Un hijo propio: La no ficción de la maternidad

El 17 de junio de 2009, una mujer de nombre Alejandra Marín salió de un hospital de la Ciudad de México cargando una bolsa de regalo con una recién nacida. Detrás de esta acción se encontraba uno de los casos más estremecedores: la mujer había fingido un embarazo, mintiéndoles a familiares y a su pareja. De acuerdo con su versión, había llegado a un acuerdo con Mayra (la mamá de la niña) para quedársela.

La directora Maite Alberdi (El agente topo, La memoria infinita), con su experiencia en el género documental, ha decidido contar esta historia en Un hijo propio, sabiendo perfectamente que, al ser un caso sensible, para no deslegitimar ninguna de las versiones (y, por supuesto, la visión de su protagonista, Alejandra), se apega más al género de la no ficción, recreando la versión de Ale en el primer acto.

Durante el baby shower de Ale, ella comenta que se siente como una especie de sueño, pero a la vez como una pesadilla en la que le gustaría que alguien reventara “el globo de mentiras”. Esta es la representación de estas emociones, pues la fotografía construye un ambiente superficial y colorido, con muchos close-ups, así como lugares cerrados o en forma de laberinto, para establecer la incomodidad de la protagonista.

A nivel guion, de manera sencilla, Un hijo propio muestra la presión que vivió Alejandra para convertirse en madre, haciendo hincapié en sus tres ambientes principales: su madre y su familia, quienes, desde su visión, parecían concebirla como incompleta sin un hijo; su esposo, que varias veces recalcó que no quería buscar la adopción y que, por temor a que la dejara, buscó embarazarse; y la familia de su marido, quienes, a través de la pasivo-agresividad, la culpaban de no poder quedar encinta, buscando además la aprobación de una suegra que la detestaba.

Toda esta presión social y el peso psicológico de haber perdido a tres bebés durante la gestación forman parte del contexto que precedió a sus actos por los cuales quedó en prisión durante 13 años. Alberdi, con estos elementos, añade una capa de empatía, especialmente en un tema delicado como la maternidad, donde incluso en sitios como LATAM, con raíces aún conservadoras, se sigue asociando el valor de una mujer con ejercer este momento de su vida, cuando es una perspectiva equívoca, pues la maternidad no es el todo de la feminidad y la familia puede tener otra clase de concepciones más allá de la clásica figura (madre, padre e hijo).

Aunque Alberdi pudo haberse quedado en el aspecto del primer acto, a la mitad del relato brinca al aspecto documental, mostrando la complejidad de la realidad ante cualquier ficción, usando elementos clásicos (entrevistas, videotapes) con mucha naturalidad y, por supuesto, mostrando la contraparte (el relato de Mayra), contrarrestando la versión de Alejandra, quitándole cualquier dejo de absolutismo y mostrando sutilmente las bisagras de su historia, sin faltar nunca al respeto a la protagonista ni mostrándola como un monstruo, sin tomar postura por ninguna de las versiones.

De esta manera, Maite logra mantenerse en la raya de la realidad y el respeto con bastante humanismo, porque al final lo que no está en tela de juicio en cuanto a verosimilitud son las circunstancias y presiones de lo que rodeaba a Alejandra. La versión de lo ocurrido es lo que parece no quedar tan claro y quizás dependerá del cristal con que se mire. Para eso, la directora, en su propuesta, plantea dos relatos escuchando ambas perspectivas.

Si bien Maite tiene otro trabajo impecable, uno de sus mayores defectos se encuentra en el relato ficcional, que principalmente al inicio se siente algo acartonado. Como observamos en la inconsistente “El lugar de la otra”, la ficción es un terreno en el cual a la chilena aún le cuesta trabajo desenvolverse y que no comienza a brillar hasta el clímax y final del primer acto. Un síntoma típico que les pasa a los genios del documental al brincar a la ficción.

  • Guion: 2.9
  • Dirección: 2.8
  • Actuaciones: 1.5
  • Extras: 0.5

Calificación: 7.7

A pesar de sus inconsistencias y de que está lejos de ser su mejor película, Maite crea una no ficción interesante sobre cómo las mujeres aún siguen sufriendo por las expectativas sociales y cómo intentar cumplir estos moldes puede terminar por afectarles. La mezcla de ficción y realidad es también un recordatorio de cómo la ilusión puede ser reventada por los hechos tangibles.

En manos de cualquier otro documentalista, Un hijo propio hubiera sido otra cinta genérica de true crime al estilo Netflix o cable básico; en manos de Maite, adquiere un toque empático, humano y comprensivo, sin dejar de escuchar todas las versiones de este caótico suceso. En una época donde el sensacionalismo, el morbo y la polarización son la moneda de cambio para vender contenido y conseguir views y likes, se necesita más gente con el pincel y la sensibilidad de Alberdi.

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Acerca del autor

El Cine Actuario   @maxpower_ar?s=09   facebook.com/dvclocblog

Actuario/Economista, Amante del Cine, Devoto de Dios, Intuitivo, Curioso, Rockero de corazón, Fanático de los Libros y del deporte de las tacleadas, quesero, colchonero, diablo rojo. "Las estadísticas son la forma en que las matemáticas cuentan las historias" "El arte es una ciencia y el trabajo del critico al igual que el del investigador es exponer sus axiomas y teoremas al mundo" "Estar de acuerdo, en no estar en desacuerdo es saludable"


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