Stoker, como la criatura de Bram, pero sin colmillos

Mia Wasikowska corre el riesgo de encasillarse en el papel de la tipa rara, “especial”, o “diferente”. Acá interpreta a India Stoker, quien se viste como abuela, tiene un super oído y es la nerd de la secundaria del pueblo. Resulta que el día de su cumpleaños número dieciocho coincide con la muerte de su padre. Un supuesto accidente donde el coche donde viajaba el arquitecto Richard Stoker (Dermot Mulroney) se incendia con él adentro.

Ése hecho marca la llegada de su hasta ahora desconocido tío Charlie (Matthew Goode), y el inicio la estadía de éste en la casa que ahora sólo ocupan ella y su madre, Evelyn (Nicole Kidman).

India no se muestra receptiva a la presencia de su tío. No sólo porque es un completo desconocido, sino porque pareciera que Charlie intentara reemplazar a su padre, siendo muy insistente en su amigabilidad. Eso aunado al hecho de que su mamá no oculta su interés por el nuevo hombre en sus vidas.

El día del funeral, India ve y escucha a su tío hablando con el ama de llaves que ha trabajado para la familia por generaciones. Al día siguiente, la señora no aparece y no vuelve jamás. El mismo destino le espera a la tía Gwendolyn, quien intenta sin éxito quedarse de visita con la familia después de una incómoda cena.

Para este punto se nos revela lo que veníamos adivinando. Pero la esencia de este thriller no radica en el qué pasa, sino en descubrir el porqué pasa. Es decir, no le apuesta todo a escenas con música que altera los nervios, ni a mostrar violencia sólo para hacernos reaccionar. Más bien nos hace esperar por respuestas, y mientras esperamos nos entrega pistas.

La historia está claramente influenciada por la novela de Bram Stoker, más allá de usar el apellido como una especie de homenaje. Sin embargo, no es de vampiros per se. Focaliza los temas tocados por aquel autor, como la muerte y la sexualidad, sin el elemento fantástico.

La dirección es de Chan-wook Park, el aclamado director surcoreano que hace unos años dirigió y escribió Thirst. Una película que sí es de vampiros y que le valió el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2009. El guión es de –quién lo diría– Wentworth Miller, uno de los protagonistas de la serie Prison Break.

En cuanto a la estética, es la de moda: colores que parecen sacados de una vieja fotografía Polaroid y objetos de otras décadas en óptimas condiciones. Los simbolismos son los que resultan más interesantes al final de cuentas.

La elección de Nicole Kidman es claramente una de mercado. No es que esté juzgando el asunto, pero por lo mismo no entraré en detalles y porque francamente tampoco hay mucho que discutir. De regreso a Wasikowska, tal vez estos papeles durarán lo que le dure la apariencia de adolescente. Después de todo, sí ha estado experimentando y ésta sea solamente una primera etapa en su carrera.

En lo que a este proyecto se refiere, sin duda es refrescante ver un enfoque, o mejor dicho, un desarrollo diferente que se desprende de la tan manoseada obra sobre el conde que vivía en Transilvania. Puntos extra.

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