Tus Dos Muertos: La Justicia es un privilegio

El cine mexicano pocas veces se permite abrazar el género sin complejos. Por eso resulta particularmente refrescante encontrarnos con Tus dos muertos, un thriller policiaco y psicológico, oscuro y profundamente mexicano, que no necesita mirar hacia Hollywood para encontrar una historia de intriga, corrupción y personajes moralmente ambiguos. Daniel Castro Zimbrón entrega una película de género sólida, sobria y, sobre todo, bien escrita.

Tus dos muertos sigue a Cipriano Zuzunaga, un comandante de la policía judicial venido a menos, sumido en la depresión y convertido en una sombra del hombre que alguna vez fue. Su rutina consiste ahora en recolectar cuotas entre pobladores, empresarios y delincuentes de poca monta de Fresno, una labor que le ha ganado el desprecio y la desconfianza de prácticamente todos a su alrededor. Pero una oportunidad de recuperar algo del prestigio perdido aparece cuando recibe el encargo de investigar el secuestro del hijo no reconocido de Manrique, un poderoso diputado que está a punto de convertirse en candidato a la Presidencia.

Lo que inicialmente parece un caso más pronto revela capas mucho más profundas. Mientras Zuzunaga conduce una investigación paralela a la de la propia policía judicial, el caso lo obliga a enfrentarse no sólo con los fantasmas de quienes lo rodean, sino con los propios: una relación destruida con su hija Leslie, un padre parapléjico que durante su infancia ejerció violencia física contra él y la certeza de que su presente es tan desolador como su futuro parece inexistente.

Es precisamente en la construcción de su protagonista donde “Tus dos muertos” encuentra su mayor fortaleza. Cipriano no es un héroe ni pretende serlo. Es un hombre profundamente herido, corrupto, resentido y contradictorio que, sin embargo, conserva la necesidad de recuperar aquello que alguna vez fue. Su investigación se convierte así en una especie de último intento de redención, aunque nunca queda del todo claro si busca hacer justicia o simplemente volver a sentirse importante.

La escritura es particularmente inteligente al mantenerlo siempre en esa zona gris. Castro Zimbrón no busca justificar las acciones de su personaje, pero tampoco lo condena. Lo observa. Lo deja actuar y permite que seamos nosotros quienes construyamos el juicio moral. Y mientras más conocemos a Cipriano, más difícil resulta separar al hombre de sus circunstancias.

Gerardo Trejoluna ofrece aquí un trabajo extraordinario. Su interpretación no depende de grandes despliegues, sino de pequeños gestos, silencios y miradas que revelan los constantes altibajos mentales de un personaje que parece estar siempre a punto de quebrarse. Trejoluna consigue encarnar sus claroscuros y sostener esa ambigüedad moral durante todo el metraje, convirtiendo a Cipriano en el centro absoluto de la película. El resto del reparto está igualmente a la altura. Incluso en participaciones breves, Roberto Sosa, Myriam Bravo, Juan Daniel García Treviño y Brontis Jodorowsky construyen personajes intensos, capaces de enriquecer el universo que rodea al protagonista. Quizá uno de los pocos puntos débiles se encuentra precisamente ahí: algunos personajes secundarios, particularmente Amarilla y Tamara, parecen merecer mayor desarrollo, pues la película apenas alcanza a explorar todo lo que sus historias podrían aportar.

Pero “Tus dos muertos” no sólo funciona por su escritura y actuaciones. Claudia Becerril construye desde la fotografía una propuesta visual que abraza la oscuridad desde el primer momento. Los encuadres, movimientos de cámara y composición no funcionan únicamente como elementos estéticos, sino que profundizan en el estado emocional de los personajes y en ese universo asfixiante por el que transitan. A ello se suman un diseño sonoro y un diseño de producción particularmente cuidados, mientras que la música de Paloma Peñarrubia complementa la atmósfera sin intentar imponerse sobre ella. Cada elemento técnico parece estar al servicio de una misma intención: sumergirnos en un mundo donde prácticamente todos tienen algo que ocultar.

Castro Zimbrón demuestra además una evolución evidente respecto a “Las Tinieblas”. El director retoma algunos de los elementos que ya funcionaban en aquella película y aprende de sus tropiezos para construir ahora una narrativa mucho más precisa y equilibrada. Como guionista —adaptando en esta ocasión la novela de Jorge Alberto Gudiño— demuestra un notable dominio de la estructura y, sobre todo, una capacidad para desarrollar un personaje complejo sin perder nunca de vista el misterio que mueve la trama.

Pero debajo del thriller existe una lectura todavía más incómoda. “Tus dos muertos” retrata una sociedad en la que la justicia no parece ser un derecho universal, sino un privilegio determinado por el dinero, las relaciones y la posición social. El caso del hijo del diputado merece atención inmediata porque pertenece a alguien importante; mientras tanto, otros personajes parecen condenados a vivir y morir en los márgenes de un sistema que ni siquiera los considera, incluso cuando han sido secuestrados junto con este.

La investigación de Cipriano termina revelando, entonces, algo más que un crimen. Revela las distintas velocidades con las que funciona la justicia dependiendo de quién sea la víctima, quién sea el responsable y cuánto poder tenga cada involucrado. Y en ese sentido, el caso particular termina convirtiéndose en el reflejo de un problema mucho más amplio.

Es verdaderamente refrescante encontrar en cartelera una propuesta mexicana que se atreva con el género y que lo haga sin complejos. Tus dos muertos demuestra que el cine nacional puede construir thrillers oscuros, maduros y técnicamente impecables, capaces de competir en términos narrativos con cualquier producción internacional sin necesidad de imitarla. Una película de personajes antes que de respuestas, de atmósferas antes que de artificios y de preguntas incómodas antes que de juicios sencillos. Un thriller que encuentra en la investigación de un crimen la excusa perfecta para investigar algo mucho más perturbador: las heridas de un hombre y las de una sociedad que parece haber aprendido a convivir con ellas.

“Tus dos muertos” formó parte de la 79.ª Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional y llega a salas este 20 de agosto.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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