Lucifer, diabólicamente entretenida

Lucifer Morningstar es un personaje salido de las páginas de la novela gráfica de Neil Gaiman conocida como Sandman. En este spinoff Gaiman y Sam Kieth nos cuenta una historia muy distinta de Samael, el cual se ha cansado de su trabajo impuesto por Dios de lidiar con las almas de los condenados por lo que llega a un arreglo con el líder de los Eternos para dejar esa vida atrás. Una vez que obtiene su libertad, se dedica a hacer los trabajos que los ángeles no pueden hacer mientras vive en la Tierra en su bar. El argumento de la serie regular queda a cargo del talentoso Mike Carey quien nos entrega una trama como ninguna otra donde se desarrollan temas de índole religioso sin tapujos ni concesión alguna gracias a que logra integrar la mayoría de los panteones mitológicos del mundo sin limitarse solo a las costumbre judeo-cristianas con puntos de vista y propuestas bastante interesantes. Una verdadera joya del cómic para adultos.

Por eso cuando me enteré que Fox haría una serie basada en este cómic y cuya trama se centraría en Lucifer ayudando a la policía de los Las Angeles para resolver crímenes de homicidio, estuve muy pronto que armar un zafarrancho que las protestas por los gasolinazos se quedan pendejos. Pero obviamente no iba a cambiar nada y decidí simplemente alejarme de semejante blasfemia.

Pero como dice el dicho, El Entretenimiento obra de formas misteriosas y en una de esas tardes domingueras soporíferas sin ganas de salir (y sin de dinero de paso) caí en la tentación del ocio al percatarme que Netflix tiene en su catálogo la primera temporada. Así que igual que Dante al entrar al infierno, abandoné toda expectativa y esperanza antes de empezar a verla.

Para sorpresa mía la serie resultó ser bastante ligera y divertida. Tom Kapinos se las ingenia como un verdadero demonio para tomar los elementos atractivos del cómic e insertarlos de manera hábil en esta serie para lograr dos cosas claves: Distanciarse de todo tema esotérico, blasfemo y herético para que la serie fuese fácil de digerir para una mayor audiencia y lo más importante, centrar todo su atención en el desarrollo y evolución del personaje principal que es Lucifer.

El diablo a la Kapinos es una colección de las preferencias del público actual en donde su imagen ha sido suavizada hacia algo no malo sino travieso que es exactamente el carácter del personaje interpretado por Tom Ellis, quien nos entrega a un Señor de los infiernos muy travieso, entretenido, algo pervertido y en ocasiones hasta ingenuo que a su vez debe contrastar con los poderes que le fueron concedidos por su Padre el Creador y que son algo así como castigar a quienes hayan atentado contra la buena obra de su padre y es entonces cuando se topan con el chamuco. En palabras llanas si simpatizas con el Señor Estrella de la Mañana, ya eres fan de la serie.

Otro gran acierto es la dinámica familiar en la que se ve envuelta el Príncipe de las Mentiras ya que como todos sabemos al final de cuentas tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como metáfora familiar así que esto se refleja más claramente en la serie al ver a ángeles y demonios interactuar entre ellos no como lo narran las escrituras sino como esos familiares distantes y conocidos que prefieres esquivar a tratar con ellos. Así que en lugar de ver batallas épicas entre el cielo y el infierno, tenemos ángeles y demonios fastidiándose de forma pasiva agresiva como la relación tan amable que llevan tu novia y tu mamá.

Este post no estaría completo sin mencionar a la coprotagonista y contraparte humana del diablo, la detective Chloe Decker interpretada por Lauren German quien como han de suponer es exactamente lo opuesto a nuestro Diablo de guarda y es esta dinámica de la pareja dispareja y de la tensión de se quieren y no son novios lo que hace que la serie funcione bastante bien. Como muestra basta comparar las temporadas de otras competidoras como Stranger Things la cual es de 9 capítulos y aun así se sintió que era larga, esta en cambio cuenta con 13 episodios en la 1a temporada y 18 en la segunda y la verdad no lo notas ni se siente pesado.

En resumidas cuentas

Claro hay que analizar esto como lo que es, un vano producto de entretenimiento con momentos de seriedad y solemnidad para equilibrar la serie. Es para divertirse y ver que es lo que pasa cuando lo divino y lo terrenal deciden hacer travesuras creyendo que se está contra el plan de Dios.

Cheers!

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Samuel Spade    


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