Las Mejores Películas de Chishu Ryu

Si Kurosawa tenía a Toshiro Mifune y Kobayashi tenía a Tatsuya Nakadai, Ozu tenía a Chishu Ryu. Nacido el 13 de mayo de 1905 en Tamana, se esperaba que heredara el rol de sacerdocio de su padre al terminar la escuela, pero prefirió optar por dejar la universidad para entrar en la academia de actuación de la empresa Shochiku. Aunque en sus primeros años sólo obtuvo papeles menores (muchas veces sin ser acreditado), todo cambiaría cuando el director Yasujiro Ozu se fijó en él y le dio sus primeras oportunidades, de ahí que comenzó a obtener papeles importantes en películas de otros directores. Sería inamovible en la obra de Ozu, apareciendo en 52 de sus 54 películas, siempre con un papel fijo, no importando si era principal, secundario o un mero cameo, y a menudo en el rol de figura paterna.

No obstante, el fallecimiento de quien fuera su principal socio (y en muchas formas su mejor amigo) causó que su presencia en pantalla disminuyera con los años, y si bien siguió trabajando hasta el final, tendría apariciones cada vez más esporádicas y roles de menor importancia al servicio de otros directores. Conocido por su característico acento rural, fallecería el 16 de marzo de 1997 a los 88 años. Le concedemos su reconocimiento merecido con sus mejores películas

 

15 – Sueños (Kurosawa, 1990)

POR EL FETT

Kurosawa se materializaría en un solo hombre con ocho relatos, ocho cortos, ocho cuentos surreales, que no solo significan literales viajes oníricos extraídos de sus sueños, sino que también delimitan su testamento artístico, espiritual e ideológico sobre la evolución de la sociedad japonesa a través de un siglo, del que Kurosawa no solo fue un testigo activo, sino también un historiados y comunicador de este desde su temprana etapa como periodista. Al igual que su próxima película, su narración reflexiva y compuesta de metáforas, exhiben a un artista en completo entendimiento de su próxima partida, erigiendo sobre esta dos testimoniales fílmicos de alta honestidad y complejidad.

 

14 – Barba Roja (Kurosawa, 1965)

POR EL FETT

La conexión emocional que logra Kurosawa en este poético drama de conversión humanista es casi inclasificable debido a la magistral interacción actoral a partir del mejor desempeño de Toshiro Mifune, su compañero de aventuras que, alejado del personaje samurái (en donde se mostraba gritón y para la percepción del occidente, sobreactuado), y enfundando en la bata de un doctor filantrópico, estricto y compasivo a cargo de una clínica de muy bajos recursos, conmueve a toda la audiencia. La conversión se dará de parte de su aprendiz, un recién egresado de medicina decepcionado por haber sido despechado a tal hoyo en el mundo. El choque de clases sociales, ideologías y técnicas, así como la inclusión de pintorescos personajes, hacen a esta evolución personal un ágil festín narrativo

 

13 – El Hijo Único (Ozu, 1936)

POR URIEL SALVADOR

Desde su trágica frase inicial y su conmovedora banda sonora, su primera película sonora retrata en poco tiempo y con una sencillez envidiable varias cuestiones relacionadas a la ética. Yasujiro Ozu es contundente mostrando la pobreza causada por la industrialización y aclara que el amor de familia nunca se compensa, denotado en el eterno amor de una madre hacia su hijo, aferrada a la esperanza de que las cosas pueden mejorar, aunque el panorama indique lo contrario. Una profunda reflexión acerca de muchas duras verdades sobre las expectativas familiares, donde Chishu Ryu obtiene su primer papel importante con el director como el maestro en las primeras escenas.

 

12 – El Sabor del Té Verde con Arroz (Ozu, 1952)

POR URIEL SALVADOR

Un melodrama puro y duro con algunos toques sutiles de humor para suavizar el contraste de la perspectiva matrimonial y el cansancio del amor causado por la abstinencia y falta de comunicación. Los pasillos de la casa vacía simbolizan la soledad en la que se las preocupaciones se quedan si no se resuelven, y aunque el conflicto principal tarda en llegar, Yasujiro Ozu introduce momentos de llanto y reconciliación, confesiones sentidas y desgarradas ante la pronta despedida por trabajo. Se echa en falta la emotividad de sus otras obras (que sólo se asoma en los últimos minutos), pero el mismo título es un exquisito retrato del perdón marital, algo tan sencillamente romántico como una cena para dos.

 

11 – Flores de Equinoccio (Ozu,1958)

POR URIEL SALVADOR

Su primera película a color muestra el duelo entre modernidad y tradición con la preocupación y temor de un padre hacia el deseo de su hija mayor de contraer matrimonio. Mientras las nuevas generaciones reclaman el derecho a tener voz propia y a tomar sus propias decisiones, los mayores siguen anclados a las tradiciones, y aunque han adaptado algunas costumbres occidentales, hay aspectos que siguen demasiado arraigados para alterarse. Con un cuidadoso juego de observación, Yasujiro Ozu muestra la adaptación en las tradiciones, el gradual rompimiento de la sociedad patriarcal y que los cambios generacionales se dan e inculcan con respeto.

 

10 – El Comienzo del Verano (Ozu, 1951)

POR URIEL SALVADOR

La más débil de la trilogía Noriko por la repetición de temáticas, pero Yasujiro Ozu refleja el choque cultural con pequeños detalles al fondo, el sake y la Coca-Cola conviven, y la armonía resultante conforma la nueva sociedad de una nación en busca de su remodelación material y moral. Asimismo, se anima a mover la cámara un poquito para mostrar el colapso entre tradición y modernidad a través de diálogos punzantes que revelan la disparidad de opinión, causando la tristeza, la amargura y la contrariedad de la familia. También destaca la forma en la que compara el matrimonio con la cosecha de cebada en un específico punto de una estación del año.

 

9 – Primavera Precoz (Ozu, 1956)

POR URIEL SALVADOR

La última película de Yasujiro Ozu con el matrimonio como el tema principal aborda el desafío que implica formar una familia y hacerla prosperar después de pasar por tiempos difíciles dentro de una nación que intenta recuperar su identidad destruida a través de un neoliberalismo sin alma. Unos se felicitan por ser asalariados, otros tienen problemas económicos graves, pero todos añoran un pasado que seguramente fue mejor y que ya no existe por el fantasma de la posguerra, el yugo de la vida urbana y el aburrimiento del trabajo. Establece que la miseria humana comienza por una infidelidad esperada, ambigua y fatalmente honesta.

 

8 – Historia de un Vecindario/Memorias de un Inquilino (Ozu, 1947) 

POR URIEL SALVADOR

El regreso de Yasujiro Ozu tras la Segunda Guerra Mundial es una especie de homenaje a Charles Dickens al retratar la cruda existencia de quienes perduraron al conflicto con humildad, estoica resignación e incluso humor. Apelando a la sensibilidad sin caer en el sentimentalismo, permite la unión de sus protagonistas mediante un afecto cercano al amor materno basado en la comprensión, la aceptación de la ausencia y las ironías del destino. Culminando con un discurso demoledor sobre el peligro del egoísmo individual y la necesidad del mutuo apoyo, Chishu Ryu da uno de los instantes más recordados de su carrera al cantar en la cena de los vecinos.

 

7 – Los canallas duermen en paz (Kurosawa, 1960)

POR EL FETT

Un claro segundo noir de Kurosawa, y otras de sus joyas menos conocidas, pero igual de resplandecientes. El más perspicaz podrá encontrar varios libres pasajes de otra obra shakesperiana, Hamlet, sin embargo, su verdadera resonancia radica en la actualización del valor de la justicia, enmarcada en una venganza de índole social, como si se tratara de un “ronin” moderno atrapado en una cinta del cine negro. Maravillosa y repleta de ricas e interesantes matices sociales muy propias de la época, Kurosawa también repara sobre la opresión y corrupción corporativa, otro de los temas que gustaba de narrar, cuando estos estos eran un propio reflejo de la maldad humana. En una de sus pocas colaboraciones ajenas a Ozu, Chishu Ryu funge como el principal fiscal en cuestión.

 

6 – Otoño Tardío (Ozu, 1960)

POR URIEL SALVADOR

Una especie de cuarta entrega de la trilogía Noriko en la que Yasujiro Ozu cierra ciclos al variar un poco su fórmula sobre las relaciones familiares y la negativa al matrimonio con una que otra novedad como la participación de un grupo de amigos celestinos. Esta vez, muestra la perspectiva femenina hacia una sociedad japonesa donde los roles van modificándose y dan paso a situaciones con dosis sutiles de humor alrededor de la cotidianeidad. En compañía de Mariko Okada, Setsuko Hara ilumina la pantalla con su sonrisa y expresivo rostro, tomando el rol dejado por Chishu Ryu con sencillez y ligereza, como si aquella Noriko ahora lidiara con la soledad que antes enfrentó su padre.

 

5 – Crepúsculo de Tokio (Yasujiro Ozu,1957)

POR EL CINE ACTUARIO

El relato de una familia compuesta de dos mujeres; una que ha tenido una aventura y está embarazada, otra que ha abandonado a su marido, añadiendo un padre abandonado por su esposa se convierte en un pretexto para que Ozu resalta la importancia de la figura materna; todo el dolor, soledad, silencio es plasmado en pantalla a través de planos tan estéticos, hasta que el regreso de la madre genera un cambio en el ambiente a nivel narrativo y de ejecución, rompiendo esa monotonía emocional. Con una cámara correcta Ozu recrea un retrato de la soledad, y termina por ser un cuestionamiento de los estereotipos de los roles sociales familiares. Por supuesto, Chishu Ryu funge como la figura paterna en este conflicto.

 

4 – El Sabor del Sake (Ozu, 1962)

POR URIEL SALVADOR

La mayor prueba de la maestría de Yasujiro Ozu es que, siendo su último trabajo un remake a color de una de sus mejores obras, tiene suficientes cambios para ser su propia historia. El abrumo de la nostalgia está presente en cada imagen, el alcohol toma el protagonismo en todas sus variantes porque hace más llevaderas las penas que cargan todos los hombres: sus esposas presentes o fallecidas, sus hijos e hijas, el enviudar, el trabajo, el matrimonio, sus perspectivas de pronta paternidad, el dolor que significa envejecer y la soledad como la gran compañera de dicha etapa, sabiendo que lo mejor de la vida se ha ido para no regresar jamás. Una más que digna despedida para el maestro que, como no podía ser de otra, tiene a Chishu Ryu en su habitual papel paternal.

 

3 – Primavera Tardía (Ozu, 1949)

POR URIEL SALVADOR

Este drama familiar habla con nostalgia de los tiempos pasados, de la adaptación de las antiguas costumbres de una sociedad japonesa postguerra herida y derrotada a la modernidad. Muchas cosas no serán como antes, pero es necesario cambiar si quieren perdurar. La relación paternofilial entre Chishu Ryu y Setsuko Hara deja entrever cierta crítica social al matrimonio, pero da a entender que así es la ley de la vida, que los hijos deben abandonar el nido y crear sus propias familias. Una joya en la que Yasujiro Ozu capta la eterna preocupación de los padres por sus hijos y el creciente dominio de la cultura estadounidense en el estilo de vida japonés.

 

2 – Había un Padre (Ozu, 1942)

POR URIEL SALVADOR

Una historia atípica para Yasujiro Ozu, no porque rompa moldes o salga de su esquema narrativo, sino porque utiliza las elipsis para acelerar el tiempo y notar cómo la ausencia paternal causada por el trabajo va calando en el hijo. Pero a la vez, el niño acepta con tristeza las decisiones que los separan indefinidamente, y aunque tiene razones para enfadarse, cuando crece no hay rebeldía o rencor, sino mucho amor por el hombre que lo abandonó, esperando el día de reunirse con él y al fin vivir juntos. Junto a la majestuosa actuación de Chishu Ryu, es un análisis sobre entender el sacrificio que un padre hace por sus hijos todos los días para que seamos mejores que él.

 

1 – Cuento de Tokio (Ozu, 1953)

POR EL CINE ACTUARIO

Experto en excavar en los temas familiares, a través de la historia de la relación de Noriko y sus suegros, Ozu crea un relato tan natural acerca de las vicisitudes de la vejez y de cómo es ignorada en mucho de las casos, no por una cuestión gerontofobia, sino que las mismas ocupaciones de la cotidianidad lo establecen, siendo el reflejo de una dinámica social post Segunda Guerra Mundial que aún existe en el Siglo XXI, con su estilo parsimonioso Ozu demuestra que en Tokio hay millones de ancianos ignorados por su familias. Chishu Ryu se consolida en la historia del cine con el rol más conocido de su carrera: el abuelo y líder de la familia Hirayama.

 

 

Etiquetas:  

Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*