Michael: Miren cómo masacraron a mi muchacho

La biopic musical sigue avanzando y progresando con propuestas cada vez más arriesgadas y experimentales que van forjándose un nombre como subgénero dramático, pero viendo todo lo que ha avanzado en los últimos años, es una lástima que la biopic del Rey del Pop, Michael,  acabe por tornarse en otro producto genérico por todas las decisiones tomadas detrás de cámaras, siendo más parecido a “Bohemian Rapsody” o “Elvis” que a “Rocketman” o “Better Man”. Para entender mejor esto, es necesario dividir por partes los segmentos que provocaron que este proyecto quede tristemente como uno más del montón pese al entretenimiento garantizado.

La familia y los negocios no se mezclan

El primer problema está presente desde la ficha técnica, y es que por si no lo saben, la propia familia Jackson está involucrada en la producción ¿Qué significa esto? Que mucha de la historia está hecha como un intento de lavar la imagen de Michael ante el mundo. La trama sólo abarca sus primeros años en el espectáculo, desde su infancia como miembro de The Jackson 5 hasta la salida de su disco Thriller. Sin embargo, tan pronto acaba el primer acto, está claro que toma el formato tipo “Wikipedia” y divide todo en capítulos que parecen más un recopilatorio de escenas en vez de un análisis detallado de su forma de pensar y ver el mundo.

La dirección de Antoine Fuqua otorga buen ritmo y tiene mérito en la recreación de varios momentos importantes en la carrera del cantante, pero también la hace plana. Como resultado, nunca cansa verla porque los números musicales son muy vibrantes y bien coreografiados (recuerda un poco al documental “This is It”), así como presenciar un poco de su lado artístico y creativo. Sólo que a la larga se asemeja más a un videoclip larguísimo en el que las secuencias dramáticas están colocadas sólo para avanzar la trama hasta la siguiente canción, el bucle en el que cae pronto la hace reiterativa. Por más que levante en el último acto, llega demasiado tarde para causar alguna impresión.

Un País de Nunca Jamás dibujado con crayola

Muchos fans alrededor del mundo claman y defienden a Michael Jackson de todas las acusaciones relacionadas al abuso de menores por las que fue ridiculizado en vida. A sabiendas de esto, el guionista John Logan toma la decisión de omitir por completo cualquier cosa que pudiera contribuir a levantar sospechas, y por más que sea entendible, no hace más que quitar parte de la historia. El resultado es que el perfil psicológico del cantante se siente incompleto y por momentos meticulosamente manipulado. Que quede claro: este servidor afirma que él era inocente (más aun que ahora se sabe de su rechazo a toda petición de Epstein), pero hay detalles de tan polémica figura que no pueden omitirse. No debía ser el enfoque principal, pero al querer borrar evidencia, pone todavía más clara la obvia intención de divinizar y santificar al artista.

Si bien no esquiva el lado oscuro relacionado al maltrato físico y psicológico que causó Joseph Jackson en su familia, tampoco ahonda del todo en los efectos que resultaron en su descendencia, por lo tanto, Michael se siente segura y edulcorada al limitarse a mostrar los grandes éxitos del cantante, pero evita cualquier herida y cicatriz que pueda incomodar. Hubiera sido mejor dedicar un tiempo a las acusaciones y resolverlas rápido que pretender que nada de lo sucedido pasó.

Colman Domingo al rescate

Por mucho, lo mejor que tiene Michael es la actuación de Colman Domingo, quien se apropia por completo de Joseph Jackson y entrega a un hombre verdaderamente hostil. Un padre abusivo, manipulador, explotador, de ego frágil y obsesionado con el control y la fama debido a la pobreza con la que inicia (si no se hubiera estrenado tan temprano, seguramente sería candidato al Oscar). Pero como ya es la costumbre, la ausencia de matices lo vuelven totalmente plano y sin ninguna cualidad redimible o por lo menos comprensiva hacia su personalidad.

En cuanto a los demás, hay que hacer una mención especial para el pequeño Juliano Krue Valdi, que interpreta a Michael de niño, no sólo es muy creíble en cada escena, sino que actúa y canta mejor que Jaafar Jackson. Hablando de nuestro protagonista, por más que se le da el mérito de capturar la voz, los pasos de baile, los manierismos y hasta el infantilismo emocional de su tío, su actuación se parece más a una imitación y no alcanza ni la mitad del carisma que tuvo (en gran parte por la superficialidad con la que el guion trata su personalidad). Y como si las coincidencias con “Bohemian Rapsody” no fueran suficientes, ¿saben quién sí sale? ¡Mike Myers! ¡En un rol similar al que tuvo en la fallida biopic de Freddie Mercury! ¿Acaso estaremos ante uno de esos casos donde la aparición de un actor es un presagio a la calidad de la película?

¿Para qué me esfuerzo?

Es insólito y triste que, mientras obras como “Rocketman”, “Better Man”, “Kneecap” y “Hombre con H” fracasaron en recaudar dinero y llamar a la audiencia pese a innovar en el subgénero o intentar hacer las cosas de manera diferente en estos últimos años, “Michael” está muy por debajo de estos ejemplos porque sigue el mismo manual narrativo de cajón, cae en todos los clichés y regresa todo al estancamiento que provocó “Bohemian Rapsody”. Pero tiene la taquilla y el público asegurados por puro nombre (cualquier biopic de cualquier otro artista con el que se haga esto se quedaría en el olvido de la mediocridad de inmediato).

Es innegable que es entretenida, a nivel visual y musical está impecable, y está un poco por encima del resto de propuestas similares, pero comete el error de endiosar al ícono y se lava las manos cuando debe tratar de enfrentar cuestiones peliagudas y delicadas. Funciona para los fans que quieran celebrar al cantante y divertirse con el espectáculo, pero es insuficiente para quienes buscaban entender al hombre detrás del mito. Tomando en cuenta que va a ser dividida en 2, ya podemos imaginar cómo será la segunda parte. Lo más decepcionante de esta carnada de Oscar (la primera del año y apenas vamos comenzando) es que un ícono de la talla de Michael Jackson también merecía más, mucho más…

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Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


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