Películas para ver con Papá: Abel y Mr. Pig de Diego Luna       

Parece que Diego Luna, el charolastra convertido en una promesa de la dirección fílmica mexicana, ha decidido centrar su obra en el tema paternalista ¿Será esto coincidencia o consecuencia? Si nos remontamos un poco al pasado intimista de Diego Dionisio Luna Alexander, podremos conocer que por desgracia su madre, la diseñadora británica de vestuario Fiona Alexander, falleció cuando Diego solo tenía 2 años, por lo cual su padre, el famoso escenógrafo de teatro Alejandro Luna, se encargó de su educación, inculcándole desde muy joven el amor por las artes escénicas

¿Presión paternal? ¿Sobre cuidados? ¿Abandonos prolongados de la figura masculina? Meras suposiciones vivenciales en lo que supone ser una fructífera y normal relación entre padre – hijo, pero indudablemente una influencia estructural para la narrativa fílmica que el antes actor, ahora (mucho) mejor director, se ha dedicado a desarrollar mediante el primer y último de sus largometrajes.

Primero fue Abel, un cuento infantil con complejo mensaje adulto que comienza a denotar los elementos que Luna gustará desarrollar en su filmografía; dentro del tema de la inmigración y de la ausencia de la figura paterna dentro la estructura familiar, el niño mayor de un matrimonio de clase baja, de apenas 10 años aproximados, comienza a tomar de manera literal el papel del padre. Si bien Luna sutilmente instruye a la audiencia sobre el cómo nuestro entrañable protagonista Abel sufre de un trastorno mental, el narrador no quita el dedo del renglón en cuanto al trauma principal por tratar, desenvolviendo el conflicto hasta la llegada del verdadero papá mexicano, un arquetipo de lo más corriente y divertido interpretado por José María Yazpik, y al cual el niño Abel ya no reconoce como tal, dándose una confrontación  dentro de esta falta de educación y salud mental que tendrá sus obvias consecuencias.

Luna demuestra con Abel que no solo es un buen director actoral (sobre todo con los niños), sino también un ágil cuenta cuentos muy cercano a la idiosincrasia de aquel cine mexicano en su época de oro, llena de dramatismo pero con toques de humor idóneos que sopesan y sobrellevan el tormento social y familiar, en este caso centrado en una familia que dentro de su gran química, son controlados por el trastorno mental de un niño. Al final es interesante como el director maneja esa doble comunicación y delgada línea entre la demencia y el trauma, causas y consecuencias del mismo abandono patriarcal.

Pasando después por su relato de heroísmo inmigrante y de lucha por los derechos raciales (una muy sobrevalorada César Chávez), Luna volvería al tema paternal de la mano del gobierno de Guadalajara y el patrocinio de su tercer largometraje a consta de hacer a este también un panfleto turístico de las carreteras, costas y la capital del estado de Jalisco.

Arreglo o no, Luna sortea bien dicho obstáculo promocional para encausar su hasta ahora mejor y más redonda obra, de nuevo centrada y mejorada alrededor de la figura paterna y apoyada ahora en el protagonismo de Danny Glover: Mr. Pig.

Una road movie de dos ejes: el primero, la odisea de un criador por dejar su último cerdo, amigo y semental, a una granja mexicana para que ahí procreé y sea cuidado por el hijo de su antiguo socio (De nuevo un José María Yazpik excelente, sin duda uno de los actores mexicanos más desperdiciados); en segundo lugar, la redención de este mismo hombre al reencontrarse en la carretera con su hija, figura en la que de nuevo se denotan los elementos narrativos del abandono y donde ahora Luna parece prescindir de cualquier esbozo humorístico para explayar una conmovedora unión entre los 3 personajes: padre, hija y cerdo, esta última figura con dos significados, la del hijo adoptivo (hermanastro) y retrato del mismo patriarca.

Luna no busca la lágrima fácil, pero si la espontaneidad sentimental mediante diálogos y actitudes concisas que muevan esas fibras sensibles y esos “daddy issues” entre su audiencia; sabe convertir su desventaja (el encargo gubernamental) en un valor agregado cuando dicta que su trio protagonista será objeto de una aventura, de una misión, de un motivo que los llevará sutilmente a la remodelación de ese vínculo de manera natural y que, bajo la excepcional química entre Glover y Maya Rudolph, para su acto final es casi un espectador más de una fluidez emocional y catártica que servirán incluso como terapia para este tipo de comunes relaciones.

Una de nuevo excelente cinta que ha significado en los últimos año, una de las mejores piezas del moribundo cine mexicano.

Etiquetas:  

Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*