Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes

Durante años hemos cuestionado que las salas de cine se conviertan en espacios para proyectar conciertos o transmitir eventos deportivos, mientras numerosas propuestas nacionales e internacionales, algunas con mucha mayor ambición artística, luchan por encontrar espacios de exhibición. La respuesta parece evidente: los complejos cinematográficos y las cadenas de distribución han encontrado en estos eventos una veta comercial que les permite generar recursos y sostener su operación y, siendo justos, también hay un argumento a favor del espectador: llevar conciertos a las salas permite acceder a presentaciones que muchos no tuvieron oportunidad de presenciar, ya sea por la distancia, el costo de las entradas o, como sucede en este caso, porque ocurrieron décadas antes de que siquiera pudiéramos pensar en asistir a ellas.

Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes no sólo nos traslada a aquel mítico concierto de 1990, probablemente una de las presentaciones más importantes en la carrera de Juan Gabriel, sino también a uno de los acontecimientos más significativos en la historia reciente del recinto cultural más emblemático de nuestro país.

Y las emociones siguen intactas.

Resulta prácticamente imposible permanecer indiferente ante la energía que Juan Gabriel desprende desde el escenario y que, ahora, se reproduce dentro de la sala. El espectador más serio, parco o introvertido difícilmente podrá permanecer impávido: tarde o temprano aparecerán las ganas de cantar, aplaudir, levantarse de la butaca y dejar que la música haga lo suyo.

Pero además del espectáculo, esta exhibición tiene un importante valor documental. A la presentación se suma material de los ensayos previos al concierto, fragmentos que permiten apreciar la preparación detrás del evento y, particularmente, la extraordinaria conexión que Juan Gabriel estableció con los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional. No estamos únicamente ante el registro de un concierto: estamos ante un documento de una época y de un momento irrepetible de nuestra cultura popular.

Con motivo del 10.º aniversario luctuoso de Juan Gabriel, Sony Music, Cinemex y Dolby unen esfuerzos para celebrar la vida y obra del Divo de Juárez y, al mismo tiempo, poner este concierto al alcance de nuevas generaciones.

La experiencia se beneficia además de un sonido remasterizado y envolvente que permite disfrutar la participación de la Sinfónica Nacional, el Mariachi y el Coro de Bellas Artes con una nitidez que potencia la experiencia. El resultado es una oportunidad poco común para hacer precisamente aquello que, en ocasiones, olvidamos que también puede ofrecer el cine: desconectarnos del mundo y disfrutar colectivamente de un espectáculo.

Cantar. Bailar. Aplaudir. Emocionarnos. Y, por supuesto, ¿por qué no?, jotear a gusto. Porque si algo demuestra Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes es que el cine no tiene que limitarse a contarnos historias. También puede convertirse en un espacio para vivir experiencias, y pocas de estas pueden ser tan mexicanas, tan catárticas y tan disfrutables como pasar una noche en compañía de Juan Gabriel.

El cine también es experiencia. Y esta, definitivamente, merece vivirse en pantalla grande.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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