Cannes 2026: ¿Fatherland será la ganadora de la Palma de Oro?
Hay pocas ocasiones en las que de manera unánime, tanto la crítica como el público y al parecer también el jurado, se han desvivido en alabanzas a una cinta, y peculiarmente en apenas el segundo día dentro de competencia. El regreso a la dirección del polaco Pawel Pawlikowski (tras 8 años de ausencia) ha sido tal y como se esperaba, todo un acontecimiento fílmico con “Fatherland”, que narra la resquebrajada relación entre el escritor ganador del Premio Nobel Thomas Mann y su hija, una actriz y escritora, mientras viajan en auto por toda la Alemania destruida y ocupada por los aliados y rusos.

Con Fatherland, Pawlikowski hace una especie de metanarración y homenaje a la obra más conocida de Thomas Mann, Muerte en Venecia, solo que aquí la introspección psicológica y de índole paternofilial se ve trasladada a la Alemania de la Guerra Fría, en donde el polaco no solo lleva a cabo otro manifiesto de perdón y redención hacía con la Guerra, sino que también explora la identidad familiar desde el sentimiento más profundo de la culpa, logrando que de estos dos seres y su “road trip” por las cenizas ocupadas y divididas de su nación, se encause una catarsis cuasi terapéutica y de un alto nivel narrativo. En realidad, Fatherland es puro CINE, una sofisticada y dinámica película de apenas 80 minutos que logra contener todo su mensaje y que además cuenta con otra majestuosa actuación de Sandra Huller ¿Será que alguien se interponga entre Pawel y la Palma de Oro? Sin duda estamos YA ante la gran favorita del certamen.

De lo que estamos seguros es que al menos las Historias Paralelas de Asghar Farhadi no representará ningún peligro para Pawel. El iraní en su segundo largometraje francés vuelve a decepcionar, teniendo como fuente de origen la legendaria serie de televisión de Kieslowski, Dekalog, y condensando dicha historia en un largometraje forzado y superficial de poco más de dos horas que solo confirman algo que ya se venía manejando desde el temporal “retiro” del director, acusado de robarse los guiones de sus alumnos: y eso es que quizá Farhadi no sea tan bueno después de todo. Lo irónico es que en la historia de una escritora que, espiando a sus vecinos, quiere encontrar inspiración, Farhadi no tiene un carajo de ella, basicamente navegando entre sketches de largo diálogo y poca profundidad, y dando vuelta de manera paralela tanto a la escritora como su banal conflicto. Una gigante decepción que se salva por sus momentos histriónicos a cargo de Efira, Deneuve y Huppert

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