Nyad: La obstinación como motor principal.

Elizabeth Chai Vasarhelyi y Jimmy Chin no son sólo un matrimonio dedicado a los documentales, también un par de realizadores enamorados de las historias en las que se rebasan los límites establecidos y los individuos se transforman hasta casi alcanzar el heroísmo. Así, han relatado estos triunfos en cintas como ‘Meru’ (premiada en el Festival de Sundance), ‘The Rescue’ (galardonada en el Festival de Toronto) y la ya famosa ‘Free Solo’, que se hiciera acreedora a un Oscar por Mejor Documental en el 2018. Reconocemos su trabajo con los méritos que hablan por sí solos, disfrutando de nuevas hazañas que la mayoría de los espectadores desconocíamos.

Su más reciente filme está otra vez inspirado por un suceso verídico, aunque su hechura dista de lo llevado a cabo anteriormente. ‘Nyad’, como su nombre lo indica, tiene como protagonista a Diana Nyad (Annette Bening), una mujer que, al llegar a los 60 años, decide reintentar el trayecto que nadara incompleto en su juventud: 110 millas de Cuba a Florida. Empecinada en conseguirlo, convencerá a su mejor amiga Bonnie (Jodie Foster) para que sea su entrenadora, además de unir a un destacado grupo de expertos para conformar el equipo que le ayude en una aventura que se antoja inverosímil.

Basados en las memorias publicadas en 2015 que llevan por nombre ‘Find a Way’, la dupla Vasarhelyi / Chin prefiere en esta ocasión narrar a través de actores la travesía de la neoyorquina Diana Nyad. Es gracias a esta elección que apreciamos el primordial acierto de la película: La atinadísima presencia de Annette Bening, y la enriquecedora experiencia de Jodie Foster. Las intérpretes manifiestan de inmediato una muy agradable sinergia, que se desarrolla desde las bromas de dos camaradas de toda una vida, hasta los peligros a los que se enfrentarán cuando las planeaciones fallen y se encuentren expuestas. Secundadas por un circunspecto pero enternecedor Rhys Ifans, no necesitan demasiados adornos para dotar a la trama de dramatismo, temores y arrojo suficientes.

La mayor parte del tiempo en pantalla está sostenida por Bening. Entrega en ‘Nyad’ un trabajo superlativo en lo que respecta a la parte física, ya que, después de entrenar durante más de un año y lograr entonces nadar ocho horas continuas, tuvo que aprender igualmente la forma en la que Diana ejecutaba sus movimientos: cada cuándo respiraba, de qué lado lo hacía, cómo eran sus brazadas. Afortunadamente, Annette encarna su temperamento duro y su turbulenta obstinación de una manera tan sensible y aterrizada que la audiencia no nada más empatiza con ella, también le es posible comprender cuáles son sus motivaciones y apoyar lo descomunal de su anhelo.

De orígenes griegos, el apellido Nyad puede traducirse como ‘Ninfa del agua’. Esta frase se convierte en un leitmotiv del largometraje, haciendo alusión al destino del personaje principal. Si bien no podría dictarse como verdad o premonición, sí se siente como un estandarte para una atleta que opta no desestimarse por el tiempo transcurrido o la edad que posee. Atestiguar los esfuerzos sobrehumanos de la competidora (magníficamente respaldados por un maquillaje que nos presenta un gradual deterioro y agotamiento) nos lleva a reflexionar acerca de si es válido abandonar un sueño, o en qué momento nos dejamos derrotar por alguna negativa o traspié.

La vivencia de Diana es una enseñanza de que la edad no sólo no es un impedimento, sino que puede convertirse en el estímulo más potente: que nadie desdeñe la fuerza que somos capaces de mostrar justo cuando ya no apuestan por nosotros.

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Acerca del autor

Ale Vega    

Fan del cine, la lectura y el fútbol, y siempre a favor de las propuestas que incomoden y cuestionen. Fiel creyente de que el arte no debería calificarse con estrellitas ni medirse a través de la taquilla. Todo lo vivo como un tiro al travesaño.


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