”, escolta de un batallón de infantería de avanzada, observan y muestran al mundo el precio a pagar de las guerras, da rostro a las víctimas, aunque no nombre; podría ser cualquiera, atacantes y atacados, les devuelve su condición humana y nos los muestra sin tapujos. Son estas personas, madres, granjeros, ancianos, niños y aún animales quienes representan las verdaderas bajas en ambos lados, personas corrientes e indefensas durante un conflicto bélico en el que un potencial enemigo puede ser cualquiera a quien hay que disparar, es el dedo de militares concienzudamente entrenados que tiembla al disparar contra personas en quienes reconoce un semejante, quien ahí de pie ante ellos no es el enemigo acérrimo y mortal que estrategas en campos militares se atreven a describir como si les conocieran personalmente, dedo que tiembla ante la sola idea de degradarse a verdugos de su propia especie, el alma que duda en envilecerse.

En la milicia israelí los más saludables son designados a la fuerza aérea, la clase trabajadora es asignada a la infantería o a los tanques, supuestamente indestructibles” S.M.

La realidad se filtra a través del telescopio de “Rino“, el tanque fabricado para ser indestructible (como los militares son entrenados para tomar decisiones fríamente  y son contemplaciones) maniobrado en su interior por seres que se convulsionan ante esa pasmosa realidad (como el espíritu de los soldados). El punto culminante de la película se logra cuando los aterrados tripulantes pierden el rumbo, son abandonados por su pelotón y se encuentran al garete, guiados por un grupo de sirios cristianos, en quienes definitivamente no se puede confiar pero no queda más remedio, con un terrorista sirio tomado como preso y depositado literalmente dentro del tanque, y aislados completamente por la barrera del lenguaje. Perdidos en algún lugar de una población civil libanesa, de pronto suena una canción en árabe, cuyo tono simplón e inofensivo no augura nada bueno, hay heridos dentro del tanque y ha llegado el momento de actuar con determinación: renunciar y quedarse varados significa una muerte segura, continuar es adentrarse en territorio enemigo, renunciar no es una alternativa. Todo se adquiere tintes surrealistas, los heridos son “flores”, y “ángeles” soldados muertos, nada más alejado de la realidad que les consume, evasión.

“No pudo haber sido protagonizada por actores de Hollywood…” S.M.

Líbano descansa en un guión sólido, extraordinarias actuaciones, la musicalización es sobria , pero sobre todo, se aleja completamente de la grandilocuencia hollywoodense, de apabullantes efectos especiales y diálogos dramáticos que dudo mucho reflejen los pensamientos de un militar en guerra, toda esta aparente simpleza permite apreciar de forma más directa y honesta el mensaje que Samuel Maoz desea trasmitir: la guerra únicamente la viven quienes la padecen. Líbano es una obra que surge desde la visión de una persona que conjuga su experiencia como ex-militar, director, escritor y sobre todo, humano, que cuestiona la validez de cualquier motivo para iniciar una guerra, cuestionamientos más que válidos en una era en que hemos logrado, como humanidad, acercarnos a todos y cada uno de los eventos que nos rodean, aún a costa de nuestra propia deshumanización.

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